Cartas de lectores

Estacionar a la derecha

Nunca entendí por qué se reglamentó estacionar sobre la mano derecha cuando el volante  de todo automotor, excepto los colectivos, está  a la izquierda. Esto obliga al conductor a descender, previo a la peligrosa apertura de la puerta, sobre plena calle, interrumpiendo peligrosamente la circulación. O, quizás, quedar encerrado en espera de una pausa en el tránsito vehicular. Pero si el conductor está muy apurado, la  puerta abierta provocará problemas o accidentes inesperados dado que un ciclista o un motociclista no puede saber de qué vehículo saldrá el obstáculo de la puerta. Se deduce que esa es la razón por la cual, especialmente ciclistas y motociclistas, prefieren circular por la izquierda. Por otro lado, en caso de lluvia u otro apuro, descender sobre la calle puede acarrear peligros a la integridad física del propio conductor: mojarse, ser atropellado, pisar mal, etcétera. Entonces, permítanme de nuevo preguntar: ¿por qué hay que estacionar sobre la derecha si el volante está a la izquierda?

Darío Albornoz
lisdaralbornoz1@gmail.com

Recuerdo de un estadista

El lunes 9 se cumplen 38 años de la desaparición de Ricardo Balbín. Para las actuales generaciones quizás este nombre aparezca como una persona más de los que transitaron la difícil vocación de lo que es ser político y demócrata que no pudo llegar a la Presidencia de la Nación. Desde sus mocedades abrazó los ideales de la Unión Cívica Radical, y por su lucha, en diversas oportunidades, aún antes de adquirir relieve nacional, sufrió desde la época de Uriburu detenciones por su accionar. Integró, como diputado nacional, el famoso bloque denominado “Los 44”, que reclamó por el avasallamiento del gobierno de turno a las normas de derecho y a las libertades individuales. Eso le costó que un ignoto diputado por Rosario pidiera su desafuero y posterior detención por desacato, a lo que este consideró una ofensa al Presidente de la Nación. Balbín fue recluido un año en la cárcel de Olmos y rechazó un indulto de Perón, por cuanto consideraba que no había sentencia firme. Fue candidato a Presidente en cuatro oportunidades. Incluso, sabiendo que no iba a imponerse en el acto eleccionario, sacrificó su nombre para acaudillar la oposición en ese entonces. Brilló en el Parlamento junto a grandes hombres como Arturo Frondizi, Jorge Sobral, Oscar Alende, Moisés Lebensohn, Ernesto Sanmartino y Silvano Santander, entre otros. Su obra cumbre fue, con otros representantes de partidos políticos, crear la Asamblea de la Civilidad y la Hora del Pueblo. Sufrió atentados de parte de la horda de asesinos creadas por José López Rega denominada la “Triple A”. Previo a encontrarse con Juan Domingo Perón, con el ex diputado Antonio Tróccoli conversaron sobre la problemática ya preocupante de lo que acontecía en el país, con la lucha cruel y llena de asesinatos por parte de las organizaciones subversivas denominadas Montoneros, ERP, FAR y FAL, y el terrorismo de Estado. Cuando nosotros no dimensionábamos en lo que caería la República si se cortaba el orden institucional -que estaba en manos de Isabel de Perón y de López Rega, con las elecciones ya convocadas-, él lo advirtió días antes del Golpe de Estado, por Radio Nacional, con una célebre frase de Almafuerte: “Todo hombre tiene cura cinco minutos antes de la muerte”. También es recordada su frase, dos años antes, en la despedida en nombre de todos los partidos políticos ante el féretro de Juan Domingo Perón en el Congreso Nacional: “este viejo adversario despide a un amigo”. Ojalá, en la hora actual en que se necesitan estadistas, los partidos políticos se recuperen para el bien de la República.

José Luis Avignone

Marcos Paz 922

San Miguel de Tucumán

Teoría sobre los impuestos

Para entender un poco el tema de los impuestos, tomarse una cerveza con los amigos puede darnos toda una lección de vida. Todos los días, 10 hombres se reunían en un bar para charlar y beber cerveza. La cuenta total de los 10 hombres era de $ 1.000. Acordaron entonces pagarla de una manera proporcional, con lo que la cosa quedaba más o menos así, según la escala de riqueza e ingresos de cada uno: Los primeros cuatro hombres (los más pobres) no pagaban nada, el quinto pagaba $ 10, el sexto pagaba $ 30, el séptimo pagaba $ 70, el octavo pagaba $ 120, el noveno pagaba $ 180, el décimo (el más rico) pagaba $ 590. A partir de entonces todos se divertían y mantenían este acuerdo entre ellos, hasta que un día el dueño del bar los metió en un problema: “Ya que ustedes son tan buenos clientes -les dijo- les voy a hacer un descuento de $ 200 en sus cervezas diarias. Los tragos desde ahora costarán $ 800”. El grupo, sin embargo, planteó seguir pagando la cuenta en la misma proporción que lo hacía antes. Los cuatro primeros siguieron bebiendo gratis; la rebaja no les afectaba en absoluto. ¿Pero qué pasaba con los otros seis bebedores, los que realmente abonan la cuenta? ¿Cómo debían repartir los $ 200 de rebaja de manera que cada uno recibiese una porción justa? Calcularon que los $ 200 divididos en seis eran $ 33,33, pero si restaban eso de la porción de cada uno, entonces el quinto y sexto hombre estarían cobrando para beber, ya que el quinto pagaba antes $ 10, y el sexto $ 30. Entonces, el barman sugirió una fórmula en función de la riqueza de cada uno, y procedió a calcular la cantidad que cada uno debería pagar. El quinto bebedor, lo mismo que los cuatro primeros, no pagaría nada: 100% de ahorro; el sexto pagaría ahora $ 20, en lugar de $ 30: ahorro de un 33%; el séptimo pagaría $ 50, en lugar de $ 70: ahorro de un 28%; el octavo pagaría $ 90, en lugar de $ 120: ahorro de un 25%; el noveno pagaría $ 140, en lugar de $ 180: ahorro de un 22%; el décimo pagaría $ 500, en lugar de $ 590: ahorro de un 15%. Cada uno de los seis pagadores estaba ahora en una situación mejor que antes: los primeros cuatros bebedores seguían bebiendo gratis y el quinto también. Pero, una vez fuera del bar, comenzaron a comparar lo que estaban ahorrando. “Yo sólo recibí $ 10 de los $ 200 ahorrados -dijo el sexto hombre y señaló al décimo bebedor- pero él recibió $ 90”. “Sí, es correcto -dijo el quinto hombre- yo también sólo ahorré $ 10; es injusto que él reciba nueve veces más que yo”. “Es verdad -exclamó el séptimo hombre- ¿Por qué recibe él $ 90 de rebaja, cuando yo recibo sólo $ 20? ¡Los ricos siempre reciben los mayores beneficios!”. “¡Un momento! -gritaron los cuatro primeros al mismo tiempo- Nosotros no hemos recibido nada de nada. El sistema explota a los pobres!”. Los nueve hombres rodearon al décimo y le dieron una paliza terrible. A la noche siguiente, el décimo hombre, obviamente, no acudió a beber, de modo que los nueve se sentaron y bebieron sus cervezas sin él, pero a la hora de pagar la cuenta descubrieron algo inquietante: entre todos ellos no juntaban el dinero para pagar ni siquiera la mitad de la cuenta.

Luis Salvador Gallucc
lsgallucci@hotmail.com

Calidad educativa

El sistema denominado calidad educativa ha colapsado. “Sólo uno de ellos estaba consciente. Él nos contó que eran docentes que regresaban de haber participado de un curso de capacitación que se había desarrollado en la capital y que viajaban a Graneros, donde residían” (LA GACETA). Cotidianamente, en el día a día, un docente deja muchas cosas por una obsesión: un punto para el padrón. Decenas de kilómetros para llegar a un “curso”. Capacitaciones obligatorias o no. Aranceladas o gratuitas. De lunes a sábados. Dejar de comer, manejando cansados, fuera del extenuante horario de trabajo. La jornada comienza a las 7 y termina a las 18. Dobles cargos para subsistir, salario de pobreza. ¿Se aprende en ellas? No se sabe. Exigencias de talleres, proyectos, etcétera. La “pesca” en grupos de WhatsApp docentes, todo el día, de una capacitación del “Formar”. ¿Resultante? Menos enseñanza y poco tiempo para la preparación de una clase, y todo en nombre de una llamada” calidad” educativa. Una terminología incorrecta en educación. Bronca y tristeza por un sistema que se ha cobrado la vida de cuatro compañeros. Privaciones por un centésimo para acceder o defender un cargo. Intranquilidad por un trabajo que ha perdido estabilidad. Sindicatos docentes ausentes. ¿La tragedia? Costos y resultados de un “no va más”. “Evaluar” sobre un pretendido desempeño docente. Muletilla del “puntaje”. Punta de lanza de una supuesta transformación. Sustraer, la enseñanza - aprendizaje de las gravosas condiciones sociales en que desempeñan los docentes, junto a sus alumnos, sus tareas cotidianas. Convertirla, como dé lugar, en un producto terminado. Recortando contenidos y promoviendo carreras cortas o tecnicaturas de acuerdo a la condiciones del mercado. Sin justificaciones para semejante acontecimiento. Un “mar de fondo” que enluta a docencia tucumana. ¿Hay que capacitarse? Sí, por supuesto. No bajo estas condiciones. Solamente, ellos, conocedores de las profundidades educativas, pueden ordenar y transformar un sistema colapsado.

Pedro Pablo Verasaluse

Café de los inmortales

Corría la primavera de 1924. En calle Corrientes 1.369, Calixto Milano, un vendedor de corbatas de Gath & Chaves, compra el café Brasil, venido a menos por falta de atención. El flamante propietario reconstruye el local en seis días y el séptimo descansa, como imitando al Supremo. Abre sus puertas el lunes y pasa a llamarse Café de los Inmortales, expendiendo solamente café en pocillo y completo, pero de gran calidad. Los parroquianos fueron apareciendo normalmente, luego aterrizaron los profetas del tango, embriagados de poesías, bohemios de toda bohemia y filosofía: Florencio Sánchez, Evaristo Carriego, García Jiménez, Enrique Banchs, Homero Manzi y Virgilio Expósito, Cátulo Castillo, Pedro Blomberg, Lugones, Enrique Cadícamo, Rubén Darío, Enrique Santos Discépolo, Roberto Pairó, Enrique García Belloso, Celedonio Flores y muchos otros grandes del medio, alternaban en el ir y venir diario. Milano no expendía bebidas alcohólicas: solo buen café, que junto al perfume del buen tabaco y la poesía tanguera, hacía delirar a los profetas en diálogo filosófico y la amistad sincera, embriagaba como un delicioso licor. Era un lugar obligado de artistas, escritores, músicos, digamos un rincón de encuentros, donde la negra porción de café resaltaba en el blanco recipiente contagiando inspiraciones. Del famoso lugar nacían versos que inundaban el mosaico porteño, con poesías que alegraban el espíritu y llegaron a ser tangos famosos, que hoy inundan el mundo. Un día muere Rubén Darío, los amigos despiden en la Chacarita al compañero del alma con sentidas palabras, luego caminan por Corrientes al oeste, como buscando una razón para esta tragedia, pero solo encuentran en “Los Inmortales” ese rincón frío, vacío, que dejó el amigo que partió. Lo negro del café representaba como un luto para esta tragedia, por el poeta nicaragüense que se les había adelantado. Los Inmortales también escribió su historia en el tango.

Julio Mohfaud

juliomohfaud@hotmail.com

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