El saqueo moral

Por Guillermo Villarreal - Columnista de la agencia DyN

22 Diciembre 2013
BUENOS AIRES.- La Iglesia volvió a cargar las tintas sobre la corrupción y las consecuencias de la inflación en los sectores más empobrecidos del país. El Gobierno se sintió tocado y salió a defender el “éxito” de la política de inclusión social instrumentada por la administración kirchnerista.

El cruce verbal entre referentes eclesiásticos y funcionarios sobre temas sensibles para los residentes de la Casa Rosada, pareció poner distancia en la mejora de la relación Gobierno-Iglesia que sobrevino a raíz de elección pontificia de Jorge Bergoglio.

La advertencia sobre un “saqueo de tipo moral” del presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano, fue lapidaria en cuanto a la falta de transparencia en el manejo de los fondos públicos: “La corrupción que usurpa los dineros del pueblo también aprieta gatillos con balas de hambre o de mala atención de la salud”, alertó.

La réplica del jefe de Gabinete no fue menos punzante: “Me parecen interesantes los comentarios que han surgido desde la Pastoral Social respecto de los fracasos de las políticas de la inclusión social, la corrupción política y los saqueos. Como católico practicante, le pido a la santa Iglesia Católica que pongamos en debate la corrupción empresarial”, reclamó.

También fue categórico el comentario del vocero de la Conferencia Episcopal Argentina, sacerdote Jorge Oesterheld, sobre la inflación, al advertir que “ha licuado la contención de los planes sociales”. “Lo que falta es trabajo genuino, porque cuando se habla de desocupación se cuenta como personas ocupadas a quienes reciben planes sociales y en realidad no están ocupados”, aseveró en alusión a la medición del Indec que ubica en el sólo 6,8 por ciento el índice de desempleados.



A calmar las aguas

Pese a este contexto discursivo y ante la “psicosis” colectiva a que se repitan los saqueos, tras los incidentes en las provincias en el marco de una protesta policial y en coincidencia con un nuevo aniversario de los trágicos sucesos de diciembre de 2001 que precipitaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, la Iglesia intentó calmar las aguas.

Los obispos católicos exhortaron esta semana a cultivar la amistad social y propusieron acciones que pudieran ayudar a la pacificación y al diálogo entre los argentinos en vísperas de Navidad.

Con esa y otras preocupaciones sociales, monseñor Lozano logró concretar un gesto fuerte al reunir en la sede episcopal a los jefes de los partidos políticos de representación nacional para que firmen un acta compromiso con “lineamientos básicos” para promover políticas públicas a fin de reducir el consumo de drogas y combatir el narcotráfico.

El gran ausente fue el kirchnerismo, que iba a enviar al gobernador bonaerense Daniel Scioli, pero a último momento se excusó y envió una nota de adhesión. “Habrá tenido algo más importante que hacer”, murmuró con ironía uno de los políticos presentes.

La noche del miércoles, Capitanich y Scioli se comunicaron varias veces para intentar una salida prolija al desplante y estar bien representados al día siguiente en el acto de rúbrica del compromiso contra el narcotráfico. Pero finalmente, nadie del Frente para la Victoria asistió.

Muy pocos en la sede episcopal de Suipacha 1032 creyeron el argumento de que la ausencia de Scioli estaba motivada por “cuestiones de agenda” a raíz de recientes cambios en el gabinete provincial.

“No se puede entender que un hombre (por Scioli) que trabajó intensamente en este proyecto no participe en una foto que podría no gustarle a sus aliados políticos”, se quejaron referentes eclesiales.

La fuente interpretaba de este modo que Scioli no quiso ser nuevamente partícipe de una foto junto con otros tres presidenciables opositores como son el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri y los diputados Sergio Massa y Hermes Binner.

Esto, a pocos días de que otra imagen suya con el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, quien también tiene aspiraciones a la Presidencia, fue difícil de digerir por el kircherismo más duro y cercano a la primera mandataria Cristina Fernández.

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