05 Marzo 2004
La Asociación Tucumana del Citrus (ATC) fue fundada el 8 de marzo de 1974 y se constituyó en una entidad civil con el propósito de reunir a quienes tenían intereses vinculados con esta importante rama de la actividad nacional, con el único objetivo de hacer posible una mejor defensa de los intereses comunes al sector.
La institución se creó para defender los intereses generales de sus asociados; para promover el desarrollo de la producción y una mejor comercialización e industrialización del citrus; para realizar gestiones ante los organismos públicos; para colaborar en el desarrollo de investigaciones científicas; para promover la publicación de un noticiero con información relevante de la actividad, dándole más transparencia a las noticias específicas; para participar de discusiones de convenios colectivos de trabajo con las entidades gremiales respectivas; para participar en la búsqueda de soluciones a la problemática del medio ambiente; para colaborar con los programas de acciones referidos a temas fitosanitarios, o de políticas sectoriales, entre otros. En definitiva, para representar activamente al sector citrícola en el ámbito nacional e internacional.
Profesionalismo
Luego de 30 años de arduo y eficiente trabajo, estos objetivos que se habían planteado sus fundadores en 1974 se fueron cumpliendo con gran profesionalismo.
Ante todos los acontecimientos vividos, la institución supo dar respuestas concretas para defender a sus asociados y a sus intereses. Los frutos están a la vista.
El sector citrícola local logró convertir a Tucumán en el principal polo limonero del mundo, tanto en la faz productiva como en la de exportación e industrialización.
Hacia el mundo
Hoy, la limonicultura de Tucumán es un referente a nivel mundial. Es el principal oferente de limón en el mercado nacional y es el principal exportador de fruta frescas de limón de calidad del Hemisferio Sur hacia los diferentes mercados del mundo.
Además, es el principal industrializador de limones, abasteciendo con sus productos derivados a los principales mercados consumidores del planeta.
Vale también hacer mención que las principales empresas que operan en la provincia se encuentran certificadas son sistemas de gestión de calidad internacionalmente aceptados, como son las Buenas Prácticas Agrícolas (GAP); las Buenas Prácticas de Manufacturas (GMP); las Normas ISO; HACCP; Eurep-Gap, entre otras, que la convierten en una actividad líder y muy respetada por sus pares de todo el mundo.
Son pocas las actividades agroindustriales exportadoras del país que lograron tantos éxitos en tan poco tiempo en los últimos años (convertibilidad mediante). Y esto, gracias al accionar de productores y de empresarios que supieron trabajar con profesionalismo, sin recibir ni esperar nada de los organismos oficiales.
Los códigos planteados tuvieron éxito porque supieron ser libres y basar su estrategia de crecimiento sin la tutela del Estado, y acudiendo a él sólo en casos extremos y referidos a asuntos netamente de políticas sectoriales, pero nunca comerciales.
Muchos de los gobiernos que pasaron por la provincia y por la Nación buscaron atribuirse logros que no les correspondían, y trataron de lucrar políticamente con esta actividad. Pero esto, lejos de beneficiar al sector, le trajo mayores problemas de los que estaban acostumbrados a resolver.
Nombres como los Mata; los Trapani; los Lucci; los Zamora; los Medina; los Negro; los Galves; los Cerviño; los Garzón; los Bejar; los Prado o los Bulacio y muchos más, quedarán grabados en la memoria de esta actividad, que continúa siendo el orgullo de todos los tucumanos. No obstante, es nuestra obligación resaltar que con la asunción del nuevo comité ejecutivo, a partir de 2000 la ATC cobró un gran impulso y protagonismo tanto en el ámbito nacional como internacional, brindando las respuestas necesarias que a diario surgían y planteando una estrategia de trabajo a largo plazo. El éxito de los resultados logrados está a la vista.
La institución se creó para defender los intereses generales de sus asociados; para promover el desarrollo de la producción y una mejor comercialización e industrialización del citrus; para realizar gestiones ante los organismos públicos; para colaborar en el desarrollo de investigaciones científicas; para promover la publicación de un noticiero con información relevante de la actividad, dándole más transparencia a las noticias específicas; para participar de discusiones de convenios colectivos de trabajo con las entidades gremiales respectivas; para participar en la búsqueda de soluciones a la problemática del medio ambiente; para colaborar con los programas de acciones referidos a temas fitosanitarios, o de políticas sectoriales, entre otros. En definitiva, para representar activamente al sector citrícola en el ámbito nacional e internacional.
Profesionalismo
Luego de 30 años de arduo y eficiente trabajo, estos objetivos que se habían planteado sus fundadores en 1974 se fueron cumpliendo con gran profesionalismo.
Ante todos los acontecimientos vividos, la institución supo dar respuestas concretas para defender a sus asociados y a sus intereses. Los frutos están a la vista.
El sector citrícola local logró convertir a Tucumán en el principal polo limonero del mundo, tanto en la faz productiva como en la de exportación e industrialización.
Hacia el mundo
Hoy, la limonicultura de Tucumán es un referente a nivel mundial. Es el principal oferente de limón en el mercado nacional y es el principal exportador de fruta frescas de limón de calidad del Hemisferio Sur hacia los diferentes mercados del mundo.
Además, es el principal industrializador de limones, abasteciendo con sus productos derivados a los principales mercados consumidores del planeta.
Vale también hacer mención que las principales empresas que operan en la provincia se encuentran certificadas son sistemas de gestión de calidad internacionalmente aceptados, como son las Buenas Prácticas Agrícolas (GAP); las Buenas Prácticas de Manufacturas (GMP); las Normas ISO; HACCP; Eurep-Gap, entre otras, que la convierten en una actividad líder y muy respetada por sus pares de todo el mundo.
Son pocas las actividades agroindustriales exportadoras del país que lograron tantos éxitos en tan poco tiempo en los últimos años (convertibilidad mediante). Y esto, gracias al accionar de productores y de empresarios que supieron trabajar con profesionalismo, sin recibir ni esperar nada de los organismos oficiales.
Los códigos planteados tuvieron éxito porque supieron ser libres y basar su estrategia de crecimiento sin la tutela del Estado, y acudiendo a él sólo en casos extremos y referidos a asuntos netamente de políticas sectoriales, pero nunca comerciales.
Muchos de los gobiernos que pasaron por la provincia y por la Nación buscaron atribuirse logros que no les correspondían, y trataron de lucrar políticamente con esta actividad. Pero esto, lejos de beneficiar al sector, le trajo mayores problemas de los que estaban acostumbrados a resolver.
Nombres como los Mata; los Trapani; los Lucci; los Zamora; los Medina; los Negro; los Galves; los Cerviño; los Garzón; los Bejar; los Prado o los Bulacio y muchos más, quedarán grabados en la memoria de esta actividad, que continúa siendo el orgullo de todos los tucumanos. No obstante, es nuestra obligación resaltar que con la asunción del nuevo comité ejecutivo, a partir de 2000 la ATC cobró un gran impulso y protagonismo tanto en el ámbito nacional como internacional, brindando las respuestas necesarias que a diario surgían y planteando una estrategia de trabajo a largo plazo. El éxito de los resultados logrados está a la vista.
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