Dakar: lo que pasó, pasó

Terminó otra edición, entre críticas, inconvenientes y sorpresas; para 2017 habrá cambios.

BAÑADO EN TIERRA. Nasser Al Attiyah avanza con su Mini en el polvaredal. Esta vez no hubo tanta arena para domar, pero sí rutas veloces, técnicas y numerosas trampas para los competidores. reuters BAÑADO EN TIERRA. Nasser Al Attiyah avanza con su Mini en el polvaredal. Esta vez no hubo tanta arena para domar, pero sí rutas veloces, técnicas y numerosas trampas para los competidores. reuters
18 Enero 2016
Tras una edición con más lluvia y barro que dunas y con demasiadas pistas rápidas, el Rally Dakar aspira a recuperar para 2017 la mística del desierto en una edición que tendrá por noveno año consecutivo a Sudamérica como escenario.

Mientras avanzan las conversaciones para un posible Dakar en la región sur de África en el mediano plazo, los organizadores buscan ahora confirmar el regreso de Chile y su desierto de Atacama para la próxima edición.

“Estamos en negociaciones con diversos países. Primero realizaremos una evaluación con Argentina y Bolivia, que fueron los participantes de esta edición. Y mantenemos conversaciones con Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay, Ecuador y Colombia para futuras ediciones”, anticipó el director de Amaury Sports Organisation (ASO), Etienne Lavigne. Chile renunció temprano a participar este año por la tragedia climatológica que sufrió en el norte del país. Lavigne incluso sueña con el podio de salida sobre el Pacífico, tras un 2016 con la mayoría de las etapas concentradas en Argentina y sólo tres en Bolivia.

El clima dejó en tanto su sello, con un enorme impacto del fenómeno de “El Niño” en la competencia, un factor que escapa de todo control para las planificaciones futuras. Intensas tormentas, inundaciones, ríos crecidos y una ola de calor agobiante obligaron a suspender una etapa y recortar varios especiales.

Los más experimentados pilotos y los constructores no disimularon sus críticas al recorrido. Unos señalaron que pareció más una ruta del Mundial de Rally. Algunos equipos debieron realizar cambios de última hora a los vehículos, preparados originalmente para la arena.

“Alguien podría caer en la equivocación de decir que fue un Dakar fácil. Pero la estadística demuestra que fue duro”, advirtió el español Marc Coma, director deportivo de la prueba.

Los resultados sorprendieron. El legendario piloto francés Stéphane Peterhansel se alzó con su duodécimo título en el Dakar, el primero con Peugeot que apostó a la innovación de su 2008 DKR 16 luego de una frustrada primera incursión el año anterior. Así, un buggy volvió a ganar por primera vez en diez años, tras cuatro años de reinado de los autos de Mini. Esta edición ratificó en tanto la migración de exitosos pilotos del WRC al Dakar, con la llegada de Sébastien Loeb, que empezó la competencia ganando varias etapas con su Peugeot, hasta que un violento vuelco en la octava etapa en Belén le hizo perder el liderato y finalizó 9°. Otro debutante, el finés Mikko Hirvonen, terminó por muy poco abajo del podio, en el 4° puesto. También se multiplicó la llegada de enduristas, sedientos por ocupar un lugar en una categoría que busca nuevos referentes luego de una década dominada por Coma y Cyril Després y en la que el australiano Toby Price fue 1°.

Los sudamericanos también dejaron su sello en el último Dakar, con el tercer puesto del chileno Pablo Quintanilla en motos, la supremacía de los hermanos Marcos y Alejandro Patronelli en Cuatriciclos y el tercer puesto de Federico Villagra en Camiones.

La amplia participación de pilotos de la región es otro de los atractivos que mantiene a los organizadores del mítico Rally Dakar un año más en tierras sudamericanas.

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