Una vez, recuerdo, pregunté por qué se amontonaban por años motos secuestradas o se apilaban autos chocados o secuestrados. ¡Son tan desagradables! Contaminan, se van oxidando o pudriendo, atraen a roedores, en fin, ¡Una fortuna desaprovechada! Porque sí que hay recursos desaprovechados ahí. Me contestaron que no se podían tocar, que estaban en depósito judicial. Y esto fue hace unos años. Sigo pasando por los mismos lugares y no solo aún están, sino que se sumaron varios. Digo yo, si pasado un tiempo fijado por ley, nadie los recoge, ¿por qué no se les da un destino beneficioso para tantas ONG que trabajan a pulmón siempre ayudando a los necesitados? Vehículos que pueden ser reusados, autopartes que pueden ser rescatadas y vendidas y chatarra. Esto muestra una inoperancia desde la Justicia, porque a nadie aporta tan inservible acumulación. “Un hombre de uniforme vendía la chatarra”, dice LA GACETA del pasado domingo 8. Y con los tiempos que corren, nada sorprende. Allí hay cosas vendibles que cualquiera puede sustraer. ¿O no roban cables, placas en los cementerios, focos, etcétera? Creo sinceramente que nuestros legisladores, quizás, o el mismísimo Poder Judicial, podrían tomar cartas en el asunto y poner punto final a tanto desperdicio en épocas en que debemos preservar, usar, sacar provecho de todo. Honestamente… obvio. Porque del modo en que funciona, no funciona e invita a delinquir.
María Estela López Chehin
24 de Septiembre 1.431
Concepción




















