Está claro que en Tafí del Valle el Seven no es solo rugby; es, también, reencuentro, pasión, memoria y pertenencia. Y si hay un nombre que sintetiza ese espíritu es el de Lucas Barrera Oro, el hombre récord del tradicional torneo, con 15 participaciones, hoy desde el rol de entrenador, pero con la misma intensidad de siempre.
Para Barrera Oro, el Seven de Tafí tiene un valor único. “No es fácil jugar Seven, es muy exigente, y hacerlo en Tafí del Valle todavía más. Pero lo que hace especial a este torneo es lo social; te reencontrás con amigos, con gente del colegio, con personas que no veías hace años. Es un fin de semana a puro rugby”, resume.
Incluso para quienes no conocen el deporte, Lucas se detiene a explicar las diferencias entre el rugby de 15 y el de 7: “Se juega en la misma cancha, pero con menos de la mitad de jugadores y mucho menos tiempo. Son dos tiempos de siete minutos, de una intensidad tremenda. No parás nunca. Es otro deporte”.
El recuerdo imborrable de Los Pumas
Entre las muchas historias que guarda Tafí, hay una que marcó a fuego su carrera. En 2003, con apenas 20 años, fue convocado para jugar el Seven con Los Pumas. “Fue un sueño. Había salido un titular en LA GACETA que decía ‘Barrera Oro jugará para Los Pumas’”, recuerda. Compartió cancha con figuras como Juan Manuel Leguizamón y vivió una experiencia inolvidable, coronada con un título y un premio Fair Play.
Ese sueño tuvo también su lado extraño: una polémica por el uso de camisetas y sponsors que derivó en explicaciones ante la UAR. “Fue un momento raro, pero por suerte no pasó a mayores”, señala.
Del jugador al entrenador: “La única forma de matar al jugador”
Hoy, Lucas vive el Seven desde otro lugar. Y no es fácil. “No estar en la cancha me cuesta muchísimo”, confiesa. Sin embargo, encontró en el rol de entrenador una forma de canalizar esa adrenalina. “Una vez me dijeron que la única forma de matar al jugador es ser entrenador. No lo entendía… hasta que me tocó vivirlo”.
Cuenta, sin filtro, cómo esa pasión lo desborda: nervios, llanto, noches sin dormir. “Me di cuenta de que había algo que podía reemplazar esa adrenalina: dirigir”.
Tafí, un clásico eterno
Barrera Oro también revive las históricas finales entre los seleccionados de Tucumán y Salta, duelos que marcaron época. “Jugar esas finales, con toda la gente alentando, era increíble. He jugado finales de Argentinos, pero eso era distinto”.
Para él, el Seven de Tafí sigue siendo especial por algo difícil de explicar: “La gente te alienta aunque no seas de su club. Los chicos se acercan. Te sentís agasajado. Tiene algo que todos quieren vivir”.