foto de mario gustavo argañaraz
La falta de una ruta civilizada
Un camino no siempre logra el desarrollo y la integración de una región, pero no hay integración ni desarrollo si no hay camino. Y más aún, en lugares como la zona oeste de la Región NOA, tucumanos y catamarqueños debiéramos estar trabajando codo a codo para lograr concretar la construcción de la nueva ruta nacional 65, entre Concepción (Tucumán) y Andalgalá (Catamarca). Esta ruta permitiría el verdadero desarrollo del valle de Las Estancias (o Aconquija), permitiendo desarrollar en sus mesadas las propuestas de la década del 60, de la Universidad Nacional de Tucumán, cultivando plantas para la industria farmacéutica, para la industria de los perfumes, para cosechar frutillas y otros productos, en enero y febrero (a contraestación) y para el mercado de la florería. Estos cultivos necesitan de mano de obra intensiva y calificada, por lo que el futuro de esa comunidad estaría asegurado. Las condiciones climáticas son las ideales, hay agua de más, hay energía eléctrica cercana, hay mercados para esos productos. ¿Qué falta? Una ruta civilizada, entre Concepción y Andalgalá, porque de esa manera, el centro del NOA se conectaría con los puertos chilenos (a menos de 1.000 km) y permitiría sacar nuestros commodities al océano Pacífico a través del tan mentado Paso de San Francisco (especialmente el limón). Llama poderosamente la atención que se incluya una parte del presupuesto (20%) para la construcción del Dique Potrero del Clavillo en la ley nacional para el año 2017 y no se haya incluido la construcción previa de esta ruta, por donde transportarían el cemento (miles y miles de toneladas) y los demás insumos hasta el lugar de la obra. Los que conocemos la zona sabemos que las tres vías de acceso al valle, no son aptas para camiones de gran envergadura, sin contar, además, con las inclemencias climáticas, que en época estival cortan los tres accesos (a veces los tres juntos) con cortes semanales y, desgraciadamente, a veces por más tiempo. Es hora de que juntos podamos hacer las cosas con coherencia para el futuro de nuestros pueblos.
Conrado Vela
conradovela@gmail.com
Autismo
Lamentablemente la población que padece autismo crece de modo abismal, y nos encuentra en una sociedad que no está preparada, porque la idea de “autismo” nos lleva a pensar en una persona que no le gusta la gente, que se aísla, mece y aletea las manos, nada más lejos de la realidad actual. Como mamá, no como especialista, me atrevo a decir que existe un neoautismo, lejos del raro caso de antaño (eran muy pocos), el síndrome, ahora, se trata de personas inquietas, sociables, sensibles pero que su forma de ver, relacionarse, manifestarse y de pensar, es diferente, como si en su cabeza hubiese otro procesador que ordena de otra manera sus ideas, pero que sienten igual que cualquiera y que no viven en su mundo, viven en el nuestro y la base de su problema está en encajar. El autismo se da en diferentes grados, ese abanico llamado espectro, va desde el más leve e imperceptible hasta el más severo. Pero sea cual fuere, ninguno es detectado a simple vista al no tener características físicas particulares, sólo por su comportamiento; de ahí la necesidad de conocerlo. Al hablar de autismo por un lado se detectaría en forma temprana logrando un diagnóstico, y si este es precoz, el pronóstico cambia. Por otro lado, si las personas supieran de autismo (no diagnóstico o tratamiento) o una idea al menos, se capacitarían los profesionales, se acabarían los prejuicios de la gente común, facilitaría la vida a quien lo padece y su familia, se lograría su inserción y habría “tolerancia”, tan difícil de conseguir, porque a diario, nuestros niños son rechazados, discriminados, juzgados y hasta temidos por incomprensión, ignorancia y falta de información. De ahí es que las mamás y los papás nos convertimos en verdaderos misioneros, vamos por ahí enseñando y explicando. Y, sí, somos neopadres también, que no se avergüenzan ni esconden a sus hijos (antes se los ocultaba), porque entendemos que eso no conduce a nada. Así que, no te sientas mal, cuando quieras decirlo, no bajes la voz como apenado, o digas “el problemita”, ni pensar que nuestro hijo es “enfermito”. Decilo tranquilo, decilo fuerte, el autismo necesita que lo conozcas, necesita que lo trates, necesita que lo enfrenten, porque quienes convivimos con él lo necesitamos.
Patricia Cabbad

pcabbad@arnet.com.ar
Plus médico
El domingo 9/10, los directivos del Colegio Médico a través de una solicitada, se manifiestan ofendidos y humillados porque los auditores del Subsidio de Salud realizan la tan reclamada tarea de control para evitar que muchos de los médicos asociados a ese colegio cobren plus médico a los afiliados a esa obra social. Dicen también que controlarlos es una “afrenta al desempeño, profesionalismo y buen nombre de nuestros médicos”. La sociedad toda exige que los galenos cumplan con lo que la ley manda. Y quien no cumple con la ley, delinque, por lo que el citado “desempeño, profesionalismo y buen nombre” de los que cobran plus deja mucho que desear. Fueron numerosas las expresiones de rechazo al atropello que sufren los pacientes en los consultorios, cuando se los “aprieta“ para sacarles una suma de dinero. Las cartas a esta sección abundaron con fuertes críticas a esta dolosa actitud, pero el Colegio Médico jamás hizo comentario alguno. Ahora que ante la presión social los inspectores salen a exigir el cumplimiento del convenio que ese Colegio firmó con el Subsidio de Salud, se ofenden. Los que vivimos dentro de una sociedad organizada nos debemos a un contrato social regido por leyes que regulan la convivencia. Aplaudo la decisión de los directivos del Subsidio de controlar a los que incumplen con lo pactado. Por último les digo que no es con palabras que uno puede disponer de la realidad sino con acciones, y las mismas son ajenas al verdadero comportamiento que deben tener. Excluyo de estas líneas a los médicos que enaltecen la profesión, obrando con la honradez, la dedicación y la humana empatía que merece cualquier paciente.
Francisco Centurión

francicenturion@yahoo.com.ar
Riñas de gallos
Causó malestar en la familia “gallera” el proyecto por el que se quiere prohibir las riñas de gallos, que en nuestra provincia se realizan hace más de 200 años. Sabemos que esta actividad es una costumbre y favorece la cultura de numerosas comunidades y pueblos, como por ejemplo, en Puerto Rico, donde las peleas y crianzas de gallos son legales, e incluso constituyen una verdadera industria que genera millones de dólares anuales, por venta, exportación, crianza y turismo. En nuestro país existen alrededor de 10.000 criadores de gallos, y la actividad ligada a la cría y riña de estas aves produce trabajo para gran cantidad de personas que se emplean en criaderos, forrajerías, en la agricultura, veterinarias y en la venta de remedios, entre otras. En torneos nacionales se favorece el turismo, al producirse el intercambio de galleros de diferentes provincias y países limítrofes. En Tucumán, la Ley N° 6.048 del año 1990, tornó legítima la actividad, y estableció que los permisos debían ser otorgados por la Dirección de Deportes. Y en su artículo 3 fija que las percepciones por estas autorizaciones deberán destinarse a escuelas necesitadas y para la provisión de equipamiento policial. De todas estas razones expuestas en este espacio, queremos destacar la importancia que tiene esta actividad en la generación de empleo para muchos que encuentran en ella un sustento importante para su grupo familiar. Aclaramos que nuestros padres y abuelos provienen de generaciones de galleros de los que nos sentimos orgullosos y responsables de conservar esta tradición.
Javier Modesto Luna y numerosas firmas más
Alberdi 3.500
San Miguel de Tucumán



















