GUERRAS CON SACO Y CORBATA
En la Segunda Guerra Mundial, que durante seis años generó la más grande tragedia del hombre contra el hombre, hubo tantas víctimas fatales como si se hubiesen producido diez holocaustos. 60 millones de personas, de historias de vida fulminadas por la metralla que la humanidad disparó contra sí misma es la cifra que uno no termina de imaginar. Un 8 de mayo, hace 75 años, sucedieron rendiciones de Alemania nazi en varios frentes, acosados sus resistentes por las fuerzas de EEUU y de los soviéticos. Lo de Hiroshima y Nagasaki era el saldo que se completó en septiembre del mismo año de la rendición alemana: 1945. ¿Cuánto aprendimos de esa carnicería brutal de la guerra? Nos seguiremos reguntando lo mismo en el transcurso de los tiempos porque sabemos cómo ha evolucionado la industria bélica y de qué modo se están lanzando al ruedo “hipótesis de conflicto” que forman parte de la estructura del “martketing” de la guerra. Atizada por los que siempre, siempre, se benefician de ella: los industriales del belicismo y los sistemas bancarios que los financian y más los estados, hay que decirlo, que deciden y les pagan. Son cada vez más sorprendentes los sistemas de muerte y destrucción a distancia, con drones asesinos, aviones robot y misiles con puntería imposible de esquivar. Bien puede decirse que desde centrales con aire acondicionado, ocultas a la vista de todos, equipadas con sistemas electrónicos que todavía no conoce la industria civil, está el gatillo de todas las batallas. Y hasta sin uniformes militares, sólo de saco y corbata y sin necesidad de aflojar el nudo se aprieta un botón, casi siempre rojo, rojo sangre, y el plan de muerte y destrucción se cumple inexorablemente: sea un dron como el que se utilizó por EEUU para asesinar a un general iraní en Bagdad hace unos meses o para soltar amarras de misiles con cabeza nuclear y destino prefijado. Nada de infantería ni trincheras, nada de tanques bramando en suelo propio y avanzando a tierras enemigas; nada de aviones lanzando bombas y arriesgando pilotos. Con saco y corbata, la tecnología militar disponible y la que se va creando día a día, las guerras no serán de los generales sino de la voluntad de la cúspide del poder político. Sí sé por qué estoy imaginando a Trump con su vocación egocéntrica que no descansará hasta poder pulsar, él mismo, con saco y corbata, todos los botones rojos disponibles.
Carlos Duguech
c.duguech@gmail.com
BOLSONARO, COMO LOS NIÑOS
“Brasil apunta a ser el nuevo epicentro de la pandemia”, titula LA GACETA del 09/05. Y en su interior, entre otras cosas, cita lo expresado por el editorial de la prestigiosa revista británica “The Lancet”, que dice: “El desprecio de Bolsonaro por la enfermedad y el incumplimiento del confinamiento siembran confusión en Brasil, ya que es uno de los grandes centros de contagio del mundo”. A lo que agrega: “Tal desorden en el corazón del gobierno es una distracción mortal en medio de una emergencia y una clara señal de que el liderazgo de Brasil ha perdido su brújula moral, si es que alguna vez la tuvo”. Incomprensiblemente, cuanto más muertos hay en Brasil por el coronavirus, mayor es la tozudez del presidente Bolsonaro, de resistirse a aplicar la cuarentena en defensa de la vida del pueblo, como si no le importara la cantidad de muertos que hubo. Hay y habrá en un futuro no muy lejano, de lo cual recién se sorprenderá, quizás, cuando tenga que enfrentar un juicio político. Me pregunto: ¿por qué llegar hasta ese punto de insensatez, si tiene al resto del mundo como testimonio del daño que provoca la covid-19? Lo que está haciendo el mencionado mandamás es de tanta irresponsabilidad que se puede comparar con lo que hace un niño que, ante la orden de su padre, de que “¡ya!, levantes los juguetes del piso y te vayas a dormir”, responde: “Ooooh, mirá todos los juguetes que he tirado al suelo ¿y querés que los levante a todos?”
Daniel E. Chavez
Pasaje Benjamín Paz 308
San Miguel de Tucumán
CALLE 24 DE SEPTIEMBRE
Me dirijo a Usted en mi carácter de propietaria de un estacionamiento de autos en la calle 24 de Septiembre entre Ayacucho y Chacabuco, que es la única arteria que ininterrumpidamente une el este con el oeste de esta provincia y considerada la única vía rápida de acceso al centro de la ciudad. La inauguración de dos sucursales de un conocido banco en la cuadra del 800 de la misma para abonar haberes de jubilados y planes sociales, ha convertido a la calle en un embudo que restringe el tráfico, haciendo dificultoso el tránsito de vehículos de la misma. Se han instalado ferias ambulantes en cantidad, que dificultan deambular a pie por las mismas, lo que se agrava por el estacionamiento irregular de taxis y automóviles particulares, dificultando enormemente la circulación vehicular, cuando no su detenimiento absoluto por períodos de tiempo prolongados. Hay un caos peatonal con cruces en cualquier lugar de la calle, a pesar del control de policías municipales en la cuadra. Pocas veces se había visto este descontrol, que limita seriamente el tránsito, lo que perjudica el funcionamiento de cocheras y estacionamiento de las cuadras siguientes en forma seria. La colocación de sillas en hileras sobre la calzada y las veredas de la cuadra agravan el problema y perjudican la vía pública que nos pertenece a todos por igual pero preponderantemente a los que oblamos nuestras obligaciones tributarias puntualmente y al personal de nuestras empresas, que vive de su trabajo y está afectado económicamente por la situación, en este caso de cuarentena. Se han enfrentado al cierre de cocheras y guarderías más de 40 días, con las restricciones a la circulación y al acceso fácil a la ciudad. Solicito a las autoridades municipales y de gobierno que se ponga freno y orden para la regularización de los inconvenientes de los que trabajamos y vivimos en la zona. Que cada uno ocupe el lugar que le corresponda.
Enriqueta Zuccardi
San Luis y San Martín
Yerba Buena
BALANZA DESEQUILIBRADA
Desde mi cama miro el cielorraso y me pregunto si este anochecer es la fotocopia del día anterior o es el amanecer de una noche de insomnios y oscuros devaneos. Creo que transcurre el mes de mayo; con estos avatares distorsivos del tiempo confundo los almanaques. En el pedazo de techo que me pertenece, con el lápiz de mi mente confundida dibujo nubes amorfas y soles que no alumbran. La vejez en soledad es sentirse más viejo y doblemente solo. En la penumbra de mi cuarto inauguro mi concierto de preguntas y mi vacío de respuestas, esta gimnasia hace que las horas de mi forzado retiro sean menos largas y tediosas. Desde mi tenue concepción religiosa, me pregunto de qué lugar bíblico partió este latigazo certero que azota sin piedad la espalda del mundo; este sismo que lo saca al planeta de su eje natural, que barre las previsiones y también las imprevisiones y que obliga a la confección a toda máquina de futuros mapas de certezas. Desde mi costado científico, rayano con la ignorancia, alimentado por informaciones dispersas, por unos pocos conocimientos y tamizado por un mediano intelecto, me pregunto, si es, como dice Trump, que este engendro escapó “sin querer queriendo” de un laboratorio de Wuhan o si es una excusa perfecta para tapar su política demencial en este y otros temas. Casualmente o no, este desastre coincidió con el Año Nuevo Lunar, en el que millones de chinos viajaron a su patria para reencontrase con sus afectos. Después regresaron a sus países adoptivos para continuar con su rutina ¿Cuántos llevaron en sus cuerpos y valijas al mortífero polizonte y lo depositaron en la vorágine de los aeropuertos del mundo? En esos días el control era escaso o nulo y las aduanas sanitarias eran verdaderos coladores. Otra génesis probable de este terrorífico nacimiento nos remite al excéntrico menú chino, con su dieta de murciélagos, pangolines y otras rarezas comestibles que rechaza la idiosincrasia culinaria de estos lares. ¿Pero quiénes somos para cuestionar esta milenaria costumbre, para criticar esta ingesta ancestral? Cuando pase esta pesadilla globalizada y si aún el sol nos reconoce vivos, ¿En qué lugar nos encontrará la postpandemia? Y no me refiero a lo físico, a lo económico, sino a lo emocional, a lo social, a lo ético; y no aludo a lo individual, sino a lo colectivo en su máxima expresión, que es la sociedad y en un sentido más amplio: a la interacción de los países, relación tan disímil como injusta en muchos casos. ¿Se superarán diferencias ideológicas inadmisibles? ¿Se conciliarán intereses opuestos? ¿Se limarán insólitas asperezas? ¿Se depondrán estúpidas mezquindades? En el mundo real y cotidiano esta balanza desequilibrada se refleja en guerras, hambrunas, miseria, enfermedades y muerte. ¿Será que los humanos somos hijos del rigor? ¿Seguiremos inmersos en este egoísmo estructural? ¿En la avaricia del cerrado individualismo? ¿En la insolidaridad exasperante, en la soberbia cegadora? Inmersos en la corrupción, que es una pandemia aparte y que tiene formas más sutiles de matar, para este mal la vacuna es una utopía. Si después de esta tragedia queda una pequeña enseñanza que suscite un mínimo cambio, una tenue lucecita, le habremos pintado una manchita positiva a esta colosal catástrofe.
César Guzmán
Uruguay 203
San Miguel de Tucumán
CONTAMINACIÓN
Dentro de todas las normas vigentes ya establecidas, observé una que me puso los pelos de punta: el transporte de alimentos refrigerados es un desastre; la cadena de frío, olvídate; la distribución de pollos congelados se hace en moto o en camioneta sin chapa en la caja y cuando los bajan, directamente los tiran al piso esté como esté. De la higiene olvídate; a lo que le debés agregar que el “sucuchito” no tiene cámaras ni carnet ni normas mínimas de sanidad. Lo mismo, o peor, pasa con la carne o con las panaderías clandestinas. ¡Señores! Es lamentable que se exija tanto el uso del barbijo y el lavado de manos y por la boca y pagando nos están envenenando. Clausura, decomiso y más control. Todos queremos vivir, pero dignamente. Con un cacho de esfuerzo todo se puede, es cuestión de conciencia.
Francisco Amable Díaz
Pedro G. Sal 1.180
Barrio 20 de Junio
San Miguel de Tucumán























