Los créditos están, pero no llegan a las manos del productor por las trabas que dificultan su acceso

Se calcula que en el país existen más de 200.000 empresas domésticas que generan beneficios directos para más de cinco millones de personas. Sorprende que se diga que el Estado apoya. El crédito es una herramienta fundamental para el hombre de campo. La posibilidad de acceder a estos no debe ser una utopía. Por Gustavo Frías Silva - Sección Rural.

13 Febrero 2009

El desarrollo y el crecimiento del país está dado por empresas de diferente envergadura, dedicadas a la producción de diferentes bienes y servicios.
Muchas son pequeñas y medianas empresas, que trabajan duramente por el bien del país y de una inmensa cantidad de personas que directamente aportan su mano de obra para la elaboración de esos bienes y servicios.
Se calcula que en el país existen más de 200.000 PyME dedicadas a muchísimos rubros de producción y, en una gran mayoría, a la generación de bienes y de servicios agropecuarios.
Empresas pequeñas y medianas; productores unipersonales, elaboradores de frutas y de hortalizas, de tabaco, de caña de azúcar, de granos de diversos tipos, de ganadería; prestadoras de servicios de cosecha, de siembra, de pulverizaciones; concesionarias de implementos y de maquinarias agrícolas; empresas fabricantes de implementos, de agroquímicos; fabricantes de insumos agrícolas; distribuidores; semilleros y una infinidad de otros rubros vinculados a la producción agropecuaria. son Pyme que generan riqueza para el país y sus productos y bienes son indispensables para mover el aparato agropecuario nacional.

Fuente laboral
Un informe del Colegio de Graduados de Ciencias Económicas de Tucumán (Cgcet) afirma que las Pyme en el país, en general, emplean entre cuatro y 120 personas en forma directa. Esto significa que brinda una fuente laboral a más de 1,2 millón de personas; un número que, con su efecto multiplicador, puede llegar a beneficiar a más de 5 millones de habitantes.
Sorprende que muchas veces desde el Estado se diga que se apoya en forma permanente a estas empresas de moderada envergadura cuando la realidad es prisionera de los datos que se publican frecuentemente.
Durante 2008 no se utilizaron más de $ 200 millones de los $ 238 millones que tenía asignados la Subsecretaria de las Pyme destinados al apoyo de estas empresas, vía créditos blandos -que debían ser otorgados por el banco Nación- y dineros del Estado para apoyar diversas actividades de estas empresas.
Diversos argumentos se ensayaron para explicar las causas por las que esos fondos no fueron usados. El más utilizado fueron los del conflicto con el campo y de la crisis internacional.
La actual situación de todo el campo argentino es de crisis debido a la actual política agropecuaria nacional -que no da garantías de nada- y a la fuerte sequía que azota muchísimas zonas productoras del país. Esto hace que de forma inmediata se busque el modo de ayudar a un aparato productivo que está en vía de pararse. La burocracia y la infinidad de requisitos que se exige cumplimentar hacen que estos créditos sean imposibles de alcanzar, o que directamente las entidades financieras del Estado no abran las carpetas para,al menos, saber de que se trata.

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Fuente de financiamiento
El crédito es una herramienta muy utilizada en el mundo como fuente de financiamiento y de crecimiento de las empresas agropecuarias, que sufren problemas debido a que el retorno de lo invertido se da anualmente -cuando se cosecha- o en ciclos de cultivo largos, de varios años -cuando las plantas o los animales cumplen con su ciclo biológico para dar sus frutos.
Para el sector hacen falta, en forma permanente, créditos blandos, de tasas no usurarias y de fácil accesibilidad; más aún en situaciones como la que actualmente atraviesa el campo.
Seguramente, decir esto pasa a ser una utopía con la actual política agropecuaria nacional en curso; pero repetir que el crédito es un pilar para el crecimiento debe ser una constante.
Si se cambia el rumbo en el país, se puede lograr que esta herramienta se encuentre al alcance de todos y sea un salvavidas flotante, que ayude al productor, y no uno de plomo que lo hunda aún más y lo lleve a la quiebra, con la consecuente pérdida de las fuentes laboral y productiva.
El trabajo mancomunado de la Sepyme, de las asociaciones de productores, de la Provincia y del IDEP, en conjunción con los bancos, debe ser permanente. Y se debe procurar tener como objetivo que esa plata no quede guardada y que se le dé el uso para el cual a sido destinada.

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