El campo tucumano mantiene su espíritu solidario a pesar de las dificultades y de la crisis
El Banco de Alimentos de Tucumán nunca dejó de funcionar. Abastece a unas 80 instituciones de bien público, que diariamente dan de comer a 12.000 personas entre niños, mujeres, jóvenes, adultos y abuelos. Por Gustavo Frías Silva - Sección Rural.
LA GACETA / ANTONIO FERRONI
Este año que corre los productores argentinos y en particular los de granos, de caña de azúcar y de arándanos no lo olvidarán fácilmente. Y no será, precisamente, porque les fue bien.
Los cultivadores de granos perdieron, en el amplio sentido de la palabra. Económica y psicológicamente fueron afectados al enfrentarse con retenciones altísimas, precios de insumos descontrolados, aumentos de mano de obra y labores permanentes. Además, debieron soportar la caída de los precios, el cierre de las exportaciones, menores rendimientos en las oleaginosas y pérdidas fuertes en trigo. También la agresión gratuita por parte de las autoridades nacionales y provinciales.
Los cañeros -y porque no los industriales azucareros- no pudieron evitar el choque con el precio estancado del azúcar que, en muchos casos y de acuerdo con cada escala productiva, apenas cubrieron sus costos. No sólo perdieron en esta zafra sino que lo peor es que no saben cómo seguir adelante el año próximo.
Todo el sector arandanero padeció las heladas del 6 de septiembre, lo que produjo pérdidas estimadas en un 60% del total la producción, y lo que se cosechó pudo ser comercializado pero a precios relativamente bajos.
Por supuesto que quienes más perdieron fueron las 25.000 personas que se dedican a las labores de cosecha, que no llegaron a la mitad de los jornales que trabajaron en la cosecha del año pasado.
Malabares
A pesar de todas estas complicaciones, fue el año en que el productor siguió adelante y aún con menos optimismo no pierde vista la próxima campaña y evalúa cuáles serán los “malabarismos” que tendrá para enfrentar situaciones puntuales referidas al clima y a los imponderables políticos y económicos que vive el país.
Y lo más loable es que a pesar de la crisis el productor sigue siendo solidario con la comunidad provincial de la que es parte. Un ejemplo es el Banco de Alimentos de Tucumán. Funciona merced al gran esfuerzo que realizan sus dirigentes para beneficio de más de 80 instituciones de bién público, que dan de comer a unas 12.000 personas entre niños, jóvenes, adultos y abuelos.
Los productores aportan bienes de todo tipo, principalmente porcentajes de los productos que producen.
Esas donaciones al Banco sirven para canjearlas por otros alimentos indispensables para o se las vende para la compra de otros insumos. De manera que se procura para los sectores más necesitados dietas bien equilibradas para una alimentación adecuada.
El funcionamiento del Banco es sencillo. El productor de granos aporta un porcentaje de su cosecha en una cuenta que tiene el Banco de Alimentos en los acopios de la provincia. Por su parte, los productores cañeros e industriales azucareros donan azúcar y se dio el caso de que productores citrícolas también realizaron aportes de sus cosechas para esta obra solidaria cuyo único fin es el bienestar social.

El desafío
La actual crisis afecta a todos los sectores agroalimentarios de la Argentina y seguramente sus simbronazos llegarán a las instituciones a las que ayuda el Banco de Alimentos. Pero los productores no deben claudicar. Es parte del desafío seguir apoyando este tipo de emprendimiento benéfico, que es un paliativo para los sectores más desprotegidos de la sociedad tucumana.
Si con una crisis como la que actualmente estamos viviendo se moviliza el corazón y la conciencia de los productores, se puede decir que vamos por el buen camino. Y si la situación mejora, seguramente los aportes también se encauzarán en ese rumbo y habrá muchas más caras felices entre los que diariamente llegan a los comedores comunitarios por su ración de alimento.
Son los productores quienes deben esforzarse en mantener en vivo ese espíritu solidario. El ejemplo citado líneas arriba demuestra que el sector productivo provincial y nacional, que tienen su correlato con otros bancos de alimentos, no desampara a las instituciones de bién público ni siquiera en los peores momentos de la actividad.
Los chicos, los ancianos, los jóvenes, los mayores y las mujeres que atienden los comedores merecen del campo este contínuo esfuerzo. La población tucumana siempre estará agradecida por una obra tan bien concebida como el Banco de Alimentos de Tucumán.














