Hace unas semanas hemos presenciado que por primera vez un fiscal de la Nación, acusa a la actual vicepresidente, por ser jefa de una asociación ilícita de la mayor corrupción de la República. Después de la acusación del fiscal Luciani, se generó una brutal embestida política del kirchnerismo, el atentado contra Cristina, que es repudiable y la Justicia debe investigar a fondo, y el último sábado la misa del frente gobernante en la Basílica de Luján, que genera muchas críticas dentro de los católicos y de la propia Iglesia, porque no fue una misa en un ámbito de oración por la paz y convivencia de los argentinos. Fue claramente un acto partidario y un uso político de la misa. Todo esto sumado a las acusaciones de odio a la oposición, la Justicia y los medios de comunicación. Estos hechos muestran el agravamiento de la crisis y decadencia de nuestro país. La oposición parece no poder responder estos ataques, y la mejor manera de lograrlo, es hablarle a la sociedad poniendo su propia agenda, que es la que le interesa y le preocupa a la gente. La agenda de la mayoría de los argentinos no está en Juncal y Uruguay. Tenemos el espectáculo de políticos, más preocupados por defender su militancia que por atender y solucionar los acuciantes problemas de los ciudadanos. Es sorprendente la poca actividad de nuestros legisladores en materia parlamentaria, especialmente para debatir y sancionar leyes de trascendencia para el país. Los gobernadores oficialistas buscan mantener su poder y privilegios. Reducir los subsidios a la energía es una burla mientras no se reduzcan los gastos de la política, se ordenen las empresas deficitarias como Aerolíneas, se administren los planes sociales con criterio, porque el plan es para la urgencia, el trabajo es para toda la vida. Suspender la incorporación de personal al Estado. No podemos tener 2.500 empleados en la biblioteca del Congreso. Es increíble que se haya ajustado el presupuesto de educación, justamente el único que con el de salud, merecen la máxima atención para mejorar el nivel de nuestro pueblo. Es inadmisible que el Gobierno haya ajustado a las personas con discapacidades. Somos un país desbordado por la inflación. Con el enorme déficit fiscal y sus consecuencias inflacionarias, no habrá inversión ni generación de empleo. Y nada de esto será factible sin acuerdos políticos serios, diálogo intersectorial, con honestidad, decencia, gestos de grandeza, confianza, generosidad y patriotismo de nuestra clase dirigente. Salir de donde estamos llevará 15 o 20 años de mucho esfuerzo y sacrificio. Pero es muy destacable que un numeroso grupo de jóvenes se está comprometiendo y trabajando con mucha fuerza y entusiasmo para producir un verdadero cambio en la provincia y el país. Y que Ezeiza en vez de ser un lugar de tristes despedidas, sea un lugar de alegres bienvenidas.
José Manuel García González
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