La caída por 3-0 ante LAFC en el estreno de la temporada dejó algo más que preocupación en el mundo de Inter Miami. Dejó una imagen poco habitual: la de un Lionel Messi visiblemente desbordado por la bronca.

El equipo dirigido por Javier Mascherano sufrió un duro golpe en condición de visitante. Los goles de David Martínez, Denis Bouanga y Nathan Ordaz marcaron diferencias claras en el resultado y evidenciaron falencias defensivas en “Las Garzas”, que llegaban como campeonas de la MLS y con altas expectativas.

Pero el foco no estuvo únicamente en el marcador. Tras el pitazo final, Messi mostró una reacción inusual. El rosarino siguió de cerca a la terna arbitral encabezada por el canadiense Pierre Luc Laziere

La situación escaló por unos segundos hasta que apareció Luis Suárez. El delantero uruguayo, amigo íntimo y socio futbolístico del capitán, intervino físicamente para contenerlo y evitar que la escena pasara a mayores. Su acción fue clave para desactivar un episodio que podría haber derivado en sanciones disciplinarias.

En conferencia de prensa, Mascherano intentó bajar la tensión. Reconoció que LAFC “ganó bien” y que fue letal en las transiciones, aunque consideró que el 3-0 fue “relativamente mentiroso” respecto al desarrollo del juego. Además, pidió calma y llamó a no convertir la derrota en una “tragedia”.

La imagen de Messi enojado recorrió el mundo y abrió interrogantes sobre el arranque de temporada de Inter Miami. Más allá del resultado, el debut dejó una señal clara: la exigencia interna es máxima y el capitán no tolera tropiezos sin reaccionar.