“Con los $ 50.000 por fin podré cambiar mi auto”

Gustavo Esteban Ruiz, de Villa 9 de Julio, es uno de los ganadores del premio de esta semana.

LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO.
04 Diciembre 2015

Desde hace tiempo los Ruiz, de Villa 9 de Julio, querían cambiar su auto. Pero con el nacimiento de su quinta hija, el panorama realmente se les complicó a la hora de viajar o de pasar algún control policial. “Si al menos pudiera sacar un préstamo para poder cambiar el auto por otro más grande ...”, pensaba Gustavo Esteban Ruiz. Pero su padre lo detenía: “pará, hijo, no sabés qué puede pasar ahora que cambió el gobierno, quién te dice que no tengás una sorpresa dentro de poco”. De todo eso se acordó este cocinero de 47 años de villa 9 de Julio cuando comenzó a llenar la grilla de la Semana n° 8 de Números de Oro. “De pronto las manos me empezaron a temblar, nos mirábamos con mi señora y no podíamos creerlo ...”. Cuando terminaron de llenar el último número de la tarjeta se confundieron los dos en un abrazo infinito. “¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ahora sí podremos cambiar el auto!”

Ayer, Gustavo Ruiz y su señora Fátima Elizabeth Pavón vinieron a LA GACETA para retirar su recompensa: $ 50.000, que es la mitad del pozo acumulado de $ 100.000 que correspondía para esta semana. La otra parte del premio será entregada a la ganadora María Luisa Juárez, de 77 años, de barrio Sur de esta capital. María es madre del mandatario provincial, Juan Manzur.

“¡Papá, somos ricos!”

Cuando Mateo (seis años) escuchó que la familia había ganado el premio de LA GACETA, se le iluminaron los ojos. “¡Papá, somos ricos!”, comenzó a gritar. La alegría de los chicos era contagiosa. Lucas, de 10 años, Santiago de ocho; Benjamín, de cuatro y Ana Lourdes, de un año y medio, saltaban de felicidad al conocer la buena noticia.

Los chicos no eran los únicos entusiasmados con el premio, la más sorprendida fue Ana María Herrera, la mamá de Ruiz. “Ella fue la que me regaló la tarjeta. Ocurre que al gacetero que me vende el diario, en la esquina Norte, se le habían terminado los ejemplares. Era un día especial porque se definía el pozo del entretenimiento. Mi mamá, al escuchar que yo me lamentaba, me regaló su propia tarjeta. Esta fue finalmente la ganadora. Luego la llamé por teléfono para contarle y lloramos los dos de la emoción”, relata el afortunado.

Los Ruiz son una familia muy religiosa. Se casaron un 8 de diciembre, cumplirán 15 años de casados. “Nos conocemos mucho, estuvimos de novios durante 13 años”, contó Fátima Elizabeth, mientras trataba de detener a Ana Lourdes que correteaba por la oficina del Club LA GACETA.

Cada año, un hijo más

La suerte que vino de la mano de LA GACETA disparó en Gustavo y en Fátima cientos de recuerdos. Se acordaron del primer auto, de cuando Lucas viajaba solo en su silla, en el asiento de atrás. Luego fueron llegando los hermanos y todos comenzaron a apretarse cada vez que llegaba el otro. Pero al abuelo, José Gustavo Ruiz, sólo le gusta decir: “gracias a Dios por un nieto más”. “Mi papá era linotipista de LA GACETA, luego se fue de la empresa para montar su propia imprenta que es con la que trabaja hasta el día de hoy”, cuenta con orgullo.

Un gran “empanadero”

Ruiz es un gran cocinero. En su casa hace comidas para llevar. Pero su especialidad son las empanadas. “Me gusta ponerle morrón y pimiento verde. Un toque de pimienta Cayena y de otros condimentos que le dan un gusto muy particular”, cuenta. De hecho, toda la familia colabora. Gustavo fabricó una máquina para armar sus empanadas sin que se rompan y para que todas salgan del mismo tamaño. “Yo a veces le ayudo a repulgar, pero él es muy perfeccionista y solamente me deja hacerlo cuando está muy complicado”, ríe la joven.

Un ángel guardián

Cuando a los Ruiz se les pregunta cuántos hijos tienen, dicen seis. “Esteban fue nuestro primer hijo. Pero falleció a los seis meses de vida. Era sietemesino. Él nos ayuda desde el cielo. Siempre les enseñamos a nuestros hijos a que tienen un hermano mayor, que es un ángel que escucha nuestras necesidades. Siempre lo visitamos en el cementerio Jardín del Ángel y los chicos besan su tumba cada vez que van”, cuenta Gustavo con sus ojos celestes llenos de emoción.

“Estamos seguros de que nuestro hijo nos ayudó desde el cielo para ganar este premio”, dice sonriente y agradecido.

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