21 Abril 2006
EFECTOS. Los técnicos advirten que los daños siempre son más severos en las plantas nuevas del arándano.(LA GACETA)
En los plantines de arándano de distintas variedades introducidos a Tucumán desde Buenos Aires y Entre Ríos, y también en plantas jóvenes de pocos años de cultivo, se encontraron síntomas compatibles con los causados por Agrobacterium tumefasciens, una bacteria que causa la enfermedad conocida como "Agalla de cuello" o "Agalla de Corona" (Crown Gall).
"Esta situación obliga a tomar medidas para disminuir su incidencia y propagación descontrolada", señaló a través de un documento la comisión técnica de la Asociación de Productores de Arándanos de Tucumán (Apratuc).
En la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT se realizan observaciones de material de campo, cultivo de microorganismos para su identificación y pruebas de patogenicidad, y también se busca la manera de realizar estudios genéticos para la identificación del agente causal.
La bacteria Agrobacterium tumefasciens vive en el suelo y para infectar las raíces de las plantas necesita de heridas, a través de las cuáles logra ponerse en contacto con las células de las raíz y transferir parte de su ADN a su interior. Este trozo protéico transmite información para que las células de la planta se dividan y crezcan sin control, lo que determina la producción de agallas, que pueden pasar desapercibidas para el agricultor, ya que normalmente se encuentran debajo del suelo.
Además, los síntomas aéreos no son específicos. Pueden confundirse con deficiencias nutricionales o con daños por enfermedades radiculares provocadas por hongos del suelo.
Las heridas pueden ser por la apertura del pilón para liberar raíces en plantación, pero también pueden ser daños causados por insectos y hongos de suelo.
El daño es siempre más severo en plantas nuevas que en las adultas, debido a los tejidos tiernos. Las plantas infectadas no tienen un buen pronóstico de vida. Tienen dificultades para absorber agua y nutrientes y son propensas a la infección con otros patógenos radiculares. Con el tiempo, las plantas mueren por otras causas que pueden ser ajenas a las que originaron el problema.
Esta situación debe ser evitada, tanto en viveros como en plantaciones comerciales, para lo cual se sugieren las siguientes estrategias de manejo:
Usar sustratos tratados con vapor u otro método de esterilización.Revisar y rechazar las plantas con daño de raíces y agallas evidentes.Esas plantas puede llevar el problema a un predio que no lo tenga.
Desinfectar siempre las herramientas de poda.
Prestar especial atención y revisar las plantas que lleguen al campo desde los viveros.
Observar y analizar las plantas que tengan algún síntoma que pudiera ser sospechoso, como ejemplares débiles, o con detención del crecimiento, con hojas amarillentas o rojizas en una época en la que deberían ser verdes.
Aquellas plantas enfermas con agallas que se detectan en terreno deben ser eliminadas mediante la quema, y el hoyo de plantación tratado mediante el sistema de solarización.
Aplicación de insecticidas para evitar que sobrevivan larvas de escarabajos en el suelo antes de plantar. y controlar ocultos y roedores.
Evitar las heridas que se originan por distintas causas en las raíces, como las provocadas al "abrirlas" para su plantación o por efecto de las herramientas.
Antes de plantar sumergir las raíces en Agrobacterium radiobacter (K1026 o K84), para evitar la infección de Agrobacterium tumefaciens Biovar 1 y 2.
Los viveros deben evitar que las macetas con plantas estén en contacto con el suelo del lugar, porque las raíces que sobresalen y penetran en el suelo pueden correr el riesgo de infectarse. Para ello se puede construir una base de cemento para colocar las macetas o azufrar el suelo, aunque está última no garantiza el aislamiento absoluto.
"Las agallas no tienen control una vez establecidas, pero algunas variedades pueden ser más susceptibles que otras. Todas pueden infectarse y la única estrategia es prevenir la infección", remarcó indicó Apratuc.
"Esta situación obliga a tomar medidas para disminuir su incidencia y propagación descontrolada", señaló a través de un documento la comisión técnica de la Asociación de Productores de Arándanos de Tucumán (Apratuc).
En la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT se realizan observaciones de material de campo, cultivo de microorganismos para su identificación y pruebas de patogenicidad, y también se busca la manera de realizar estudios genéticos para la identificación del agente causal.
La bacteria Agrobacterium tumefasciens vive en el suelo y para infectar las raíces de las plantas necesita de heridas, a través de las cuáles logra ponerse en contacto con las células de las raíz y transferir parte de su ADN a su interior. Este trozo protéico transmite información para que las células de la planta se dividan y crezcan sin control, lo que determina la producción de agallas, que pueden pasar desapercibidas para el agricultor, ya que normalmente se encuentran debajo del suelo.
Además, los síntomas aéreos no son específicos. Pueden confundirse con deficiencias nutricionales o con daños por enfermedades radiculares provocadas por hongos del suelo.
Las heridas pueden ser por la apertura del pilón para liberar raíces en plantación, pero también pueden ser daños causados por insectos y hongos de suelo.
El daño es siempre más severo en plantas nuevas que en las adultas, debido a los tejidos tiernos. Las plantas infectadas no tienen un buen pronóstico de vida. Tienen dificultades para absorber agua y nutrientes y son propensas a la infección con otros patógenos radiculares. Con el tiempo, las plantas mueren por otras causas que pueden ser ajenas a las que originaron el problema.
Esta situación debe ser evitada, tanto en viveros como en plantaciones comerciales, para lo cual se sugieren las siguientes estrategias de manejo:
Usar sustratos tratados con vapor u otro método de esterilización.Revisar y rechazar las plantas con daño de raíces y agallas evidentes.Esas plantas puede llevar el problema a un predio que no lo tenga.
Desinfectar siempre las herramientas de poda.
Prestar especial atención y revisar las plantas que lleguen al campo desde los viveros.
Observar y analizar las plantas que tengan algún síntoma que pudiera ser sospechoso, como ejemplares débiles, o con detención del crecimiento, con hojas amarillentas o rojizas en una época en la que deberían ser verdes.
Aquellas plantas enfermas con agallas que se detectan en terreno deben ser eliminadas mediante la quema, y el hoyo de plantación tratado mediante el sistema de solarización.
Aplicación de insecticidas para evitar que sobrevivan larvas de escarabajos en el suelo antes de plantar. y controlar ocultos y roedores.
Evitar las heridas que se originan por distintas causas en las raíces, como las provocadas al "abrirlas" para su plantación o por efecto de las herramientas.
Antes de plantar sumergir las raíces en Agrobacterium radiobacter (K1026 o K84), para evitar la infección de Agrobacterium tumefaciens Biovar 1 y 2.
Los viveros deben evitar que las macetas con plantas estén en contacto con el suelo del lugar, porque las raíces que sobresalen y penetran en el suelo pueden correr el riesgo de infectarse. Para ello se puede construir una base de cemento para colocar las macetas o azufrar el suelo, aunque está última no garantiza el aislamiento absoluto.
"Las agallas no tienen control una vez establecidas, pero algunas variedades pueden ser más susceptibles que otras. Todas pueden infectarse y la única estrategia es prevenir la infección", remarcó indicó Apratuc.
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