Los productores son optimistas respecto del resultado de la campaña
El clima es uno de los factores más importantes a tener en cuenta en la campaña triguera.
"Se debe fijar un marco referencial del comportamiento climático de la campaña pasada para saber qué es lo que puede ocurrir durante este nuevo año triguero, y tomar como base lo que está ocurriendo -climáticamente hablando- hasta la fecha", sentenció el ingeniero César Lamelas, jefe de la sección Agrometereología de la EEAOC.
En la campaña pasada se pudo ver que existieron anomalías térmicas que fueron negativas desde marzo en adelante, lo que ocasionó promedios de temperaturas suaves para la época.
Las anomalías térmicas negativas que sucedieron en julio, en agosto y en los primeros días de setiembre coincidieron con las fuertes heladas registradas en los períodos críticos del cultivo.
En los últimos tres años se dieron las heladas hacia fines de agosto y hacia fines de la primera década de setiembre en las zonas de La Cruz y Monte Redondo.
En general, las intensidades de las heladas fueron suaves y de corta duración, salvo el caso de las ocurridas en 2005, que aparecieron en la misma época, pero que fueron intensas y largas con temperaturas de hasta -3,6ºC y con 6 horas de duración como sucedió en Monte Redondo.
Debemos destacar que este tipo de evento en Tucumán tiene una probabilidad de ocurrencia de uno cada 10 años.
En lo que se refiere al comportamiento de las precipitaciones, en 2005 se vio que en Monte Redondo la acumulación fue inferior al promedio de la zona; en La Cruz el valor obtenido fue cercano al promedio, mientras que en El Colmenar fue superior.
Estos valores se refieren a las lluvias ocurridas en abril y mayo, con un pequeño aporte en junio, dando valores de 350 mm en Monte Redondo, 450 mm en La Cruz y 530 mm en El Colmenar.
Las anomalías hídricas fueron negativas en febrero de 2005, mejorando significativamente en marzo, pero con un comportamiento espacial irregular, lo que complicó el panorama de intención de siembra. Pero abril fue un mes de muchas lluvias.
Mayo fue un período también irregular en cuanto a la cantidad de lluvia y a su distribución espacial. También hubo precipitaciones en junio y en setiembre.
Podemos decir que en 2005 sí llovió en muchos lugares, pero hubo una marcada irregularidad en varias localidades.
.En lo que va de 2006 vemos un mes de Febrero muy irregular con una mejora relativa en el mes de Marzo, pero persistiendo la irregularidad espacial en sectores del Este de la provincia.
En lo que va del mes de Abril se registraron lluvias en diferentes sectores con valores superiores a los promedios que normalmente se pueden encontrar.
Comparando el año 2005 con lo que vamos del 2006, este aparece como mejor posicionado en lo que respeta a la acumulación de agua en el suelo y con mejores lluvias recibidas, lo que da cierto optimismo en las siembras de trigo venideras.
Hay que controlar bien las malezas
La sección Malezas de la EEAOC reseñó la problemática actual de las malezas en trigo en Tucumán, la cual está relacionada con las especies que fueron favorecidas por la tecnología de siembra directa y por su tolerancia a los herbicidas. Fueron mencionadas malezas tales como Parietaria, Bowlesia y Verónica, las que por su tolerancia al glifosato y al 2,4-D, sobreviven a los barbechos químicos y posteriormente, al rebrotar, dificultan la emergencia del trigo.
Los técnicos evalúan emplear aceites vegetales y herbicidas del grupo de las "Sulfonilurea", y otros como "Carfentrazone", "Flumioxazin" y "Oxifluorfen" para mejorar su control antes de la siembra del cultivo.
Dichas malezas y la mayoría de las "latifoliadas" invernales, son susceptibles a los efectos postemergentes del Metsulfuron en mezcla con 2,4-D o Dicamba, pero se debe tener la precaución de no aplicarlos en etapas tempranas ni después del macollaje, porque se pueden deformar las espigas del trigo.
Una excepción la constituye la "Fumaria", maleza que tolera dichos herbicidas, pero que puede ser controlada con Bromoxinil.
Con respecto a las malezas "gramíneas", informaron que diferentes especies de "avena" constituyen el principal problema en Tucumán, aunque las mismas pueden ser controladas en postemergencia, empleando diferentes herbicidas selectivos.
Un problema diferente lo constituye la "cebadilla" (Bromus), especie para la cual todavía no se dispone de un herbicida eficiente para su control.
El cereal expande la zona cubierta
Debido al fuerte impacto que tiene el cultivo de trigo en Tucumán, no sólo en el aspecto productivo, sino también en su función como cultivo protector del suelo en el invierno, se presentaron las herramientas disponibles para lograr la mayor eficiencia productiva en la campaña 2006, dijo el ingeniero Jorge Scandaliaris, técnico de la EEAOC.
Los técnicos de las secciones Granos, Sensores Remotos y Agrometereología expusieron los resultados de las campañas anteriores referidos a las condiciones agrometereológicas a las que estuvo sometido el cereal, a las fluctuaciones de la superficie sembrada y a los resultados económicos y rendimientos.
En la campaña 2005 se determinó que la superficie sembrada en Tucumán llegaba a 207.000 hectáreas y que en las zonas de influencia como el NO santiagueño y el SE catamarqueño sumaban 41.000 hectáreas más, lo que da un total de 248.000 hectáreas. En Tucumán, el 41% está sembrado en Burruyacu, el 18% en Leales, el 15% en La Cocha y el 14% en Cruz Alta.
En lo que respeta a la evolución del área implantada, en 1997 llegó a 20.000 hectáreas; en 1998 existió una generalización de siembra con casi 76.000. En 2001 el crecimiento continuó hasta las 160.000; y en 2002 se llegó a las 219.000 hectáreas.
La sequía también tuvo sus efectos sobre los trigales de Tucumán. En 2003 sólo se pudieron sembraron 144.000 hectáreas por la falta de agua en los perfiles de suelo, mientras que en 2004 la siembra cubrió unas 200.000 hectáreas.





















