Por Gustavo Frías Silva
16 Octubre 2009
Hay comentarios en el campo que son positivos
La falta de lluvias, algo normal en esta época del año, se asoció en la charla a la posibilidad de viabilizar obras de infraestructura, como las de riego y viales, a partir del acercamiento entre el Gobierno provincial con la dirigencia de la Sociedad Rural y de otras instituciones del sector. Por Gustavo Frías Silva - Sección Rural.
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En los campos tucumanos el comentario estuvo centrado esta semana en la falta de lluvias, un hecho normal para la época, y el acercamiento del Gobierno provincial con los productores aglutinados en la Sociedad Rural de Tucumán y en otras asociaciones. La lógica expectativa hizo pensar inmediatamente en una respuesta oficial a los históricos reclamos de obras de infraestructura para las zonas agrícolas tucumanas, entre ellas las de riego y viales, entre las prioritarias.
En estos momentos, la situación del campo tucumano es diversa. Hay poca humedad en los suelos con cultivos de invierno, en especial el trigo; la campaña citrícola terminó con una cosecha escasa pero con un buen comportamiento de los mercados internacionales; la zafra azucarera casi finaliza con una suba de precios y sin ningún corte de producción por lluvias, y todo está listo para comenzar la campaña gruesa, en cuanto las condiciones climáticas sean las propicias. A este cuadro se suma un final de cosecha de frutilla exitoso y el comienzo de la recolección de arándanos.
Dentro de esta situación positiva, resulta también auspiciosa la noticia sobre las reuniones mantenidas entre sectores productivos con el Ejecutivo provincial. El gobierno tiene la intención de conocer lo que necesita el sector en cuanto a infraestructura, y lo que puede aportar en beneficio de las economías productivas agropecuarias. Es sabido que esas obras rurales tienen un fuerte impacto en los cultivos de la región beneficiada, y cumplen con el objetivo para la cual fueron proyectadas.
En forma permanente desde esta columna tratamos el tema sobre la necesidad de estudiar, financiar, invertir y construir diferentes obras que son indispensables para el productor y su entorno, que es el más importante eslabón de la cadena productiva dentro del abastecimiento del mercado nacional e internacional.
La relevancia de las obras de infraestructura rural es indiscutible, así como que es el Estado el responsable de viabilizarlas ya tiene todas las herramientas que se necesitan para ejecutarlas. Pero el productor no puede estar ajeno en esta cruzada.
El Prosap -Programa de Servicios Agrícolas Provinciales-, que se encuentra ahora en el ámbito del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación, tiene como objetivo fundamental promover el desarrollo agropecuario en todas las provincias del país a través de la transferencias de recursos de inversión para obras de infraestructura rural.
En Tucumán, a través del Prosap se concretaron obras de riego en Tafí del Valle, se encuentran en la etapa de finalización las obras en Lules, y avanza en sus distintas etapas el programa de mejoramiento de caminos rurales.
De manera que los productores que serán beneficiarios directos e indirectos de estas iniciativas deben apoyar esos programas, que se gestionan y ejecutan a través del Gobierno provincial, sea por medio de acciones personales o de las instituciones que los nuclean. Los pedidos de los cultivadores deben seguir por esa senda.
Las obras de infraestructura rural son indispensables y hoy el campo tucumano tiene al alcance de la mano un plan nacional que puede solucionar las falencias. En este sentido, no sería utópico pensar en la reparación de numerosos caminos rurales para acceder a las zonas agrícolas y sacar las producciones sin inconvenientes y a tiempo. A los planes que lleva adelante el Prosap se pueden adherir nuevos proyectos.
En materia de riego, también está abierta la posibilidad de llevar soluciones a las diversas zonas de la provincia que lo necesitan.
Además se podría materializar la institucionalización de un sistema público-privado para la gestión de la red provincial de caminos terciarios, con la participación de la Dirección Provincial de Vialidad y las organizaciones de usuarios con fondos provenientes de los productores y del Estado provincial. Esto le daría sentido al pago de las tasas comunales que hoy no tiene el correlato de un servicio acorde con los montos que deben erogarse, y que en algunos casos es nulo.
La verdadera preocupación del Gobierno tucumano por el sector productivo puede medirse por los niveles de inversión en obras de infraestructura. Esto implica apostar al mediano y largo plazo. Más allá de quién sea las que las inaugure, es un capital social irremplazable, claramente promotor del desarrollo rural sostenible y la mejor forma de redistribuir la riqueza y promover la inclusión social.
El agua para riego, los caminos rurales y otras obras como desagües, sistematización de cuencas y electrificación deben ser prioritarias, y la única forma de lograrlas es el diálogo sincero entre el gobierno y el campo, con proyectos que sean viables.
En los campos tucumanos el comentario estuvo centrado esta semana en la falta de lluvias, un hecho normal para la época, y el acercamiento del Gobierno provincial con los productores aglutinados en la Sociedad Rural de Tucumán y en otras asociaciones. La lógica expectativa hizo pensar inmediatamente en una respuesta oficial a los históricos reclamos de obras de infraestructura para las zonas agrícolas tucumanas, entre ellas las de riego y viales, entre las prioritarias.
En estos momentos, la situación del campo tucumano es diversa. Hay poca humedad en los suelos con cultivos de invierno, en especial el trigo; la campaña citrícola terminó con una cosecha escasa pero con un buen comportamiento de los mercados internacionales; la zafra azucarera casi finaliza con una suba de precios y sin ningún corte de producción por lluvias, y todo está listo para comenzar la campaña gruesa, en cuanto las condiciones climáticas sean las propicias. A este cuadro se suma un final de cosecha de frutilla exitoso y el comienzo de la recolección de arándanos.
Dentro de esta situación positiva, resulta también auspiciosa la noticia sobre las reuniones mantenidas entre sectores productivos con el Ejecutivo provincial. El gobierno tiene la intención de conocer lo que necesita el sector en cuanto a infraestructura, y lo que puede aportar en beneficio de las economías productivas agropecuarias. Es sabido que esas obras rurales tienen un fuerte impacto en los cultivos de la región beneficiada, y cumplen con el objetivo para la cual fueron proyectadas.
En forma permanente desde esta columna tratamos el tema sobre la necesidad de estudiar, financiar, invertir y construir diferentes obras que son indispensables para el productor y su entorno, que es el más importante eslabón de la cadena productiva dentro del abastecimiento del mercado nacional e internacional.
La relevancia de las obras de infraestructura rural es indiscutible, así como que es el Estado el responsable de viabilizarlas ya tiene todas las herramientas que se necesitan para ejecutarlas. Pero el productor no puede estar ajeno en esta cruzada.
El Prosap -Programa de Servicios Agrícolas Provinciales-, que se encuentra ahora en el ámbito del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación, tiene como objetivo fundamental promover el desarrollo agropecuario en todas las provincias del país a través de la transferencias de recursos de inversión para obras de infraestructura rural.
En Tucumán, a través del Prosap se concretaron obras de riego en Tafí del Valle, se encuentran en la etapa de finalización las obras en Lules, y avanza en sus distintas etapas el programa de mejoramiento de caminos rurales.
De manera que los productores que serán beneficiarios directos e indirectos de estas iniciativas deben apoyar esos programas, que se gestionan y ejecutan a través del Gobierno provincial, sea por medio de acciones personales o de las instituciones que los nuclean. Los pedidos de los cultivadores deben seguir por esa senda.
Las obras de infraestructura rural son indispensables y hoy el campo tucumano tiene al alcance de la mano un plan nacional que puede solucionar las falencias. En este sentido, no sería utópico pensar en la reparación de numerosos caminos rurales para acceder a las zonas agrícolas y sacar las producciones sin inconvenientes y a tiempo. A los planes que lleva adelante el Prosap se pueden adherir nuevos proyectos.
En materia de riego, también está abierta la posibilidad de llevar soluciones a las diversas zonas de la provincia que lo necesitan.
Además se podría materializar la institucionalización de un sistema público-privado para la gestión de la red provincial de caminos terciarios, con la participación de la Dirección Provincial de Vialidad y las organizaciones de usuarios con fondos provenientes de los productores y del Estado provincial. Esto le daría sentido al pago de las tasas comunales que hoy no tiene el correlato de un servicio acorde con los montos que deben erogarse, y que en algunos casos es nulo.
La verdadera preocupación del Gobierno tucumano por el sector productivo puede medirse por los niveles de inversión en obras de infraestructura. Esto implica apostar al mediano y largo plazo. Más allá de quién sea las que las inaugure, es un capital social irremplazable, claramente promotor del desarrollo rural sostenible y la mejor forma de redistribuir la riqueza y promover la inclusión social.
El agua para riego, los caminos rurales y otras obras como desagües, sistematización de cuencas y electrificación deben ser prioritarias, y la única forma de lograrlas es el diálogo sincero entre el gobierno y el campo, con proyectos que sean viables.
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