El medio campo de San Martín aparece hoy como una de las grandes incógnitas de cara al inicio del torneo. Tras un mercado de pases intenso y con muchas caras nuevas, Andrés Yllana cuenta con un abanico amplio de opciones para armar el “cerebro” del equipo, con variantes que no sólo cambian nombres, sino también estilos. La elección del “11” inicial para el debut frente a Patronato marcará, en buena medida, la identidad que el “Santo” intentará construir desde el arranque.
Es cierto que hasta los últimos días San Martín continuó en la búsqueda de un “5” de marca, un volante central con mayor presencia defensiva y capacidad de corte. Sin embargo, puertas adentro la postura es clara: si no aparece un jugador que satisfaga plenamente las necesidades del entrenador, no se sumará nadie más en esa posición. Yllana prefiere trabajar con lo que tiene antes que incorporar por incorporar, especialmente en un sector del campo que considera clave.
La importancia del mediocampo para el DT es elemental. El San Martín que imagina Yllana necesita equilibrio, presión y velocidad. Un equipo intenso para recuperar la pelota, pero también dinámico para atacar con rapidez una vez que logra el robo. Por eso, cada nombre que ocupe ese sector no sólo deberá cumplir una función táctica, sino también sostener un ritmo alto durante los 90 minutos.
A priori, el entrenador utilizó durante gran parte de los amistosos un esquema con tres volantes: dos con funciones de contención y un tercero con mayor libertad para conducir. Dentro de esa estructura, hay dos nombres que aparecen como fijos. Santiago Briñone y Matías García jugaron todos los partidos como titulares y se consolidaron como el eje del mediocampo.
Briñone se posicionó como el “5” del equipo, pero lejos del estereotipo clásico. Además de ordenar y ofrecerse como primera opción de pase, mostró un buen pie para iniciar la salida desde el fondo. Su lectura del juego y su capacidad para distribuir le permitieron a San Martín progresar con la pelota dominada, una cualidad que Yllana valora especialmente. “Caco” García, en tanto, asumió el rol de conductor. A diferencia de otras etapas, donde solía partir desde la banda, ahora se mueve por el centro, buscando pases filtrados y marcando el ritmo del equipo. Su función es clara: decidir cuándo acelerar y cuándo pausar.
El tercer puesto del mediocampo, sin embargo, parece estar abierto y promete una competencia interesante. El primer nombre que aparece es Jorge Juárez. El volante fue utilizado en los amistosos frente a Mitre, Güemes y Gimnasia de Jujuy, y dejó buenas sensaciones. Su mayor virtud es la versatilidad: puede sumarse al ataque, llegar al área rival y, al mismo tiempo, retroceder para colaborar en la marca. Esa condición mixta le permite compensar al equipo tanto en fase defensiva como ofensiva, algo que encaja bien en la idea de Yllana.
Otra alternativa es Kevin López. El ex Atlético todavía no sumó minutos con la camiseta del “Santo”, pero su perfil despierta interés. Durante la última temporada en el “Decano” se desempeñó como doble “5”, siempre acompañado por un volante más posicional, encargado del corte, como Adrián Sánchez o Kevin Ortiz. Esa experiencia podría trasladarse a San Martín, formando un tándem que libere a Briñone de algunas tareas defensivas y le permita jugar más suelto.
Más atrás en la consideración aparecen Agustín Graneros y Laureano Rodríguez. Rodríguez surge como una opción natural para reemplazar a Briñone en el puesto de “5”, mientras que Graneros, quien fue titular en el amistoso contra Tucumán Central, mostró interesantes cualidades en la distribución del juego y buena lectura para asociarse.
Con este panorama, el mediocampo de San Martín se presenta como un rompecabezas abierto. Yllana tiene piezas distintas, perfiles variados y la libertad de armar según el rival y el contexto. La incógnita no es menor: de cómo funcione ese “cerebro” dependerá, en gran parte, el funcionamiento del equipo en el arranque del torneo.