La Mesa de Enlace mantiene su disgusto con el Gobierno nacional por la falta de diálogo

La conducción de las principales entidades agropecuarias del país convocó a un paro de comercialización. Fueron convocados por el Ejecutivo para evaluar las soluciones para los sectores en crisis. Por Ernesto José Caram - Sección Rural.

LA GACETA LA GACETA
20 Febrero 2009

En unas pocas horas, lo que parecía una muestra de madurez del sector agropecuario, de suspender toda medida de protesta contra las políticas nacionales para el sector, tuvo un giro de 180º cuando la Mesa de Enlace decidió convocar a un paro de comercialización. Los productores aducen que el Gobierno no los tiene en cuenta y que sólo hay para ellos “chicanas” permanentes. Desde el lado de la Casa Rosada, afirman que el campo fue beneficiado con un conjunto de normativas que los favorecen.
Días y noches se gastarán patra dilucidar cuál de los dos sectoles tiene razón. Mientras tanto, en la vereda de enfrente la población siente que las disputas volverán a repetirse como en 2008, cuando la lógica indica que, en un momento de crisis como el actual, habría que evitar la confrontación social y política.
¿Qué falta para lograr la paz anhelada? Que los proyectos se analicen con detenimiento, que las propuestas tengan un claro sentido conciliador y que, por sobre todas las cosas, se busque recomponer las desgastadas relaciones entre el Poder Ejecutivo nacional y el sector agropecuario, luego de tantos meses de desencuentros.
Transcurrido ya un tiempo prudencial desde aquel llamado para que “prime la razón sobre la fuerza”, la Comisión de Enlace volvió al ataque con sus reclamos y, mediante un comunicado, manifestó su disgusto ante tantas dilaciones por parte del Gobierno, que sólo tienden a crear un clima enrarecido en la ya frágil relación campo-Gobierno.

Normalización
El reclamo pasa hoy por brindar una rápida respuesta y avanzar en el dictado de medidas tendientes a amortiguar la crisis por la que atraviesa el sector productivo del país.
El campo todavía no encuentra la forma de seducir al Gobierno para que entienda que los problemas que están padeciendo son reales y necesitan de una rápida solución. Desde la Comisión de Enlace manifestaron esta semana que es necesario restablecer el diálogo perdido para avanzar en la normalización de los procesos comerciales y que se retome, así, la comercialización de granos y de otros productos agropecuarios en forma urgente. Pero este reclamo que proviene desde el mismo seno del sector productivo local, manifestado a través de diferentes medios, tuvo eco en las asociaciones de compradoras de carnes del mundo que, a través de una nota dirigida a la Presidenta de los argentinos, solicitan la urgente apertura de las exportaciones de carnes argentinas. Y para ello, pidieron que se dicten medidas tendientes a retomar las cargas de carne vacuna de exportación, para restituir la confianza en toda la cadena de valor que incluye, en la actualidad, a productores, a frigoríficos, a exportadores, a navieras y a importadores de todo el mundo interesados en el valioso producto argentino.
Esta relación entre campo-Gobierno, cuyo deterioro es ostensible dentro de un diálogo cortado y sin vías de pronta solución, es reclamado coincidentemente desde dentro y desde fuera del país. Todos opinan que si no se articula en breve una nueva política agropecuaria, con un fuerte incentivo a la producción y a la exportación, y se deja en libertad a los empresarios para que tomen las mejores decisiones, será imposible que se revierta la actual tendencia de crisis.

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Las consecuencias
Todo este contexto de conflicto irresuelto conlleva a una menor producción, a menores exportaciones y, lógicamente, a un menor ingreso de divisas a las arcas del Estado. De esta manera, se rompe la base de los acuerdos para una mejor producción, para la generación de más y mejores fuentes de trabajo y para un mayor crecimiento de los sectores a nivel global.
Desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) dejaron bien en claro que la crisis de los pueblos en el interior del país es de tal magnitud que los despidos y la desaceleración de la economía promoverán mayores problemas, traducidos en desnutrición y en pobreza.
Los argentinos perdimos el año 2008 entre rencillas, disputas y enfrentamientos. Hoy el mundo se muestra agobiado por una crisis económica internacional que está, pero que no se sabe hasta dónde llegará y qué daños causará. Es el tiempo de deponer los antagonismos.

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