Es hora de pensar en una zafra ordenada

Factores externos siembran la incertidumbre. La contaminación y la falta de seguridad en las rutas son situaciones que requieren soluciones urgentes. La protesta social no debería entorpecer a la actividad.

21 Mayo 2004
La actividad azucarera en Tucumán fue siempre la que nos destacó entre las provincias de la Argentina, y por la que la mayoría de los ciudadanos argentinos nos recuerdan con distinción. Como tucumanos nos llena de orgullo y nos empalaga cuando la describimos y decimos que, a lo largo de toda la geografía tucumana, 15 ingenios azucareros y más de 200.000 hectáreas cultivadas dan trabajo a más de 50.000 obreros. Productores, industriales, comercializadores y distintas empresas de servicios trazan año tras año nuevas estrategias para permitir que Tucumán se mantenga como la principal provincia productora de azúcares del país. Ante estos importantes antecedentes debemos afirmar que urge que toda la cadena que conforma esta producción siga asumiendo su compromiso con todos los comprovincianos que comparten este suelo, en la ardua tarea de mantener no tan sólo elevados niveles de productividad y las valiosas fuentes de trabajo sino también algo que es tanto o más importante, que es el de mantener a lo largo de la zafra el medio ambiente limpio y la seguridad vial.
Si en ambos casos se cumple con las normas en forma racional y ordenada, llevaremos a que la actividad sea ponderada a niveles impensables. Sin embargo, debemos decir con gran preocupación que la incorporación de tecnología no ha bastado hasta el momento para erradicar las grandes quemas de cañaverales que, año tras año, azotan el cielo tucumano y dañan el ecosistema, perjudicando y agravando la salud de quienes estamos cerca.
Lo mismo ocurre con los cauces de los ríos que reciben todo tipo de desechos industriales provocando graves daños a la flora y la fauna de la provincia, pero sobre todo a la vida humana que recurre a los cauces para obtener agua para consumo.
Y aunque todos hacemos el esfuerzo por disimular su gran impacto negativo, sabemos que el perjuicio es a veces muy grave y es poco lo que se hace para revertir esta triste realidad. Tal vez con una planificación y con la cooperación de las autoridades se podría encontrar una solución equilibrada en conjunto.

Conciencia
Es menester que la industria se empiece a preparar, como debería ocurrir cada año, a ajustar los engranajes y trapiches deseando que todas las dificultades que se están presentando y que se vislumbran, como la falta de gas, la incertidumbre económica, la falta de energía eléctrica, la suba en los combustibles, no empañen la eficiencia y el orden de la cadena que conforma la actividad.
Tomar conciencia que las vidas que se cobran las rastras cañeras en las rutas tucumanas por la falta de señalización y por el lamentable y vergonzoso deterioro de las rutas locales, valen mucho y podrían evitarse esos accidentes inútiles implementando controles rigurosos que hoy no existen.
Esta es una tarea de todos, pero lamentablemente nadie quiere asumir la responsabilidad que les toca. Los ciudadanos tucumanos estaremos dichosos de ver que nuestra salud, por un lado, y nuestras vidas, por el otro, importan demasiado. Y también les debería importar a las autoridades provinciales, nacionales y a los azucareros.

Cortes
Pero esto no es todo. No hay que olvidarse de los piquetes sociales, que quizás podrán ser un día parte del recuerdo, puesto que por el momento han llegado para quedarse. Estas manifestaciones hacen daño. Hacen mucho daño a la actividad porque retrasan las entregas de la materia prima, las descargas en los trapiches, el trabajo de los operarios y se pierden jornales y horas preciosas de trabajo en las fábricas.
La armonía se desvanece y se incumple entre todos y con todos. El esfuerzo que cada año agreguemos para terminar con los detalles funestos que alteran la vida ciudadana consolidarán el beneficio recíproco que la actividad azucarera tucumana desparrama en todos los rincones de la provincia y más allá de nuestras fronteras.

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