“NOSOTROS”
“Nosotros” es un tango de Reynaldo Yiso. Sus versos nos cuentan crisis frecuentes en las parejas, las razones son: descuidamos el amor, el diálogo, los detalles, el orgullo tonto que nos inhibe reconciliarnos cuando estamos distanciados, la falta de oración y común-unión con Dios. En una parte, Yiso nos dice: “ayer fue primavera en nuestras vidas/ qué grande fue el cariño de los dos/ vivíamos sin penas sin espinas/ dos almas un solo corazón./ De pronto la amargura de un reproche/ y el cielo de los dos oscureció/ la tibia primavera se hizo noche/ y el brillo del orgullo nos cegó”. El poeta nos muestra lo que no debemos hacer, Canaro escribió estos versos: “hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana”. Una muestra que el amor debe crecer diariamente, sino la cotidianidad nos destruye, debemos agradarnos y complacernos, la mujer debe olvidarse de las jaquecas fingidas. El orgullo debe ser reemplazado por humildad. El diálogo debe fluir permanentemente, no consideremos diálogo las informaciones domésticas, cuidemos los detalles, hagamos trabajar el bien, para fortalecernos, así en los momentos de crisis, llámese enfermedad, malos gobiernos, tentaciones, estaremos prevenidos, porque si el bien descansa, el mal traba bien. A veces un reproche causa agravios y en vez de hablarlo, salimos a regar el problema, le contamos a todos los que nos rodean, mientras Dios espera que nos acordemos de Él para socorrernos, pero nosotros, ciegos, sólo con el orgullo a cuestas, queremos solucionarlo todo. Si nos caemos, nos golpeamos y no podemos levantarnos, necesitamos ayuda, pero el orgullo nos ciega y decimos: “yo puedo solo”. En las Bodas de Caná de Galilea, cuando faltó el vino, María fue la primera en darse cuenta, pero no anduvo diciendo a los invitados: “no tienen vino”, fue a decirle a quien podía solucionarlo, a Jesús y Él dijo: “pongan agua”, ¿para qué, si Él podía hacerlo todo? El mensaje es claro, Jesús quiere que nosotros pongamos de nuestra parte, significa esto que siempre tenemos que poner el agua; el agua es interés en arreglar la pareja, por ejemplo: recordar juntos momentos felices, vivimos mal, tenemos las vasijas resecas, llenas de lágrimas, odio, miserias... pongamos agua, luego oremos así: “Señor, queremos arreglar este matrimonio que tú has unido”. Es la oración que Dios quiere oír. Él hará el milagro y volveremos a beber el vino nuevo y cada conflicto superado será un crecimiento en la pareja. No debemos pensar en separarnos, es cobardía, lo clásico y fácil de hoy en los matrimonios. Porque mañana formaremos otra pareja y el conflicto volverá a presentarse y ya sin la experiencia, sin el sacramento del matrimonio correremos la misma suerte, juntando medios hermanos y recorriendo caminos sin destino. Otra parte del tango dice: “Nosotros, tanto y tanto nos amamos/ y estamos para siempre separados/ nosotros fuimos sólo un corazón/ por el mísero amor propio nos quedamos sin amor / nosotros hoy lloramos pero es tarde/ porque fuimos dos cobardes/ que cerramos nuestros labios / a la gloria de un perdón”. No caiga en esto y los hijos, agradecidos.
Julio Mohfaud
juliomohfaud@hotmail.com
EL LATÍN
Dos latinajos sólo en una página: “Carpe diem” en esta sección, y “sine qua non” en el Panorama Tucumano del 16/7. Días antes, un lector había terminado su carta con una larga sentencia latina. En fin, el latín siempre presente. Con este introito, cae de maduro que quiero referirme al latín, idioma que hace añares -en aquellos buenos tiempos de la educación pública- teníamos como materia en el Colegio Nacional Bartolomé Mitre. En LA GACETA Literaria pudimos leer una entrevista a Pedro Luis Barcia, Presidente de la Academia Nacional de Educación (6/7). Allí, el académico menciona la palabra “sponsor”. Créase o no, ese término es latino. En mi viejo diccionario latín-español se lee: “Sponsor, oris, m, el fiador que se obliga por otro”. Nosotros lo perdimos; los ingleses lo conservaron y luce bien. Quería destacar que Barcia es un defensor de la enseñanza del latín en el ciclo secundario. Por lo valiosa, conservo una nota de su autoría titulada “Por qué es importante estudiar latín en la escuela secundaria” (La Nación, 23/7/06). Transcribo unos párrafos. “El éxito y la buena salud del latín en los colegios están más que probados; muestras al canto: el Nacional de Buenos Aires, el Monserrat de Córdoba, y un buen número de secundarios en muchas provincias. Ayer, entrevistábamos, para una beneficiosa beca, a un estudiante universitario cordobés de informática, que se lamentaba de que se hubieran reducido los cursos de latín del Monserrat, de donde egresó. Cabe preguntarse por qué se enseña latín, qué conveniencia trae. Lo primero, es lengua madre de todas las romances actuales, y sustrato importante del inglés, actual lengua franca mundial. Segundo, el sistema de esa lengua exige un tipo de ejercicio mental diferente del que piden las modernas. La estructura sintáctica, mucho más suelta pero notablemente articulada, ofrece la posibilidad de desarrollar competencias lingüísticas diferentes de las que estimulan las lenguas modernas. De esto se trata: de que las capacidades cognitivas se desarrollen en todas las direcciones posibles... La organización peculiar, rigurosa, diferente, del latín, es altamente pedagógica. Las formas declinantes, los casos,... la capacidad lapidaria de la expresión concisa, todo esto propone experiencias enriquecedoras propias de esa lengua. Borges, que lo estudió gustoso, escribió: “Todos sentimos la nostalgia del latín”. Un optimista artículo sobre “el retorno del latín” nos brindó el licenciado en Letras Arturo Álvarez Hernández, en la Sección Literaria (24/8/97), con motivo de que, poco antes, el semiólogo Umberto Eco había opinado -en La Nación- que “el latín debería estudiarse a partir de la escuela primaria”. Para terminar, dos datos curiosos. En primer lugar: el latín se moderniza. El Vaticano, en razón de que es la lengua oficial, incorpora constantemente nuevas palabras. Vayan estos simpáticos ejemplos. Gol se dice “retis violatio” (violación de la red); pizza se dice “placenta compressa” (torta comprimida); poncho se dice “paenula americana” (capa de viaje americana). En segundo lugar, comento que hace mucho tuve en mis manos un ejemplar de las aventuras de Asterix ¡en latín! La editorial francesa publicaba la historieta en varios idiomas. ¿Sería para competir con El Pato Donald? Pero a no esperanzarse. Hay que ser realistas. Mal que nos pese, el latín no volverá al secundario. Sólo nos resta pues repetir, con nostalgia borgeana, la grandilocuente exclamación de Cicerón: “O tempora, o mores!”, que con mucho humor y criterio, un amigo tanguero dice que bien se puede traducir como “¡te acordás, hermano, qué tiempos aquellos!”
José E. Santillán
Lizondo Borda 1.137
San Miguel de Tucumán

LA REVOLUCIÓN DEL PARQUE
Coincido con lo expresado por el lector José Luis Avignone en su carta “La Revolución del Parque” (24/7). Sobre todo en cuanto a que la política debe recuperar credibilidad. Para ello, creo necesario que aquellos que se involucren en la contienda electoral sean personas imbuidas de buenas intenciones, amor a la provincia y a la patria; desinterés económico y altruismo. Lamentablemente, no es esto lo que se observa en la actitud de muchos de ellos. En las elecciones del año 2011, como candidato a legislador por el Partido Federal, me tocó padecer una de las tantas prácticas desleales que, aparentemente, son usuales en estos casos: la sustracción sistemática de mis boletas de las urnas instaladas en diferentes establecimientos educativos de la capital.
Marcos E. Mirande
marcmirande@gmail.com
PAÍS GENEROSO
“Volveré y seré millones”. Cuanta razón tenía Evita cuando expresó ese pensamiento. Su cara hoy en los billetes de 100 pesos hacen realidad esa premisa. Esta cruel enfermedad que aqueja casi continuamente a los argentinos denominada inflación, hace necesario que cada vez haya más billetes de esa denominación en la plaza comercial. Si continuamos a este ritmo vertiginoso, dentro de unos meses, uno de estos billetes no alcanzará ni para pagar un viaje en colectivo. El actual modelo económico nos está llevando a orillar un 35% anual en los valores de inflación. Esta es la realidad. Guste o no. Los trabajadores, jubilados, receptores de planes sociales, por supuesto, son los más perjudicados. Los dirigentes gremiales anualmente se reúnen en paritarias con la patronal. Analizan la pérdida del valor adquisitivo del último año a la fecha de discusión. O sea que se toma ese porcentaje para determinar los posibles aumentos salariales. Se concretan los que generalmente cubren a medias las expectativas del deterioro producido como consecuencia de esa inflación. Como esta continúa -tal como lo que está ocurriendo en el presente- a los dos o tres primeros meses de haberse logrado ese acuerdo salarial, este ya comienza a diluirse. A mitad de año ya los logros conseguidos han deteriorado nuevamente el poder adquisitivo. La lucha de los docentes universitarios por lograr un aumento digno en sus salarios es una de las tantas demostraciones. Para mejor deben luchar contra una buena parte de la sociedad que pretende que estos sigan en la indigencia. Como si esta situación (la inflación) no fuera suficiente, ahora se le agregó otro condimento: el Impuesto al laburo. Cada vez son más los trabajadores y jubilados que deben pagar este impuestazo. Prácticamente las horas extras, los medios aguinaldos, algún ganancial extra, vuelven al Estado en nombre de ese impuesto. Más pobres es la consecuencia de este mal endémico de los argentinos. Cuando apareció esta moneda denominada “peso” en la década del noventa, un automóvil costaba más o menos $12.000. Hoy el más económico ronda los $140.000. Ni siquiera se intentó emitir un billete con un valor superior, cosa de no andar con una bolsa para trasladar el dinero. Lógico, para el Gobierno hasta acá la inflación, es “una sensación”. Ahora aparecieron “los fondos buitre”, la amenaza del default, el señor vicepresidente procesado precisamente por querer tener la buena disposición de fabricar ese dinero tan necesario en su nueva empresa. Ni la muy buena campaña futbolística en Brasil, pudo cubrir las expectativas del país. Así estamos. Argentina, qué país generoso.
Hugo César Navarro
hucena@arnet.com.ar

EL PARO UNIVERSITARIO
Gracias al lector Franco Eugenio Nanni (carta del 26/7) por anteponer el bien común a sus intereses particulares. Nadie jamás ha puesto en duda la justicia del reclamo, pero dentro de ciertos límites. Cuando el remedio termina siendo peor que la enfermedad, se debe hacer un alto y plantear nuevas estrategias de lucha; cuando de mis acciones se deriva un daño gravísimo a quien está a mi lado, no enfrentado a mí, creo que urgen reflexiones y cambios de direcciones. De eso se trata. La necedad del gremio de Adiunt sólo se explica a la luz de los intereses políticos y partidarios que operan al interior mismo del gremio y de la Universidad, y de cuyos entretelones somos totalmente ajenos.
María del Carmen Cornejo
cornejomariadelcarmen164@gmail.com
EL GORDO Y EL FLACO
Cuenta Daniel Balmaceda que un obeso cómico de 22 años proveniente de los Estados Unidos arribó en 1914 a Buenos Aires. Había trabajado en los barcos que recorrían el río Misisipí y también en Australia. Sudamérica era su nuevo destino y apostaba a que su gordura le permitiera salvar el problema del idioma. El gordo se llamaba Oliver Hardy y había sido contratado para actuar en el Pabellón de las Rosas. Oliver vivía en la zona de plaza Italia y el único transporte que lo acercaba era un tranvía que lo dejaba a ocho cuadras y eso le demandaba un esfuerzo que con sus 140 kilos no le causaba ninguna gracia. Fracasó en el Pabellón de las Rosas, pero pronto consiguió que lo tomaran en el Parque Japonés. Cuando se dio cuenta que su vocación artística no le estaba dando los resultados esperados el obeso joven regresó a su país. Hardy estuvo a punto cruzarse en la Argentina con muchos otros cómicos que arribarían en 1915 debido a la Primera Guerra Mundial. Fue el caso del británico Stan Laurel. En Buenos Aires el flaco Laurel actuó disfrazado de payaso en el popular teatro Casino. Oliver Hardy y Stan Laurel estuvieron en la Argentina con diferencia de meses. Fue 14 años antes de que se convirtieran en el Gordo y el Flaco.
Salvador Gallucci
lsgallucci@hotmail.com
LAS PALABRAS
Existen muchos factores por los cuales las palabras asumen gran importancia. Estas pueden construir o destruir. Por las palabras convencemos y persuadimos a los demás. Usando la razón, facultad en virtud de la cual el ser humano es capaz de identificar conceptos, cuestionarlos, hallar coherencia o contradicción, y descubrir las verdaderas intenciones semiocultas en el interior de los mensajes. Conocer el significado de las palabras es una cuestión de mucha importancia. En la actualidad, muchas de ellas están cayendo en desuso, como ser: generosidad, empatía, amistad, humildad, solidaridad, igualdad, justicia, etcétera. Las palabras son como las imágenes, para aprender su significado necesitamos ubicarlas en un contexto. Todo lo vemos cuando no se nombra las cosas con las palabras adecuadas, siempre se inventan eufemismos, expresiones con la que tratamos de ocultar lo que realmente está ocurriendo. Las palabras deben estar siempre vinculadas a la verdad, no son cosas, sino símbolos de las cosas, no son sonidos sin sentido, sino sonidos que tienen su significado; entenderlos incrementa nuestro grado de información (no sabemos lo que nos pasa y eso precisamente es lo que nos pasa). El lenguaje político siempre ha sido algo misterioso. En política y sólo en ella, existen frases o nombres con significativos que acaban basándose en hechos, siguiendo el orden opuesto a lo que cabría esperar. Es una forma de hablar, para disfrazar, desviar o fijar la atención. El político tiene la habilidad “para no decir nada con el máximo de palabras”, inventan palabras, las usan fuera de contexto y construyen frases incomprensibles. Los eufemismos suelen consistir en extensas expresiones para evitar algunas palabras, “estamos estudiando todas las posibilidades para tomar en el momento oportuno las medidas adecuadas”. El lenguaje político tomó muchas expresiones de otros campos específicos. De la medicina: fatiga, trauma, panacea, antídoto, paliativo. De la física: transparencia, reaccionario, desacelerar. Del religioso: evangelio, sacrilegio, correligionario, carisma, apostolado. De la arquitectura: cúpula, cimientos, pilares... La manera de no entender algunos de los significados de las palabras es un fenómeno lingüístico de plena actualidad. Por ejemplo, la palabra nepotismo -descubrimos por su significado- es una práctica no ética que se realiza al conceder puestos en el sector público a familiares y conocidos, que resulta conveniente para sus propios intereses, aun cuando las personas designadas no tienen capacidades ni aptitudes para desempeñarse cabalmente en estos empleos. Este “fenómeno” abarca muchos otros factores: tráfico de influencia, ilícitos, corrupción e impunidad, etcétera, constituyendo una vulneración a los derechos humanos por cuanto vulnera legitima igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la paz social.
Pablo J. Giunta
pjg1940@yahoo.com.ar
PÚSTULAS LATENTES
En febrero, me despedí hasta julio del lector Hugo Vallejo, en el marco de nuestra controversia mantenida gracias a que LA GACETA nos permite opinar en su cada vez más popular espacio Cartas de Lectores. ¿Por qué hasta julio? Porque era obvio que después del Mundial de Fútbol -anestesia que esta vez fue muy leve- aparecerían un montón de pústulas que estaban latentes después de la devaluación, la suba de intereses, la recesión, la inflación y demás logros que supimos conseguir durante la década nefasta. Ahora que ingresó la mayor parte de las divisas que produce el campo vendepatria y la sequía de verdes se hace patente, veremos cómo pueden capear el temporal los magos que nos desgobiernan, quienes -da la impresión- no saben para dónde rumbear. Queda claro que el plazo por mi propuesto está justificado y que, lamentablemente, “estamos mal pero vamos peor”. En los últimos meses, al señor Vallejo le publicaron varias cartas con las que se encargó de vilipendiar y ofender a mucha gente y mientras se confiesa chauvinista, carga con todo su veneno contra los que somos gorilas, cipayos, oligarcas y/o vendepatrias. Hubo lectores que contestaron sus diatribas, tratando de hacerle ver que ser incondicional al poder de turno no agrega valor a su intelecto. Y ahora, en julio, con el gasto público desmadrado, la emisión de billetes descontrolada, el futuro inmediato en manos de buitres y la certeza de que no va más, sólo nos queda esperar que el papa Francisco nos dé una mano para llegar, dentro de un año, a comenzar de nuevo, algo en que los argentinos somos recontracancheros. Una reflexión más: de los 5 millones de nuevos “trabajadores”, alrededor de 2 millones fueron a parar al Estado benefactor o sea a engrosar la nómina de parásitos estatales. Como claros ejemplos, vimos que al perdedor serial Filmus se lo premió con la Secretaría para las Malvinas, que nadie sabe para qué sirve y por supuesto contará con la debida dotación de chicos de La Cámpora. Y la Secretaría para el Pensamiento Nacional, del inefable Forster con idéntico pronóstico. Ni hablar de Lorenzino, Moreno, y demás becados. Debe haber cientos y seguirá habiéndolos, mientras aguanten las máquinas de la Casa de Moneda y la imprenta de Boudou. Triste destino el de un pueblo populista pendiente del Estado benefactor y completamente ajeno al placer que produce el esfuerzo personal. Y el pecado de pensar que el consumo es motor de la economía, en un país donde priva un consumismo que no se compadece con las posibilidades económicas de su población. Del ahorro, ni hablar. En una época se decía que era la base de la riqueza; pero no puede haber ahorro en un país sin moneda y los argentinos hace mucho tiempo que dejamos de tener moneda.
José Quirós
quirostuc@hotmail.com


















