El fútbol italiano vivió momentos de verdadera zozobra este domingo durante el duelo entre Milan y Parma. Lo que debía ser una fiesta en San Siro se transformó en un escenario de angustia cuando, apenas a los 10 minutos de la primera etapa, el mediocampista Ruben Loftus-Cheek protagonizó un choque de cabezas escalofriante con el arquero Edoardo Corvi. El guardameta del equipo visitante salió con determinación a cortar un centro aéreo, pero en el envión terminó impactando de lleno contra el futbolista británico, quien cayó desplomado e inmóvil sobre el césped.
La imagen de Loftus-Cheek inconsciente y con visibles rastros de sangre en su rostro activó de inmediato los protocolos de emergencia. Ante el silencio sepulcral de la tribuna "Rossonera", el personal médico ingresó con un carrito de seguridad y le colocó un collar cervical antes de trasladarlo de urgencia al centro médico más cercano. Si bien el jugador recuperó el conocimiento a los pocos segundos de ser retirado del estadio bajo una lluvia de aplausos, los estudios posteriores confirmaron la gravedad del cuadro: fractura del hueso alveolar, traumatismo de cráneo severo, cortes profundos en la zona de la mandíbula y la pérdida de dos piezas dentales.
A pesar de la magnitud del impacto, el arquero Corvi logró continuar en cancha sin heridas de consideración, en una tarde que terminó siendo histórica para su club en lo estrictamente deportivo. El Parma dio el gran golpe de la jornada al imponerse por 1-0 gracias a la aparición goleadora del argentino Mariano Troilo. El exjugador de la liga local no solo se vistió de héroe al anotar el tanto del triunfo, sino que fue el pilar fundamental de una defensa que resistió los embates de un Milan golpeado anímicamente por la salud de su compañero. Ahora, el equipo milanés deberá afrontar los próximos cuatro meses de competencia sin una de sus piezas clave, mientras el mundo del fútbol aguarda por la evolución de una lesión que pudo haber sido mucho peor.