UN CAOS. En las veredas, poco espacio para caminar; en las calles, la intensidad del tránsito se hace sentir.
Las intervenciones político/empresariales que soportó El Bajo -positivas y negativas- a lo largo de sus casi dos siglos de historia son incontables. Este derrotero de apogeos y decadencias se abordó en “La historia de El Bajo: entre rieles, pantanos y abandono (LA GACETA, 15-02-26)”, aunque sin profundizar lo ocurrido en las últimas décadas, que fueron determinantes para llegar a la degeneración actual de ese emblemático, histórico y neurálgico barrio tucumano.
Los hechos de relevancia más recientes que impactaron nocivamente en la zona y que comenzaron a instalar el debate urbano sobre El Bajo fueron básicamente nueve, a lo largo de los últimos 50 años.
El primero fue el cierre definitivo del ramal ferroviario y de la estación Central Norte, en 1978. Comenzaba a cambiar la fisonomía y el movimiento de una zona siempre vibrante y de gran intercambio social y comercial, sobre todo con sectores rurales de la provincia.
El segundo fue la mudanza del Aeropuerto Benjamín Matienzo a Cevil Pozo, en 1986. Esto produjo un desarrollo caótico y sin planificación de un amplio sector de la zona sureste de la Capital, parte de la cual llega hasta El Bajo. Ese extenso territorio se fue poblando desordenadamente y el mejor ejemplo es la anarquía que hoy rodea a la avenida Papa Francisco, que no era más que la vieja pista del aeropuerto.
El tercer hecho fue el traslado de la Terminal de Ómnibus, en 1994, aunque se movió sólo dos cuadras y siguió perteneciendo de algún modo a El Bajo. Pero dejó sumida a una especie de libre albedrío a la plaza La Madrid, a la ex terminal, a sus instalaciones y a las calles aledañas, que de a poco comenzaron a mostrar su peor cara, con reparticiones públicas dentro de ese contexto.
Intentos de recuperación
Los siguientes seis hechos tuvieron resultados dispares. El cuarto fue la ordenanza 1.937, del año 1992, que declaró de Interés Turístico Municipal a la zona comprendida entre 24 de Septiembre 1° cuadra hasta la iglesia La Merced, avenida Sáenz Peña hasta General Paz, pasaje Sargento Gómez, Charcas 1ª y 2ª cuadra, avenida Benjamín Aráoz 1ª y 2ª cuadra, y avenida Avellaneda 1ª cuadra.
Determinaba que en esas calles debían revalorizarse y restaurarse los frentes, unificar colores y criterios de acuerdo a su estilo arquitectónico, lo mismo con toldos y cartelerías, reforestar, iluminar y reparar las veredas con un mismo estilo, restaurar la fachada de la estación ferroviaria y hacer lo mismo con los kioscos instalados en la plaza. En el marco de esta ordenanza se implementó el Programa de Renovación de Áreas Urbanas, bajo la conducción de la arquitecta Olga Paterlini de Koch. Sólo se restauraron cuatro edificios y el programa luego fue suspendido por falta de presupuesto.
El quinto hecho, tal vez el más relevante de las últimas décadas y que profundizó la decadencia que ya se venía gestando, ocurrió el 31 de enero de 1995, durante la intendencia de Rafael Bulacio, mediante el decreto 163. Con la intención de erradicar a los vendedores ambulantes del microcentro se creó un “Mercado de Pulgas” en la ex Terminal (ordenanza 2.136) en un sector de la plaza, que con el paso de los años no paró de expandirse y terminó ocupando toda la manzana y varias calles y avenidas aledañas, hasta convertirse en el caos y la anarquía actual.
Traslados
La sexta acción la impulsó el ex concejal José Ricardo Ascárate, en 1997, que propuso trasladar al Palacio Municipal al edificio de la ex Terminal y revalorizar su entorno, entre ellos la plaza La Madrid. La idea no prosperó.
En esta misma dirección, el entonces concejal Gustavo Usandivaras insistió en 2005 con constituir el “Palacio Municipal 29 de Septiembre” en el edificio de la ex Terminal y especificaba una serie de otras medidas tendientes a revalorizar todo el barrio, refacción de edificios, puesta en valor de la plaza, reubicación de la venta ambulante y de las paradas de colectivos, entre otras, bajo el paraguas legal de la ordenanza 1.773, de 1991, que declara a esa zona como “Bien de Interés Municipal”. Otra vez, nada ocurrió.
Ahora surgieron dos nuevos planes, cuyo futuro es incierto porque se encuentran en pleno proceso.
Por un lado están los proyectos que impulsa el legislador José Seleme. Uno para declarar Patrimonio Cultural a la plaza La Madrid y sus alrededores, que ya cuenta con dictamen favorable en la Comisión de Cultura de la Cámara, lo que permitiría darle el marco legal necesario para futuras intervenciones y obras en el barrio, según afirman. El segundo proyecto de Seleme es la creación del Organismo de Coordinación y Planificación-El Bajo (OCP-El Bajo), que estaría bajo la órbita del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia y permitiría zanjar la burocracia jurisdiccional que hoy existe entre el municipio, la Provincia y los trenes, que limita cualquier acción desde el punto de vista legal.
En paralelo (sería la novena acción relevante en medio siglo) es el proyecto que elaboró el municipio de la Capital y que tiene ciertas similitudes con el del legislador Seleme, aunque se trata de una intervención más amplia del barrio, que abarca más calles y predios. Este Master Plan, que fue presentado por la intendenta Rossana Chahla a LA GACETA, será revelado en detalle a los lectores en la próxima entrega de esta serie que viene publicando el diario, denominada “El Bajo, un corazón roto”.





















