29 Junio 2007
"La filosofía que usamos no es otra que entender que la biotecnología es una tecnología como cualquier otra y que puede ser usada para bien o para mal. Es una herramienta, y nosotros estamos usándola bien", coincidieron en afirmar los investigadores Atilio Castagnaro (jefe de la Sección Biotecnología) y Eduardo Willink (jefe de la Sección Zoología Agrícola) de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán (EEAOC).
Los especialistas dialogaron con LA GACETA Rural sobre las líneas de trabajo que el centro de investigación provincial lleva adelante en materia de biotecnología.
"Estamos tratando de conseguir mejoras en la producción agropecuaria y que impacten lo menos posible en los aspectos ambientales y en la salud humana. La tecnología es una herramienta de ayuda o de contribución o de mejora, para hacer más eficiente la mejora genética que estamos haciendo", explicó Castagnaro. Los cultivos en los que trabajan son la soja, la caña de azúcar y el citrus (limonero).
Soja
Se utilizan tres tipos de herramientas de la biotecnología. Una de ellas es la transgénesis que sólo la usan en la soja, introduciendo genes que han sido probados en plantas modelos que confieren una mayor resistencia a la sequía.
"Eso permitirá en un cultivo como la soja, donde está aceptada la transgénesis, introducir genes que ampliarían el área cultivada y extendernos a regiones donde la falta de agua es crítica; así será posible que la soja deje algunas zonas de mayor pluviometría que está ocupando y que podrán ser destinadas a otros cultivos", dijo Castagnaro. "Se tiende preferentemente a cuidar el ciclo del agua y a darle más seguridad al cultivo", señaló.
En la EEAOC están diseñando su propio modelo a partir de dos genes aislados de girasoles silvestres. "En ese sistema funciona; no sabemos si funcionará en la soja. Estamos trabajando desde hace un par de años en colaboración con la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet", explicó el experto.
"Es una primera herramienta; estamos también desarrollando la tecnología que, si podemos ponerla a punto, permitirá que trabajemos con otros genes para resolver problemas de enfermedades", dijo Willink, apuntando a la "roya de la soja". Es una enfermedad a la cual se le tiene mucho miedo, típica de fin de ciclo -como sucede en Tucumán-, pero que puede ser muy peligrosa. "Estamos tratando de adelantarnos al problema antes de que exista, y cuando tengamos la tecnología y esté optimizada, intentaremos introducir genes que inhiban el crecimiento del patógeno de la roya", describió Castagnaro.
También trabajan con los que se llaman "marcadores moleculares". Es un grupo de técnicas que permiten hacer "marcas en el genoma" de plantas, animales, etc. Se trata de una herramienta muy importante porque se pueden asociar esas marcas moleculares que se registran en el ADN de un ser vivo cualquiera, como caracteres de interés agronómico (resistencia a enfermedades, sequía, salinidad).
"Si identificados el gen que está gobernando ese tipo de problemas, trabajaremos sobre las plantas modelos y nos ahorramos tiempo; trabajaremos más rápido y vamos a ir seleccionando las plantas que mejor se adaptan", dijo Willink. "De esa manera, vemos con precisión qué genes son y cuáles nos pueden interesar, cosa que antes no podíamos ver", insistió.
Citrus (limonero)
En la EEAOC trabajan en el diagnóstico molecular de enfermedades, tratando de identificar las razas que existen de las enfermedades cuarentenarias que más interesan, que son la cancrosis (producida por una bacteria) y la mancha negra (producida por un hongo). Son enfermedades que no están en los países a los cuales les exportamos fruta fresca y, por lo tanto, tenemos que garantizar que la fruta no lleve ningún patógeno que ellos no tengan porque, ante cualquier sospecha de presencia de patógeno cuarentenario, devuelven las cargas completas.
Hay una enfermedad nueva que todavía no está en la Argentina: el Greening. En Zoología Agrícola monitorean la chicharra que lo transmite, y desde Biotecnología tratan de hacer la parte molecular para saber si está el patógeno. "Estamos estudiando cómo podemos manejarlo", reconoció Willink.
Los especialistas dialogaron con LA GACETA Rural sobre las líneas de trabajo que el centro de investigación provincial lleva adelante en materia de biotecnología.
"Estamos tratando de conseguir mejoras en la producción agropecuaria y que impacten lo menos posible en los aspectos ambientales y en la salud humana. La tecnología es una herramienta de ayuda o de contribución o de mejora, para hacer más eficiente la mejora genética que estamos haciendo", explicó Castagnaro. Los cultivos en los que trabajan son la soja, la caña de azúcar y el citrus (limonero).
Soja
Se utilizan tres tipos de herramientas de la biotecnología. Una de ellas es la transgénesis que sólo la usan en la soja, introduciendo genes que han sido probados en plantas modelos que confieren una mayor resistencia a la sequía.
"Eso permitirá en un cultivo como la soja, donde está aceptada la transgénesis, introducir genes que ampliarían el área cultivada y extendernos a regiones donde la falta de agua es crítica; así será posible que la soja deje algunas zonas de mayor pluviometría que está ocupando y que podrán ser destinadas a otros cultivos", dijo Castagnaro. "Se tiende preferentemente a cuidar el ciclo del agua y a darle más seguridad al cultivo", señaló.
En la EEAOC están diseñando su propio modelo a partir de dos genes aislados de girasoles silvestres. "En ese sistema funciona; no sabemos si funcionará en la soja. Estamos trabajando desde hace un par de años en colaboración con la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet", explicó el experto.
"Es una primera herramienta; estamos también desarrollando la tecnología que, si podemos ponerla a punto, permitirá que trabajemos con otros genes para resolver problemas de enfermedades", dijo Willink, apuntando a la "roya de la soja". Es una enfermedad a la cual se le tiene mucho miedo, típica de fin de ciclo -como sucede en Tucumán-, pero que puede ser muy peligrosa. "Estamos tratando de adelantarnos al problema antes de que exista, y cuando tengamos la tecnología y esté optimizada, intentaremos introducir genes que inhiban el crecimiento del patógeno de la roya", describió Castagnaro.
También trabajan con los que se llaman "marcadores moleculares". Es un grupo de técnicas que permiten hacer "marcas en el genoma" de plantas, animales, etc. Se trata de una herramienta muy importante porque se pueden asociar esas marcas moleculares que se registran en el ADN de un ser vivo cualquiera, como caracteres de interés agronómico (resistencia a enfermedades, sequía, salinidad).
"Si identificados el gen que está gobernando ese tipo de problemas, trabajaremos sobre las plantas modelos y nos ahorramos tiempo; trabajaremos más rápido y vamos a ir seleccionando las plantas que mejor se adaptan", dijo Willink. "De esa manera, vemos con precisión qué genes son y cuáles nos pueden interesar, cosa que antes no podíamos ver", insistió.
Citrus (limonero)
En la EEAOC trabajan en el diagnóstico molecular de enfermedades, tratando de identificar las razas que existen de las enfermedades cuarentenarias que más interesan, que son la cancrosis (producida por una bacteria) y la mancha negra (producida por un hongo). Son enfermedades que no están en los países a los cuales les exportamos fruta fresca y, por lo tanto, tenemos que garantizar que la fruta no lleve ningún patógeno que ellos no tengan porque, ante cualquier sospecha de presencia de patógeno cuarentenario, devuelven las cargas completas.
Hay una enfermedad nueva que todavía no está en la Argentina: el Greening. En Zoología Agrícola monitorean la chicharra que lo transmite, y desde Biotecnología tratan de hacer la parte molecular para saber si está el patógeno. "Estamos estudiando cómo podemos manejarlo", reconoció Willink.
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