02 Agosto 2016
TRISTEZA. La mujer muestra adonde ingresaron los ladrones. El robo fue en una fecha muy difícil para la familia. la gaceta / foto de analía jaramillo
Mientras Ana María Otero participaba de una misa por el tercer aniversario de la muerte de su padre, delincuentes revolvían su casa, revisaban sus cosas, se adueñaban de sus ahorros y se llevaban sus herramientas de trabajo. Cuando la joven volvió de la iglesia, al dolor de haber recordado la ausencia de su papá se sumó la tristeza de encontrarse con la escena del robo. Y la bronca fue mayor cuando descubrió que su hermano, que vive al lado, también había sido víctima de los mismos ladrones.
Ambos robos se produjeron el sábado a la tarde. Ana María había salido a las 19.30 para asistir a la misa en memoria de su padre. Su hermano, que vive en la vivienda contigua, había viajado a Santiago del Estero. Por lo tanto, ambas casas habían quedado solas, en el desolado pasaje sin nombre ubicado a la altura de calle Anzorena al 1.300, en Yerba Buena.
“Regresamos como a las 21. Le pedí a mi marido que me deje en la casa de mi mamá para pasar a saludarla y él siguió. Un rato después me llama y me dice que vuelva ya”, recordó Ana María, que en ese instante salió corriendo hacia su casa. Ver desde la vereda que la puerta de entrada estaba destrozada ya era un mal presagio. Cuando la atravesó, todas sus sospechas se confirmaron: la casa estaba revuelta y faltaban varias cosas.
“Se llevaron el televisor, la notebook, algo de ropa y dos cajas fuertes: una que estaba en un ropero donde tenía guardados $ 3.000, sé que no es mucho pero para mí es un montón, y otra donde mi marido había guardado unos ahorros, que no quiso decirme cuánto es”, contó la joven. “Lo que más me duele de todo lo que se llevaron son nuestras herramientas. Yo trabajo en un vivero y mi marido en un call center. Como no nos alcanza la plata, hacemos una diferencia como luthiers y fabricando muebles”, explicó. “Da mucha bronca porque nos esforzamos mucho, el único progreso que tuvimos este año fue comprar un televisor plasma y nos lo robaron”, lamentó.
El segundo blanco
Ana María dedujo que los ladrones visitaron primero la casa de su hermano y después pasaron para la suya. “Mi hermano se casó en enero y todavía tiene algunos gorros del cotillón de la fiesta. En mi taller encontramos pedazos de goma espuma de esos gorros, por eso decimos que primero fueron a su casa”, explicó la joven. A él le robaron un televisor, $ 4.000 y casi toda su ropa.
“Viven robando, todo el tiempo, y da la casualidad de que cada vez que hay un robo se ve rondar un auto Corsa clásico gris. Yo lo vi ese día”, aseguró Ana María, quien ya le acercó ese dato a la Policía. Personal de Criminalística se presentó esa noche en su casa y en la de su hermano para buscar huellas de los delincuentes.
Indignada, la joven publicó lo que había pasado en la cuenta de Facebook del vivero donde trabaja. “Me empezaron a llegar mensajes de un montón de personas de Yerba Buena que me contaban que les pasó algo parecido, a algunas les habían llevado hasta los juguetes de los chicos. Mi filosofía siempre fue que no todo está perdido, pero de repente vengo a mi casa, veo la puerta reventada y se me acaban las esperanzas... es como que me agarraron a garrotazos”, expresó Ana María, apenada.
A partir de esa publicación, el intendente Mariano Campero se comunicó con ella para preguntarle si estaban bien. “Le comenté de los mensajes que me mandaron los vecinos y me dijo que ya le pidió refuerzos a la Policía, pero entiendo que eso ya no depende de él”, dijo la joven.
Ambos robos se produjeron el sábado a la tarde. Ana María había salido a las 19.30 para asistir a la misa en memoria de su padre. Su hermano, que vive en la vivienda contigua, había viajado a Santiago del Estero. Por lo tanto, ambas casas habían quedado solas, en el desolado pasaje sin nombre ubicado a la altura de calle Anzorena al 1.300, en Yerba Buena.
“Regresamos como a las 21. Le pedí a mi marido que me deje en la casa de mi mamá para pasar a saludarla y él siguió. Un rato después me llama y me dice que vuelva ya”, recordó Ana María, que en ese instante salió corriendo hacia su casa. Ver desde la vereda que la puerta de entrada estaba destrozada ya era un mal presagio. Cuando la atravesó, todas sus sospechas se confirmaron: la casa estaba revuelta y faltaban varias cosas.
“Se llevaron el televisor, la notebook, algo de ropa y dos cajas fuertes: una que estaba en un ropero donde tenía guardados $ 3.000, sé que no es mucho pero para mí es un montón, y otra donde mi marido había guardado unos ahorros, que no quiso decirme cuánto es”, contó la joven. “Lo que más me duele de todo lo que se llevaron son nuestras herramientas. Yo trabajo en un vivero y mi marido en un call center. Como no nos alcanza la plata, hacemos una diferencia como luthiers y fabricando muebles”, explicó. “Da mucha bronca porque nos esforzamos mucho, el único progreso que tuvimos este año fue comprar un televisor plasma y nos lo robaron”, lamentó.
El segundo blanco
Ana María dedujo que los ladrones visitaron primero la casa de su hermano y después pasaron para la suya. “Mi hermano se casó en enero y todavía tiene algunos gorros del cotillón de la fiesta. En mi taller encontramos pedazos de goma espuma de esos gorros, por eso decimos que primero fueron a su casa”, explicó la joven. A él le robaron un televisor, $ 4.000 y casi toda su ropa.
“Viven robando, todo el tiempo, y da la casualidad de que cada vez que hay un robo se ve rondar un auto Corsa clásico gris. Yo lo vi ese día”, aseguró Ana María, quien ya le acercó ese dato a la Policía. Personal de Criminalística se presentó esa noche en su casa y en la de su hermano para buscar huellas de los delincuentes.
Indignada, la joven publicó lo que había pasado en la cuenta de Facebook del vivero donde trabaja. “Me empezaron a llegar mensajes de un montón de personas de Yerba Buena que me contaban que les pasó algo parecido, a algunas les habían llevado hasta los juguetes de los chicos. Mi filosofía siempre fue que no todo está perdido, pero de repente vengo a mi casa, veo la puerta reventada y se me acaban las esperanzas... es como que me agarraron a garrotazos”, expresó Ana María, apenada.
A partir de esa publicación, el intendente Mariano Campero se comunicó con ella para preguntarle si estaban bien. “Le comenté de los mensajes que me mandaron los vecinos y me dijo que ya le pidió refuerzos a la Policía, pero entiendo que eso ya no depende de él”, dijo la joven.
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