El proceso productivo se inició hace miles de años, después de que el hombre se dio cuenta que con lo que cazaba, pescaba o cosechada las plantas que crecían naturalmente donde habitaba, no alcanzaban. Por eso tenía que deambular por extensos territorios en procura de la comida para su sustento.
Se calcula que luego de concluir la última glaciación, según antecedentes arqueológicos, vino la revolución Neolítica, con la que comenzó el dominio de la agricultura y de la ganadería por parte del hombre. Y lógicamente éste se dio cuenta de que no tenía que desplazarse para poder obtener sus alimentos diarios.
La necesidad hizo que el hombre utilice su ingenio -a través de los siglos- para poder ir mejorando sus sistemas productivos. El hombre aprendió que el uso constante del suelo y el monocultivo causaba muchos problemas en sus producciones.
Observaba que la reposición de limo y de humus que hacia el río Nilo, a las orillas de sus cauces, convertía a la tierra en más fértil y que no sucedía lo mismo en los terrenos que estaban alejados de esos lugares, donde la producción decaía año tras año hasta hacerlas improductivas. En lo que respeta al monocultivo tuvieron una muy mala experiencia en Europa, puntualmente en Irlanda, con la destrucción de todas las plantaciones de papa desde 1845 hasta 1854, a causa de la fitoftora. Como consecuencia del ataque de este hongo murieron de hambre más de 1 millón de personas y otras tantas tuvieron que emigrar al quedarse sin alimentos.
Conocimiento
De a poco, el hombre fue conociendo las herramientas y los métodos de cultivo y de producción más eficientes para lograr aumentar los rendimientos y poder satisfacer así las necesidades crecientes de alimentos en el mundo. Todo este crecimiento productivo también trajo aparejado otros problemas, principalmente ecológicos. Esos problemas los conocen bien los productores, en especial cuando no realizan todas las tareas culturales que corresponden.
La desertización, la erosión, la deforestación de selvas naturales y la aparición de plagas y de enfermedades son consecuencia de los manejos culturales errados o sin respetar lo aconsejable. Por eso nació en 1962 la llamada "Revolución verde", un plan lanzado por la FAO que tenía muchísimas recomendaciones para desarrollar producciones sustentables en el tiempo.
En ese programa se incluían técnicas adecuadas para las aplicaciones de plaguicidas y de fertilizaciones, los nuevos métodos de laboreo y de mecanización de tareas en el campo y la producción de cultivos de alto potencial de rendimientos ala hora de a cosecha. Sin embargo, no tuvieron en cuenta la ecología y se ocasionaron desequilibrios biológicos por el excesivo uso de productos químicos.
Aún así, el sector productor mundial siguió trabajando fuertemente en la investigación y luego en la transferencia de tecnología para lograr poner al alcance del productor todas las herramientas necesarias para la adaptación a las nuevas formas de producir, de comercializar y de consumir, que son las que existen actualmente.
Con toda esta evolución y revolución productiva, a lo que se suma el desarrollo de la biotecnología que les posibilita producir más y mejor en menores superficies, es inconcebible que todavía hay en el mundo gente, pueblos, ciudades y países que se mueren de hambre. Esta situación habla de que existe una mala distribución de la riqueza pero, a la vez, de que la necesidad de alimentos sigue presente.
Ante esta situación, es fundamental que se den las condiciones para continuar invirtiendo en investigación y transferencia de tecnología, y apoyar todo lo relacionado con la mejora de la rentabilidad del hombre de campo. Llámese apoyo crediticio, incentivos impositivos, apertura de mercados, entre otros, para que, de alguna manera, el esfuerzo del productor siga siendo recompensado y no abandone la siembra que, año tras año, representa una nueva esperanza y beneficios para todos.



















