01 Febrero 2008
Los embalses ayudan a almacenar agua para las estaciones secas
Fueron los egipcios quienes, hace más de 4.000 años, iniciaron la construcción de los primeros embalses para acumular el agua y consumirla cuando haya escasez. Por Ernesto José Caram - Sección Rural.
LA GACETA / FRANCO VERA
La realización de obras de infraestructura en riego es tan ancestral que vale la pena llevarlas a cabo por los beneficios que brindaron a lo largo de la historia de la humanidad. La historia cuenta que fueron los egipcios quienes, hace más de 4.000 años, iniciaron la construcción de los primeros embalses pensando en acumular el agua en épocas buenas para ser consumida durante la escasez del fluido. Los romanos, a semejanza de los egipcios, utilizaron también la construcción de embalses para riego. La experiencia les había enseñado además que, en caso de lluvias torrenciales, las presas desempeñaban un crucial papel disminuyendo los efectos devastadores de los ríos; podían regular caudales y velocidades del agua, retrasando la incorporación de las mismas en las cuencas y reduciendo así los peligrosos arrastres y erosiones momentáneas.En la provincia de Tucumán y zonas aledañas es conocido -gracias a registros de más de 100 años-, que existen prácticamente dos estaciones húmedas y dos estaciones secas. Invierno y primavera suelen ser las épocas del año en donde los cultivos sufren más la falta de agua y muchas veces las producciones se ven comprometidas ante la falta de riego, produciéndose pérdidas irrecuperables para la región. Por otra parte, no se debe dejar de mencionar el efecto devastador que suelen ocasionar las elevadas precipitaciones del verano en los cerros tucumanos, que inclusive suelen cobrarse varias vidas humanas por año.
Sumada a esta situación, el Estado debe prever el suministro de agua para cubrir la necesidad del fluido para el riego y para el consumo humano, no sin dejar de mencionar el beneficio que suelen otorgar los diques o embalses para la generación de energía eléctrica.
Estas situaciones deberían ser el motivo para que las autoridades provinciales inviertan, más que nunca, en obras de infraestructura mediante la construcción de diques y embales en las zonas altas, y canales de conducción revestidos en las zonas cultivables. Así se podría disponer de líquido en abundancia a lo largo de todo el año, no tan sólo para la provincia sino también para regiones aledañas. En la actualidad la escasez de obras en la materia conlleva a que el agua sobrante en épocas estivales no se maximice su aprovechamiento y que, además, se produzcan abundantes daños por escorrentías no controladas a lo largo de toda la geografía provincial.
Los beneficios que acarreó para zonas productivas de diferentes regiones del mundo la construcción de embalses o canales, como en Egipto o en España, deberían servir de ejemplo como un elemento esgrimido por los agricultores de Tucumán a la hora de solicitar obras de semejante envergadura. Las mismas deberían convertirse en obras de interés nacional y no tan sólo regional. Porque en definitiva las producciones locales se exportan en un elevado porcentaje y estas sirven para generar el ingreso de divisas al país que terminarán en manos del Gobierno central. Por otro lado, el resultado de estas obras es de un gran beneficio para la región en su conjunto, pensando inclusive en trasvasar agua hacia provincias con menor disponibilidad de este fluido de calidad, como lo son las vecinas Catamarca y Santiago del Estero.
Está claro que este tipo de obras son costosas, pero sus beneficios son multiplicadores y potenciarán el desarrollo de la región en su conjunto. De allí que deberían ser declaradas de interés nacional. La importancia de las obras de infraestructura permitirán brindar, además, ayuda a las regiones con escasos recursos hídricos, no tan sólo para los cultivos sino para las poblaciones, que por lo general suelen ser comunidades pobres con pocas posibilidades de progreso. En estas regiones el principal ingreso procede de la agricultura familiar, por lo que una red de riego les permitiría tener acceso al progreso, recuperando las zonas marginales o desérticas con programas de desarrollo rural sustentables destinados a poblaciones desprotegidas.
También está claro que la sistematización de tierras para el riego permitiría prevenir la erosión propia de lluvias monzónicas impidiéndose la destrucción de la fertilidad actual y potencial. Así, las poblaciones rurales podrían sobrevivir en sus tierras a las largas épocas de sequía haciendo innecesario su éxodo hacia las ciudades, donde les espera la mendicidad y la miseria absoluta. Las obras de riego son, sin duda, una asignatura pendiente de la cual todos nos deberíamos ocupar.
















