03 Marzo 2006
No hay dudas que 2006 será un año difícil no sólo para los productores de limones españoles sino también para los de la Argentina. Y es que gran parte de la cosecha de España todavía pende de la mayoría de los árboles y espera que sea recolectada en momentos donde el mercado paga muy poco, en medio de una demanda muy estática.
En España, los expertos ya hablan de una crisis sin precedentes e histórica y, en la Argentina, los productores temen ser arrastrados por la tendencia iniciada por las malas ventas de los limones españoles en los principales mercados de la Unión Europea.
Mientras, en Tucumán, algunas empresas ya iniciaron la cosecha de limones para exportación bajo un clima similar al que viven en estos momentos los españoles: escasa demanda, fruta selecta, de buenos calibres y a precios nada deseables.
Este manto de incertidumbre deberá llevar a pensar otra vez que el sector citrícola local necesita un nuevo ordenamiento y una autocrítica, cosas que pocas veces se hizo. Este 2006 será un año en que la Argentina tendrá una gran producción de limones, precios bajos para los derivados industriales y mercados muy quietos para la fruta fresca. Esto permitirá que el pesimismo reine entre muchos operadores locales.
El sector deberá ordenarse en la búsqueda de una exportación sin sobresaltos, con frutas de calidad y calibres acordes con la demanda exigente. También consensuar precios promedios de venta adecuados para cubrir así los mayores costos internos. Las ventas, además, deberán ser menores en volumen pero a precios que dejen ganancias a las flacas arcas de los productores locales.
En un preocupante -pero sincero- comunicado de prensa, la semana pasada el presidente de la ATC, ingeniero Carlos Parravicini, remarcó que “la producción de limones de Tucumán se encuentra severamente afectada, por lo que se hacía imprescindible aunar esfuerzos entre la totalidad de los sectores involucrados a fin de que la crisis instalada pueda enfrentar las complejidades anteriormente descriptas”.
Esta crisis se potencia al analizar los elevados costos de producción y de comercialización, entre los que merece consignarse el componente de costos de la mano de obra, el que insume el 50%. Desde 2005, ese componente no sólo recuperó los valores en dólares previos a la devaluación sino que los superó casi un 10%, y ampliamente al valor de la inflación en el mismo período.
Insumos caros
Por otra parte, los principales insumos agroquímicos -de gran significación en la estructura de costos directos de producción- tuvieron incrementos extraordinarios. Los fertilizantes nitrogenados subieron un 45% en el último año. Igual aumento se dio en el valor del aceite emulsivo, que junto con el cobre micronizado son los componentes básicos de las pulverizaciones, que son imprescindibles para obtener fruta sana y de calidad. El precio del cobre subió el 80% en 12 meses.
Finalmente, una importante suba también se registró en los precios de los fletes marítimos para la fruta fresca, que están en valores récord históricos. Los precios 2005 versus 2004 se incrementaron un 40%, hoy se encuentran en suba y aún sin techo.
Por otra parte, cabe mencionar que uno de los principales factores que agobia al sector fue la caída -en los últimos 10 años-, de los precios en el mercado libre de los productos industriales del limón, en particular el del jugo concentrado y el de la cáscara deshidratada para la producción de pectina. De manera que algunas industrias evalúan hoy, para este último producto, no producirlo para evitar el alto consumo de gas y su gran incidencia en los costos, según afirmó Parravicini.
Esta incertidumbre debe llevar a un sinceramiento por parte del Estado, hoy ausente, para que comprenda que el sector debe ser auxiliado y no presionado, como viene ocurriendo en los últimos años. La reforma que se piensa implementar en el Código Tributario Provincial sin dudas que agudizará la actual crisis, fruto de una mayor presión fiscal que recaerá sobre la materia prima de la industria limonera, hoy tan castigada por la sobreoferta local, por el sobre stock internacional de sus derivados y por los bajos precios en los diferentes mercados del mundo.
Es tiempo de reflexión y de aguzar el intelecto en la búsqueda de una buena ecuación entre todos los factores que componen la actividad. Hay que proteger a la citricultura para que siga siendo el orgullo de todos los tucumanos.
En España, los expertos ya hablan de una crisis sin precedentes e histórica y, en la Argentina, los productores temen ser arrastrados por la tendencia iniciada por las malas ventas de los limones españoles en los principales mercados de la Unión Europea.
Mientras, en Tucumán, algunas empresas ya iniciaron la cosecha de limones para exportación bajo un clima similar al que viven en estos momentos los españoles: escasa demanda, fruta selecta, de buenos calibres y a precios nada deseables.
Este manto de incertidumbre deberá llevar a pensar otra vez que el sector citrícola local necesita un nuevo ordenamiento y una autocrítica, cosas que pocas veces se hizo. Este 2006 será un año en que la Argentina tendrá una gran producción de limones, precios bajos para los derivados industriales y mercados muy quietos para la fruta fresca. Esto permitirá que el pesimismo reine entre muchos operadores locales.
El sector deberá ordenarse en la búsqueda de una exportación sin sobresaltos, con frutas de calidad y calibres acordes con la demanda exigente. También consensuar precios promedios de venta adecuados para cubrir así los mayores costos internos. Las ventas, además, deberán ser menores en volumen pero a precios que dejen ganancias a las flacas arcas de los productores locales.
En un preocupante -pero sincero- comunicado de prensa, la semana pasada el presidente de la ATC, ingeniero Carlos Parravicini, remarcó que “la producción de limones de Tucumán se encuentra severamente afectada, por lo que se hacía imprescindible aunar esfuerzos entre la totalidad de los sectores involucrados a fin de que la crisis instalada pueda enfrentar las complejidades anteriormente descriptas”.
Esta crisis se potencia al analizar los elevados costos de producción y de comercialización, entre los que merece consignarse el componente de costos de la mano de obra, el que insume el 50%. Desde 2005, ese componente no sólo recuperó los valores en dólares previos a la devaluación sino que los superó casi un 10%, y ampliamente al valor de la inflación en el mismo período.
Insumos caros
Por otra parte, los principales insumos agroquímicos -de gran significación en la estructura de costos directos de producción- tuvieron incrementos extraordinarios. Los fertilizantes nitrogenados subieron un 45% en el último año. Igual aumento se dio en el valor del aceite emulsivo, que junto con el cobre micronizado son los componentes básicos de las pulverizaciones, que son imprescindibles para obtener fruta sana y de calidad. El precio del cobre subió el 80% en 12 meses.
Finalmente, una importante suba también se registró en los precios de los fletes marítimos para la fruta fresca, que están en valores récord históricos. Los precios 2005 versus 2004 se incrementaron un 40%, hoy se encuentran en suba y aún sin techo.
Por otra parte, cabe mencionar que uno de los principales factores que agobia al sector fue la caída -en los últimos 10 años-, de los precios en el mercado libre de los productos industriales del limón, en particular el del jugo concentrado y el de la cáscara deshidratada para la producción de pectina. De manera que algunas industrias evalúan hoy, para este último producto, no producirlo para evitar el alto consumo de gas y su gran incidencia en los costos, según afirmó Parravicini.
Esta incertidumbre debe llevar a un sinceramiento por parte del Estado, hoy ausente, para que comprenda que el sector debe ser auxiliado y no presionado, como viene ocurriendo en los últimos años. La reforma que se piensa implementar en el Código Tributario Provincial sin dudas que agudizará la actual crisis, fruto de una mayor presión fiscal que recaerá sobre la materia prima de la industria limonera, hoy tan castigada por la sobreoferta local, por el sobre stock internacional de sus derivados y por los bajos precios en los diferentes mercados del mundo.
Es tiempo de reflexión y de aguzar el intelecto en la búsqueda de una buena ecuación entre todos los factores que componen la actividad. Hay que proteger a la citricultura para que siga siendo el orgullo de todos los tucumanos.
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