NUEVA YORK, Estados Unidos.- En las calles de Nueva York, el venezolano Omar Vírguez camina con el rostro cubierto por un pañuelo. Incluso en esta metrópoli progresista estadounidense, un “santuario” impermeable a las redadas prometidas por Donald Trump contra la inmigración clandestina, cunde el miedo.
Durante los últimos días, la preocupación se ha ido convertiendo en paranoia a partir del acercamiento político de Eric Adams, el alcalde demócrata de la mayor ciudad de Estados Unidos, con el reelecto presidente republicano, quien prometió desde su última campaña electoral realizar la mayor ola de deportaciones de la historia del país.
“Tengo miedo, como todos los inmigrantes, porque no sabemos qué va a pasar con nosotros”, dice Vírguez, de 42 años, recién llegado desde Venezuela en busca de una vida mejor. “Cuando veo a la policía, me escondo”, confiesa este enfermero de profesión.
En esta ciudad cosmopolita de 8,3 millones de habitantes y que acogió a 232.000 inmigrantes desde 2022, las organizaciones defensoras de indocumentados están en pie de guerra desde que el alcalde demócrata empezó a socavar el estatuto de ciudad “santuario”. Adoptado hace años en virtud de una legislación local, éste estatuto restringe la cooperación de la ciudad con el gobierno federal en materia migratoria, en particular con su policía de fronteras.
Ahora, Adams quiere colaborar con la administración Trump, por ejemplo, integrando la labor de su policía a la del ICE, la policía migratoria, y aconseja a lugares históricamente inviolables (escuelas, hospitales, iglesias) que no se opongan a los agentes federales. Con Trump, “siempre tenemos ese miedo en la cabeza: cuándo nos van a detener y pedirnos los papeles”, señala Víctor, un trabajador ilegal de la numerosa comunidad hispana, en una de las iglesias de Manhattan que se erigen como baluarte contra las redadas anunciadas.
Donald Trump dará de baja las licencias de EEUU para la exportación de petróleo de VenezuelaA la entrada de la iglesia luterana Trinity, un cartel sostiene: “Las fuerzas del orden, ICE y DHS (Departamento de Interior) no pueden entrar sin una orden judicial”. “Ya no hay respeto por estos lugares”, dice la pastora Alyssa Kaplan, quien subraya la “angustia” de los extranjeros alojados en el lugar de culto.