Las PyME agropecuarias esperan ayuda oficial

Hace 15 años se publicó un libro para resaltar la reconversión del campo, con el ejemplo de 101 proyectos exitosos en las economías regionales. Hoy, muchos de los emprendimientos no existen, y los que subsisten, languidecen. Como ocurre en otros países, en la Argentina el Gobierno debería acompañar con políticas que beneficien al sector. Por Ernesto Caram - Sección Rural

06 Noviembre 2009
Cuando el ingeniero Felipe Solá era Secretario de Agricultura de la Nación -hace 15 años- se publicó un interesante libro titulado "Cambios con Impacto, la reconversión en el campo". En este trabajo se habían recopilaron a modo de ejemplo 101 proyectos exitosos de las diferentes economías regionales del país, entre las que se destacaban emprendimientos de todas esas regiones en general y del NOA en particular. Y lo positivo era que se desarrollaron a través de planificaciones familiares que se convirtieron en verdaderas PyME Agropecuarias, motorizando así a cientos de regiones del interior del país.
Los proyectos abarcaban desde la producción de encurtidos riojanos para el mundo; la producción de cabras en la cadena de valor; de aceite de jojoba; producción de duraznos tempranos en Jujuy; de carne de cerdo con tecnología local tucumana; producción de botas con cuero de lagarto; el renacimiento del pimiento para pimentón en Salta; o la producción de frutos exóticos como la palta en Tucumán para abastecer al mercado mundial.
También figuraban la producción de pasas de uvas, alcaparras, arroz, aceite de oliva, etc. Lamentablemente 15 años después el balance es negativo, ya que la mayoría de estos emprendimientos fracasaron y, si bien todavía quedan algunos que luchan por subsistir, van languideciendo. El resto desapareció y hoy forman parte del olvido, pues no pudieron subsistir frente a tantas políticas cambiantes, a la escasez de incentivos fiscales o promociones a la producción y/o excesiva presión fiscal. Todo un esfuerzo que se vio  truncado con una gran cantidad de productores que fracasaron y generaron una importante cantidad de mano de obra desocupada.
La producción perdió frente a la orfandad de políticas claras y duraderas y sobre todo ante la especulación financiera que cobraba cada día más poder. En los países más desarrollados que el nuestro, donde existen políticas agropecuarias más claras, los pequeños y medianos emprendimientos son los que alimentan las economías regionales y generan empresas PyME sólidas con mano de obra familiar, que se convierten en motores de las economías de los países.
Esto es lo que ocurre en la actualidad en Francia, en España, en Italia, en Alemania o en Bélgica y es lo que hace grande a la Unión Europea.
Algunos proyectos grandes -siempre acompañados por cientos de pequeños y medianos establecimientos que motorizan la economía-, son los que le dan grandeza a la producción de alimentos y al crecimiento de un país. El mundo con la creciente globalización de la economía evidenció entre otros indicadores un crecimiento acelerado en el comercio internacional y sobre todo de alimentos. Y la Argentina, a partir de las décadas del 80 y del 90, supo adaptarse a esos cambios y hacer crecer la oferta.
Pero lamentablemente en los últimos años el país perdió su estatus de referente en la exportación de carnes de calidad, de trigo o de maíz, de peras y manzanas o de corderos patagónicos, de encurtidos y de pimentón. En el último Censo Nacional Agropecuario 2008, cuyos resultados recién se están dando a conocer en estos días por el Indec, se establece friamente que desaparecieron en el país 56.961 explotaciones rurales y la mayoría de ellas pertenecientes a pequeñas empresas.
Esto significa un grave retroceso en un país que parecía haber encontrado su rumbo. Pero  nos equivocamos y la realidad muestra que se dilapidó un gran capital en los últimos años, con políticas que impactaron negativamente y en forma directa en la reconversión necesaria que exigía un mundo cambiante.

A favor del agro
Hoy la producción de soja, que por lo general está en manos de medianos a grandes productores, es el cultivo que está salvando al Gobierno nacional, que hecha mano a impuestos distorsivos y negativos, como las retenciones, para reconstruir su caja.  Seguramente que tarde o temprano la situación puede cambiar y la Argentina volverá a tener más gravitación en las exportaciones de productos no tradicionales, como los que a partir de la década del 80 provocaron un importante impacto en todas las regiones productivas del país.
El Gobierno nacional tiene que traccionar a favor del agro, ya que en un país tradicionalmente agrícola ganadero como el nuestro la salida de cualquier crisis pasa por fomentar las producciones, también por insistir con la explotación de nuestra capacidad natural y usar todas las ventajas comparativas respecto de los países competidores, tanto del Mercosur como del resto del mundo.
No hay que olvidarse de la creación de las ventajas competitivas, bien sea utilizando los mismos productos o los nuevos, y confiar en que el éxito coronará el esfuerzo y la inversión, como en la experiencia de las décadas del 80 y 90

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios