LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA
Parecía el velorio de alguien famoso. No de un héroe o un estadista querido, más bien de un ídolo popular que partió en su propia ley, sembrando más alegría por la buena vida que pena por el adiós. No había tristeza, ni llantos, ni pataleos; más bien era una fiesta de despedida, con cantitos, aplausos y hurras incluidos. Hasta los autos que pasaban por la primera cuadra de la avenida Aconquija agitaban el saludo con las bocinas.
Se festejó comiendo, naturalmente. A las 21, cuando llegó el equipo multimedia de LA GACETA, ya no quedaban sánguches de lomito y la pila de milanesas de desagotaba a velocidad récord. Los maestros sangucheros movían las manos como en las épocas doradas, cuando no había en El Cristo otra dueña y soberana de la milanga que "Chacho". A esa hora había que esperar 40 números para ser atendidos; a las 22, los turnos de aguante eran 100 y la cosa no tenía intenciones de disminuir.
"Esto me da mucha alegría y un poco de tristeza también", confesó Estela "Chacha" Leguizamón, la viuda del sanguchero que hizo historia ahí, donde se unen San Miguel de Tucumán y Yerba Buena.
La alegría era, según confesó, porque no se imaginaba tantas demostraciones de afecto. Cada vez que ella pasaba para el otro lado de la barra forrada en azulejos, los futuros estómagos desamparados la aplaudían y le pedían que no cierre, le decían que "Chacho" es una institución, que qué van a hacer ahora cuando salgan de bailar, y que como "Chacho" no habrá otra igual.
Los amigos la aplaudían por otra cosa. "Cuando me contaste que ibas a cerrar no te creí. Recién ahora lo hago. Por fin vas a disfrutar de la vida, Estelita", la alentó Ahmad. Junto a su mujer, Cristina Gil, son íntimos amigos de la viuda.
"La Chacha" se ríe de las versiones que indican que la sanguchería está fundida por la competencia. "Mirá como está esto. Es como todo negocio, a veces hay más gente, a veces menos, pero fundida no está. Yo dejo porque necesito descansar, necesito curarme. Ahora nos vamos todos de vacaciones y en febrero vamos a ver qué pasa", le confesó Estela a LA GACETA. De reojo miraba preocupada: el domingo, el local estuvo abierto hasta las 8 de la mañana, pero difícilmente la historia podía repetirse anoche: las milanesas no iban a alcanzar para todos.
Especialistas
Entre la turba hambrienta estaban algunos miembros del blog especializado criticosdelsanguche.com.ar. Ellos trabajan de forma anónima, porque en Tucumán la milanesa es una cuestión sensible. "Esto es un golpe muy duro, no solo porque es la más emblemática, sino porque dio el puntapié para todas las que se instalaron en la zona. Vinimos a despedir un sánguche que no vas a encontrar nunca más en la vida: si cierra una de las sangucherías de enfrente no pasa nada, porque hay otras muy parecidas. Pero como esta, hasta el momento no hay", analizó uno de los integrantes del equipo.
Protagonistas
Alperovich ofreció ayuda a "la Chacha"
No era un rumor que andaba circulando: según la propia Estela "Chacha" Leguizamón, el hijo del gobernador Alperovich la llamó para preguntarle qué pasaba y qué necesitaban. Ella le prometió una visita. Eso sí: ni a Alperovich, ni a la familia, ni a la almohada le pasará la receta de la cebolla que acompaña su sánguche. Se la pidieron varios.
Patricio Carrasco no llegó a la despedida
Con una carta enviada a través de su hermano Sebastián, Patricio Carrasco se despidió de "Chacho". Él estudia en Buenos Aires, y la primera parada cuando viene a Tucumán es en la tradicional sanguchería. "Le faltaban 15 días para venir, no veía las horas, y se enteró de esto", dijo Sebastián. Él les acercó la carta a la dueña y a los sangucheros.
"Existo gracias a Chacho"
Matías Giraud (17) se fue a despedir de la sanguchería donde se conocieron sus padres. "Mi mamá estaba comiendo acá, hace 28 años, y mi papá la encaró. Ella no le dio bola, pero él la siguió hasta su casa y al día siguiente le llevó flores. Aquí empezó todo", contó Matías. Hacía rato que no concurría, pero cuando eran chicos iban siempre, reveló.
"Este es el fin del mundo"
Suena exagerado, pero para los fanáticos de "Chacho" es dramático. Y si no que lo diga César Juárez. "Para los que nos gusta la milanga este es el fin del mundo. Yo vivo en Yerba Buena y la cosa era venir el día que cobro a comer con la familia", dijo el productor radial y ex jefe de prensa de San Martín. A su lado, con la cara larga, lo esperaba su hijo, Benjamín.

















