EN NUESTRAS OFICINAS. Los ganadores y sus familiares cuando vinieron a buscar sus respectivos cheques, y contaron qué harán con el dinero.
Dos lectores se repartieron el pozo acumulado de $ 900.000. Magdalena Pacheco, jubilada de Tafí Viejo, y Pedro Lucindo Rojas, de Concepción, se llevaron el gran premio de los Números de Oro que llevaba varias semanas vacante, repartido en partes iguales.
Cada ganador, cada lector tiene su historia, un día la suerte los acompaña y todos los números del cartón se completan. Estas son las historias de Magda y de Pedro.
Para magdalena los números son más que números. La jubilada se acuerda de cada vez que quedó a una cifra de ganar “Antes me había quedado el 62, también el 81 y el 27. Siempre a un número, pero te estoy hablando de más de cinco años”, dice. La memoria no le falla y el recuerdo menos. Tampoco se olvida de controlar a diario la grilla.
Pedro, en cambio, rara vez controla los números. Es su esposa la que se encarga de esa tarea. Tienen cinco hijos y siete nietos. Pedro se jubiló hace dos años del ingenio La Corona.
Rutinas y hábitos
Magdalena todos los sábados se levanta a las 4.30 de la mañana, pero para ella no es un sacrificio, ella lo disfruta. “¿Sabes a qué hora me tomo el colectivo? , pregunta la jubilada con una sonrisa. “Me levanto y vengo a la ciudad, en el colectivo de las de las 5 de la mañana. Llego siempre tercera a la fila del banco”. A la taficeña esa rutina le gusta, lo disfruta. “Ese día aprovecha para comprar el diario y la tarjeta de números de oro”, cuenta. Además, como es socia de Tarjeta Sol, los sábados retira su cartón del Banco Santiago del Estero.
Atrayendo suerte
¿Qué es lo que hace que un hombre tenga suerte? ¿Por qué algunos, muy pocos, contados con los dedos, un día se levantan y ganan casi un millón de pesos?
Magdalena se ríe y contesta: “y porque tenemos suerte, debe ser…”, dice como burlándose de la pregunta.
Pedro, en cambio, prefiere pensar que es una bendición. “El de arriba me está bendiciendo” , dice y señala con sus dedos índices al cielo. “Si uno está obrando bien y deja lo mejor, hay recompensa. El señor recompensa”, agrega.
Magdalena reflexiona, profundiza y duda sobre la suerte; también habla del señor, pero no de Dios, ella se refiere a otro señor: “el señor que está siempre en la cola del banco cuando compro el diario, él me pregunta para qué vengo tan temprano, a las 5 de la mañana, yo le respondo porque me gusta, porque quiero y porque tengo fe”.
Planes a futuro
Con pesar, Magdalena se refiere a la actual situación económica, y cuenta sus planes para el dinero que ha ganado. “Planeo ayudar a mis hermanas y sobrinos. Compartirlo, compartirlo con todos”, repite.
Pedro se quiere dar unos gustos: cambiar el auto y viajar a visitar a sus familiares a Buenos Aires. “Ahora podré ir en avión”, se ríe.
Seguramente no hay explicación de por qué ganaron. Un día se levantaron y la fortuna les sonrió. Ahora apuestan por seguir jugando este entretenimiento que tanto les gusta.
















