Los ensayos con vinaza se desarrollan en distintos ambientes de la provincia –pedemonte, llanura y zonas con mayor sensibilidad a la salinidad– para adaptar recomendaciones a cada contexto.
Tras los estudios, la caracterización de la vinaza producida en Tucumán confirmó su potencial como fuente de nutrientes y materia orgánica.
Los análisis químicos mostraron valores relativamente estables entre zafras: un pH cercano a 5,1; conductividad eléctrica entre 25 y 28 dS/m; un contenido de materia orgánica del orden del 65%; concentraciones de potasio cercanas a 2 g/L y niveles de nitrógeno entre 1 y 1,5 g/L. Estos valores confirmaron su potencial como fuente de nutrientes y enmienda orgánica, y definieron las variables críticas a monitorear en el suelo.
Los estudios en campo muestran que, bajo manejo adecuado, el sistema mantiene su equilibrio.
En suelos ácidos se observaron mejoras en el pH, acercándose a rangos más favorables para la caña de azúcar y mejorando su disponibilidad de nutrientes. El potasio aumenta de manera consistente, reforzando su rol como nutriente clave. En cuanto a la salinidad, puede incrementarse si las dosis son elevadas, lo que refuerza la necesidad de trabajar con volúmenes controlados y monitoreo continuo.
Un avance importante fue la incorporación de indicadores biológicos. La actividad microbiana del suelo, lejos de deteriorarse, muestra mejoras asociadas al aporte de carbono orgánico. Esto permitió sumar una dimensión funcional a la evaluación y sostener las decisiones con datos locales.
Los resultados de los estudios permitieron ordenar discusiones que durante años se sostuvieron sin datos locales. En suelos con reacción ácida, la aplicación de vinaza produjo un aumento del pH. En uno de los casos evaluados, el pH pasó de valores cercanos a 6,0 en el testigo a 6,9 con una dosis de 300 m³/ha/año, acercando el suelo a rangos más favorables para el cultivo de caña de azúcar.