Amenazas, memes y una violencia que se vuelve costumbre

Un fenómeno que genera polémica y preocupación al mismo tiempo.

Amenazas, memes y una violencia que se vuelve costumbre
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 28 Abril 2026

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

Reto viral. Imitación entre adolescentes. Broma. Moda. Llámelo como quiera, pero no dude de que los mensajes intimidatorios que se escriben en los baños de los colegios, los memes que se comparten en las redes sociales o los actos amenazantes forman parte de una especie de naturalización de la violencia. Un fenómeno que genera polémica y preocupación al mismo tiempo.

El 30 de marzo, un alumno ingresó a una escuela de Santa Fe y disparó una escopeta. Un adolescente murió y otros ocho resultaron heridos. En un primer momento se pensó que era un caso aislado, pero después se descubrió que el atacante formaba parte de una comunidad digital que rendía culto a las armas y a la violencia. Días después, en dos establecimientos educativos tucumanos apareció la frase “mañana tiroteo, no vengan”. La ola de casos se extendió rápidamente en las dos últimas semanas. Según los registros de la Policía, hasta el viernes intervinieron en más de 120 actos intimidatorios en 10 días.

A diferencia de lo que ocurrió con las amenazas de bombas en 2023 y con las peleas callejeras entre adolescentes de 2025, este fenómeno fue nacional. A partir de ese momento, las provincias comenzaron a tomar distintas medidas para tratar de frenarlo. Prohibir el uso de mochilas, procesar a decenas de adolescentes, expulsar del sistema escolar a los autores y anunciar que los padres de los responsables deberían hacerse cargo de los gastos que generaron fueron algunas de ellas. Hicieron lo que pudieron.

La ausencia de la Nación también fue llamativa. Pese a que era un problema que se registraba en gran parte del país y que el Gobierno nacional cuenta con mayores recursos para investigar o dar lineamientos sobre el camino que podía tomarse, los funcionarios del área (Educación y Seguridad) se transformaron en meros espectadores. Por esa razón, muchos especialistas se preguntanmsi esta gestión no puede hacer frente a esta situación, qué esperanzas hay de que pueda atender otras cuestiones como, por ejemplo, el narcotráfico. Ni siquiera se convocó a una de esas reuniones en las que se habla mucho, se hace poco y se busca mostrar, al menos, que están ocupándose.

Las consecuencias

El jefe de Policía, Joaquín Girvau, explicó que cada caso genera la movilización de unos 20 efectivos. Uniformados que intervienen y registran el caso, personal que concurre para acordonar el área, investigadores de Delitos Telemáticos, peritos de Criminalística y agentes que quedan haciendo guardia en la puerta de los establecimientos. Entonces. se puede estimar que fueron unos 2.400 los efectivos movilizados por este fenómeno, lo que representa casi el 20% del total de la fuerza.

Semejante movimiento de policías trajo sus consecuencias. Esa cantidad de efectivos alcanza para cubrir 1.200 manzanas. Fue necesario modificar las apuradas la distribución de uniformados en los llamados corredores seguros. En el caso de la sección de Delitos Telemáticos, su personal se abocó a investigar estos hechos y dejó de atender otras causas como estafas y amenazas. En Tribunales, las fiscalías de Delitos Complejos tuvieron que hacerse cargo de estos expedientes con la misma cantidad de personal con la que llevan adelante la instrucción de causas que, como su nombre lo indica, no son fáciles de resolver.

La primera pregunta es saber si es necesaria la persecución penal en estos hechos. Antes que nada, hay que definir que, como en todo delito, la prevención es fundamental y si se inicia una causa es porque algo falló. La otra: ¿es la Policía la que debe hacerse cargo? Obviamente, la “mano dura” siempre impresiona y vende más. ¿No deberían ser los responsables de los establecimientos educativos los encargados de controlar lo que ocurre en el interior de las escuelas o colegios?

Judicialmente tampoco será sencillo actuar contra los acusados. Primero, se sospecha que la mayoría de ellos son menores de 15 años, por lo que no podrán ser imputados de delito alguno. Segundo, no sobran los recursos humanos y tecnológicos para llevar adelante tantas causas.

La decisión del Ministerio Público de obligar a los padres a hacerse cargo de los gastos que generó la “broma” de sus hijos también abre otros interrogantes. ¿Qué pasará con aquellos que no tienen los recursos para pagar la sanción que se les imponga? ¿Se impondrá otra vez el triste concepto de que para los pobres no hay justicia? ¿Qué castigo recibirán los autores? Especialistas sostienen que no sería una mala idea que se les obligue a realizar tareas comunitarias, incrementarles las horas de clases y hasta disponer que practiquen algún deporte. “Creo que con ello se los mantendrá más ocupados. Tendrán menos tiempo para estar pegados a las pantallas”, sostuvo un funcionario judicial.

¿Una broma?

En Sudamérica no hay una epidemia de tiroteos escolares, pero sí una creciente “cultura de la amenaza”, como la llaman los expertos. Está influenciada por fenómenos globales, se expresa sobre todo en redes sociales y entre adolescentes y jóvenes. Es un fenómeno nuevo para la región, todavía en etapa inicial, pero que preocupa porque combina imitación, viralidad y casos reales que actúan como precedente.

Marcelo Trejo, de 24 años, fue procesado por intimidación pública. El estudiante de la carrera de Psicología compartió un meme en el que aparecía una pistola dentro de una mochila con la frase “Pierdo el parcial, el profesor pierde la vida”. Sus amigos calificaron al acusado como un “pan de Dios” y consideraron exagerada la reacción punitiva del Estado. Aseguraron que se había tratado de una broma y hasta se encargaron de buscar el origen de esa publicación para demostrar que no había hecho nada malo. Otra pregunta: ¿se puede hacer un chiste con un arma de fuego sin importar el contexto? ¿No es una manera de naturalizar la violencia?

En las redes sociales, hasta hace no mucho tiempo, era “divertido” enviar videos íntimos de parejas. Esta tendencia se conoció como “sextorsión” y comenzó a ser perseguida penalmente porque era un delito y prácticamente no se comparten este tipo de imágenes.

Ahora, con la Inteligencia Artificial, se toman imágenes de mujeres u hombres desnudos y se les coloca el rostro de alguien como diversión. Son tantos los casos que se registraron en los últimos tiempos que hasta tienen un nombre: “deepfake sexual”. ¿Cuál es el límite entonces? ¿Cómo se debe actuar? Tampoco hay respuestas concretas para estos interrogantes.

El problema no es sólo quién escribe la amenaza o comparte el meme. El problema es que, como sociedad, empezamos a tolerar lo intolerable. Naturalizar la violencia -aunque sea en forma de broma- es el primer paso para que deje de ser un límite. Y cuando eso ocurre, ya no importa si todo empezó como un juego: el daño ya está hecho.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios