09 Enero 2004
Si se recurriera a la experiencia de los últimos años, la superficie a sembrarse en Tucumán con maíz durante la presente campaña tendría que estar entre las 25.000 y 30.000 hectáreas, cifra que dista mucho de los valores ideales de siembra de esta gramínea para la provincia, señaló a LA GACETA Rural, Mario Devani, de la sección Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc).
Actualmente, la siembra está un poco retrasada básicamente porque la escasez de precipitaciones impidió que los suelos tengan la humedad adecuada requerida para el nacimiento de las simientes. Pero debe aclararse que en la provincia generalmente la siembra de maíz comienza cuando finaliza la de soja y como la de la oleaginosa viene muy retrasada, también por la falta de agua, llevó a que la siembra de maíz se encuentre demorada.
El especialista aclaró que a pesar del retraso en el avance de la siembra del maíz, aún hay tiempo para esta labor ya que para la región se recomienda la siembra entre el 15 de diciembre y los primeros días de enero.
Por su parte el técnico Daniel Gamboa, de la EEAOC sostuvo que la incorporación de tecnología llevó a que en los últimos años en la provincia prácticamente se siembren híbridos comerciales de diferentes compañías privadas, que tienen una gran adaptación a las condiciones agroecológicas de la provincia. Entre los híbridos más utilizados en Tucumán, podemos mencionar al Avant, Dk 834 y DK 834 MG, DK 842, D 8480 y P 3041 entre otros, quienes demostraron ser los mejores, sostuvo Gamboa.
En la provincia se calcula que la superficie a sembrar con soja durante la presente campaña podría llegar a las 230.000 hectáreas, lo que muestra un gran avance de este cultivo sobre el maíz, el poroto, el sorgo y otros cultivos estivales de la región.
Este avance que en gran parte está dado por los buenos precios de la soja a nivel internacional, está llevando a que los productores dejen de lado la práctica de la rotación como una herramienta mejoradora de suelos lo que seguramente traerá aparejado en un futuro graves problemas para la soja y sobre todo en lo referente al manejo de las enfermedades.
Lo ideal sería que sobre el total de la superficie con soja por lo menos se rote un 30 % del área a sembrar, dependiendo estos valores del tipo de suelo, de la humedad, del tipo de manejo, etc. No obstante, en las zonas marginales, con suelos y climas más pobres, el porcentaje de rotación debería ser mayor. Es así que en el Este tucumano, donde hay muchos campos deteriorados, se debería sembrar un año soja y al año siguiente maíz, es decir con rotaciones del 50% de la superficie.
Lo que sí está demostrado es que una soja que viene de maíz ve incrementado sus rendimientos en por lo menos 300 kilogramos por hectárea, por el sólo hecho de rotar. Este incremento en los rindes por unidad de superficie se manifiesta claramente durante el primer año de soja y un poco menos en el segundo año posterior a la rotación con maíz.
"Además de demostrar esta ventaja en el incremento de los rendimientos, podemos decir que la rotación con maíz permite que los campos acumulen un mayor rastrojo en superficie; mejore la estructura del suelo al influir directamente el rastrojo en las mejoras de las condiciones físicas del suelo; favorece la infiltración del agua de lluvia y permite una menor incidencia de plagas y malezas dañinas para la oleaginosa", remarcó Devani.
Finalmente, sostuvo que la rotación permite un mejor balance del carbono en el suelo lo que favorece en el tiempo una mayor formación de materia orgánica.
Actualmente, la siembra está un poco retrasada básicamente porque la escasez de precipitaciones impidió que los suelos tengan la humedad adecuada requerida para el nacimiento de las simientes. Pero debe aclararse que en la provincia generalmente la siembra de maíz comienza cuando finaliza la de soja y como la de la oleaginosa viene muy retrasada, también por la falta de agua, llevó a que la siembra de maíz se encuentre demorada.
El especialista aclaró que a pesar del retraso en el avance de la siembra del maíz, aún hay tiempo para esta labor ya que para la región se recomienda la siembra entre el 15 de diciembre y los primeros días de enero.
Por su parte el técnico Daniel Gamboa, de la EEAOC sostuvo que la incorporación de tecnología llevó a que en los últimos años en la provincia prácticamente se siembren híbridos comerciales de diferentes compañías privadas, que tienen una gran adaptación a las condiciones agroecológicas de la provincia. Entre los híbridos más utilizados en Tucumán, podemos mencionar al Avant, Dk 834 y DK 834 MG, DK 842, D 8480 y P 3041 entre otros, quienes demostraron ser los mejores, sostuvo Gamboa.
En la provincia se calcula que la superficie a sembrar con soja durante la presente campaña podría llegar a las 230.000 hectáreas, lo que muestra un gran avance de este cultivo sobre el maíz, el poroto, el sorgo y otros cultivos estivales de la región.
Este avance que en gran parte está dado por los buenos precios de la soja a nivel internacional, está llevando a que los productores dejen de lado la práctica de la rotación como una herramienta mejoradora de suelos lo que seguramente traerá aparejado en un futuro graves problemas para la soja y sobre todo en lo referente al manejo de las enfermedades.
Lo ideal sería que sobre el total de la superficie con soja por lo menos se rote un 30 % del área a sembrar, dependiendo estos valores del tipo de suelo, de la humedad, del tipo de manejo, etc. No obstante, en las zonas marginales, con suelos y climas más pobres, el porcentaje de rotación debería ser mayor. Es así que en el Este tucumano, donde hay muchos campos deteriorados, se debería sembrar un año soja y al año siguiente maíz, es decir con rotaciones del 50% de la superficie.
Lo que sí está demostrado es que una soja que viene de maíz ve incrementado sus rendimientos en por lo menos 300 kilogramos por hectárea, por el sólo hecho de rotar. Este incremento en los rindes por unidad de superficie se manifiesta claramente durante el primer año de soja y un poco menos en el segundo año posterior a la rotación con maíz.
"Además de demostrar esta ventaja en el incremento de los rendimientos, podemos decir que la rotación con maíz permite que los campos acumulen un mayor rastrojo en superficie; mejore la estructura del suelo al influir directamente el rastrojo en las mejoras de las condiciones físicas del suelo; favorece la infiltración del agua de lluvia y permite una menor incidencia de plagas y malezas dañinas para la oleaginosa", remarcó Devani.
Finalmente, sostuvo que la rotación permite un mejor balance del carbono en el suelo lo que favorece en el tiempo una mayor formación de materia orgánica.
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