Duro golpe a los trabajadores de la carne

Panorama rural por Ernesto José Caram. Las medidas del gobierno para bajar el precio de los cortes en las carnicerías ya tienen cifras estadísticas: hay 8.400 operarios suspendidos por la prohibición a las exportaciones y afectadas 15.000 personas ligadas a esta actividad.

12 Mayo 2006
Esta semana, los sindicatos de la carne anunciaron que con el despido de 600 nuevos operarios del frigorífico santafesino Swift sumaban 8.400 los operarios de la carne suspendidos, luego de las medidas dictadas por el Gobierno nacional con el fin de paralizar las exportaciones de carne, con el objetivo de lograr una rebaja del precio del producto en las carnicerías.
Además de esta situación, se afectaron en forma directa el empleo de más de 15.000 personas que dependen de la exportación en las principales regiones productoras de carne del país.
Y todo esto como consecuencia de una desacertada política del gobierno kirchnerista, que quiso posteriormente resolver esos desaciertos con la implementación de un subsidio que solamente beneficiará a apenas a 1.800 trabajadores suspendidos. Esta medida fue tomada por el sector como un paliativo sin sustento.
El frigorífico Swift, el más grande del país, está ubicado en Villa Gobernador Gálvez, en el Gran Rosario, y como consecuencia de la veda a la exportación de carnes impuesta por el Gobierno nacional hace casi dos meses fueron dejados en disponibilidad, sólo en Swift, 1.336 obreros especializados.
La controvertida medida oficial golpea fuertemente a una de las zonas del país con mayor índice de desempleo. Esto marca a las claras que las decisiones para solucionar problemas coyunturales, no sólo originarán un "costo" que lo deberá sufrir el Gobierno nacional -principalmente en las urnas- sino también los asalariados y la sociedad. El país se encontraba en una posición privilegiada ante el crecimiento de la demanda mundial por la carne argentina, pero por sobre todo por los serios problemas que debió afrontar la ganadería de Brasil y de Uruguay, con la aparición de importantes focos de aftosa que dejaron a estos vecinos del Mercosur fuera de juego en los mercados del circuito no aftósico.
Esta situación de privilegio debería haber sido perfectamente aprovechada por la Argentina, para conseguir un mayor posicionamiento a nivel mundial.
Sin embargo, como consecuencia de la polémica medida del PEN, se desalentarán sin duda las inversiones en ganadería y pondrá en riesgo la sustentabilidad del sistema agropecuario nacional, basado en un equilibrio entre la agricultura y la ganadería.
Esta semana, los delegados zonales de la Sociedad Rural Argentina, reunidos en Rosario, manifestaron su preocupación por los efectos negativos de las medidas, sobre todo desde el punto de vista social. Pusieron en claro que ya se afectó la imagen argentina en el mundo, como proveedor confiable y previsible de alimentos.
Por estas razones, los hombres de campo alertaron sobre las graves consecuencias que acarrearán las disposiciones oficiales en el futuro inmediato y en el corto plazo, y plantearon avanzar con las conversaciones con el Gobierno a los fines de destrabar una situación que no benefició, hasta el momento, a nadie.
Las gestiones que tiene prevista esta semana realizar el presidente Néstor Kirchner en Viena, la capital de Austria, como titular pro tempore del Mercosur, tendrán este "condimento" especial, cuando pida la eliminación de los subsidios a las producciones que se realizan en el mundo desarrollado, que se eliminen las trabas a la importación de productos alimentarios y hasta un libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur.Lo más probable es que el Presidente choque con intereses más corporativos y falle en el intento. Pero por otra parte, sería interesante conocer la opinión de los inversionistas europeos frente a esta pelea entre el Gobierno nacional y los ganaderos, porque sería el ejemplo de referencia respecto de las políticas que se piensa aplicar para el resto de las producciones.
Las dudas de los inversionistas extranjeros se centrarán en el respeto por los contratos públicos y privados, y sobre todo por la seguridad jurídica. Ningún capitalista del planeta querría probar suerte en una región sin reglas de juego claras.
En el sector ganadero argentino hay un daño que ya está consumado. Algunos empleados salieron a la calle y hay clientes extranjeros que pueden dejar de tenernos en cuenta como proveedores de carne para los próximos años.
A la hora de reconocer los errores y resarcir los daños provocados sería importante dar el nombre y apellido del o de los responsables, para no involucrarlos otra vez en decisiones trascendentes para la Nación. Pero lo más importantes es que nunca es tarde para corregir los desaciertos. De ahora en más, gobierno y ganaderos deberán asumir una mayor actitud de diálogo, en beneficio de cada empresa y de cada familia rural.

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