El domingo 25 de marzo de 2012, San Martín debía visitar a Racing de Olavarría por el viejo Argentino A. Aquella vez, Francisco Arroyo, un hincha “santo” que era suboficial auxiliar en la base aérea de Tandil, había ofrecido su lugar de trabajo para que la delegación se concentrara a la espera del duelo.
Para evitar cualquier tipo de imprevisto, el grupo encabezado por el DT Miguel Amaya había decidido partir el jueves 23 en horas de la tarde, desde La Ciudadela.
Sin embargo, el viaje se volvió una verdadera pesadilla. El chofer del ómnibus que transportaba al equipo se equivocó de camino y recorrió centenares de kilómetros de más. La idea principal era recorrer los poco más 1.500 kilómetros que separan nuestra provincia del lugar en el que iba a hospedarse el plantel en cerca de 18 horas. Sin embargo, el extravío hizo que la delegación “santa” arribara a la unidad militar ubicada a 16 kilómetros al noroeste de Tandil 23 horas después de haber salido de Tucumán.
Una equivocación en la elección de un trayecto del viaje fue la razón de que la excursión se haya prolongado más de lo previsto. Los futbolistas, visiblemente cansados, bajaron del ómnibus y se toparon con otro problema: descubrieron que iban a alojarse en una especie de cuartel, que no reunía las comodidades necesarias para un equipo de fútbol.
Hubo reuniones, pedidos y los dirigentes debieron salir a buscar alojamiento de emergencia. Las gestiones fueron fructíferas y los futbolistas pudieron dormir en el hotel Libertador, uno de los más lujosos de la ciudad.
Pero el desgaste físico y mental igualmente les pasaría factura. En aquella ocasión, el “Santo” perdería 4 a 3, completando un viaje en el que nada salió bien.




















