24 Noviembre 2013
Los Valles que unen Catamarca, Tucumán y Salta se han convertido en una promisoria cuenca vitivinícola, cuyo crecimiento demandará un correlativo crecimiento de las ciencias aplicadas a tal objeto. Por ello me atrevo a sugerir que ya, de inmediato, la UNT comience a planificar la escuela de enología, que funcionaría en aquella zona. Debe ya mismo adquirir un terreno apropiado para sus aulas, laboratorios y campos de cultivo, y obviamente su bodega. Quiero imaginar dos carreras que se dictarían allí: licenciatura en Enología Industrial y otra en Enología Agronómica, para la formación de los dos tipos de especialistas que requiere esa industria. Además por razones prácticas, dividiría ambas carreras en dos etapas. La primera de tres años para formar técnicos en cada caso, y brindar una primera salida laboral. La segunda etapa de dos años más, formaría los licenciados en cada caso. Lograda esta etapa vendría la Ingeniería Enológica, de seis años. Y como soñar no cuesta nada, termino imaginándome una carrera de similares características para las Ciencias de la Alimentación, ya que en casi todos los lugares donde hay vid hay olivos y frutas, y también en ese campo se necesitarán especialistas. ¿Será mucho pedir para una Universidad que está asociada a una muy grande empresa minera, y que por ende recibe fondos que deben aplicarse al futuro? Lo que propongo no es una utopía, es una real exigencia de nuestros tiempos. Pensemos cómo pensaban sus fundadores: con audacia, con honestidad y con amplio sentido común.

Tulio Ottonello
tso.lu2ku@gmail.com

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