La basura, una cuestión de conciencia

26 Febrero 2014
Alguna vez supo ser el jardín de la provincia. El lugar donde todos querían estar, vivir e invertir. Donde el cielo era más azul y el verde, más vivo. Un lugar que nos remontaba a nuestro Paraíso primordial. Pero, desde hace un tiempo, estos atributos dejaron de brillar y fueron tapados por montañas de desechos. En ediciones anteriores nos ocupamos ampliamente de este problema que está afectando seriamente a Yerba Buena. Y, como suele suceder siempre con los problemas complejos, las culpas se repartieron entre los políticos, los vecinos y los funcionarios. Están aquellos que aseguran que hay una desidia muy grande entre los vecinos que, incluso, colaboran con la formación de algunos basurales imposibles de erradicar. Y están también los que se quejan de que el camión recolector nunca pasa por su cuadra. Lo cierto es que, en las últimas horas, la misma empresa encargada de recolectar los residuos domiciliarios y comerciales en la Ciudad Jardín, reconoció que el servicio está acotado porque el consorcio metropolitano de gestión de residuos sólidos le adeuda el pago de cuatro meses. Mientras tanto, los vecinos de Yerba Buena ven cómo la basura se acumula irremediablemente frente a sus casas, con el consiguiente drama sanitario que esto implica. Como se ve, el problema es complejo y de difícil resolución. Hace dos años, en ese mismo municipio, se lanzó un programa denominado “Basura cero”, que nunca prosperó. Y, el año pasado, organizaciones ambientalistas pusieron en marcha un plan destinado a concientizar y compromoter a los vecinos con la alternativa del reciclado de residuos. Sin embargo, en los últimos meses, la basura siguió ganando las calles yerbabuenenses, incluidas las más céntricas y comerciales. Así las cosas, es necesario que tanto vecinos como funcionarios tomen conciencia del rol que les toca a cada uno. Creemos que, como ya dijimos en este mismo espacio, el problema de la basura es básicamente cultural. La ciudad es una extensión de nuestro hogar. Y si nos esmeramos en cuidar la limpieza y el orden en nuestras casas... ¿por qué no lo hacemos en nuestro barrio? ¿Por qué no lo hacemos en la ciudad? Para eso es necesario, primero, un fuerte vínculo entre las autoridades con los centros vecinales, a fin de dar una respuesta inmediata a los problemas. Y, en segundo lugar, se precisa encarecidamente firmeza con cada medida que se toma. Es decir, si se decide multar a los infractores, pues se debe cumplir con esa medida. También es importante que el municipio apueste por el reciclado de los residuos. Es decir, separar los desperdicios y convertirlos en materia prima para nuevos productos. En eso se basan las soluciones actuales que, al mismo tiempo, son menos contaminantes. Sin embargo, como afirman los ecologistas, “la mejor solución para el problema de la basura es no producirla”. Es decir: reducir la cantidad de desperdicios y reutilizarlos en el hogar, en lugar de tirarlos sin contemplación a la calle. En este sentido, las organizaciones ecologistas la tienen clara: el 40% de toda la basura urbana es orgánica y, por lo tanto, se puede manejar naturalmente. Además, el 16% de la basura son papeles y cartones, es decir, desechos que se pueden separar para que se lo lleve algún cartonero. ¿Y con los plásticos? Bueno, la mejor alternativa es cambiar los hábitos de consumo. Comprar bebidas en botellas de vidrio retornable (que al mismo tiempo son más económicas) o hacer las compras con el changuito. Todo es cuestión de tomar conciencia de que nuestra ciudad es también nuestro hogar.

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