Tedeum en Tucumán: “gritos que molestan” y seis palabras clave en la homilía
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Durante el Tedeum del 25 de Mayo en la Catedral de Tucumán, monseñor Ferrari reclamó solidaridad e inclusión ante las autoridades para advertir sobre la grave exclusión social.
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La homilía se dio ante el gobernador Jaldo, donde el obispo comparó las demandas de jubilados y universitarios con 'gritos que molestan', basándose en valores históricos.
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Este mensaje marca una postura firme de la Iglesia ante la crisis, condicionando la plenitud democrática al bienestar de los sectores más vulnerables del país.
TEDEUM TUCUMÁN, EN EL ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO. FOTO DE LA GACETA / ANALÍA JARAMILLO
Ante las principales autoridades locales, en Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación, la Iglesia hizo un llamado a la solidaridad y a la inclusión. De hecho, estos fueron dos de los seis conceptos clave enumerados en la homilía por el 25 de Mayo.
La ceremonia religiosa estuvo presidida por el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, y por el obispo auxiliar, monseñor Roberto José Ferrari, a cargo de las palabras.
En su saludo, Ferrari mencionó al gobernador Osvaldo Jaldo (concurrió junto a su esposa Ana María Grillo) y al vicegobernador Miguel Acevedo (también junto a su esposa, Miryan Segura), además de ministros, legisladores y autoridades municipales, entre ellas la intendenta de la Capital, Rossana Chahla.
El obispo auxiliar recordó la trascendencia del 25 de mayo de 1810. “Se conformó el primer gobierno patrio. Tal vez en ese momento no se tenía todo claro, pero sí existía la certeza de que debíamos tomar en nuestras manos los destinos de esta tierra y de sus habitantes”, afirmó.
Aludió luego “los acontecimientos de Europa, que movilizaron a las personas y a las ideas, transformándolas en ideales emancipadores cargados de fervor y entusiasmo”. “Fue el balbuceo de una patria naciente, un grito contagioso que impregnó a todos de un anhelo de libertad plena; esa libertad que se haría realidad aquí, en nuestro querido Tucumán, en esta ‘tierra nuestra’, el 9 de julio de 1816. ¡Y eso nos llena de orgullo!”, exclamó.
“No sólo a unos pocos”
Monseñor Ferrari recordó en otro párrafo a San Ignacio de Loyola. “Nos invita, en sus ejercicios espirituales, a ‘reflectir para sacar provecho’”, indicó. Aplicado a la nuestra realidad, esto significa volver a rumiar la historia y los valores fundacionales que siguen siendo los mismos para aprender de lo vivido y ganado. Las modas pasan, pero los valores permanecen. Lo valioso, lo verdadero, lo bello y lo bueno siempre queda; siempre es una luz que ayuda a ver y a discernir lo mejor para la Patria, y no solo lo que conviene a unos pocos”, expresó.
El recuerdo de Francisco
El obispo auxiliar señaló luego que, si bien era seguido y aclamado por multitudes, eso impidió a Jesús “estar atento” a los sucesos a su alrededor. Alguien puede ser muy aclamado, pero cuando se trata del bien de una nación, es imperativo mirar la realidad concreta, sobre todo en las periferias, que es desde donde mejor se ve la realidad, como nos recuerda el papa Francisco”, aseveró.
El mendigo ciego
Ferrari relató luego que, en el Evangelio, “aparece un mendigo ciego que representa las tantas vulnerabilidades, sufrimientos, dolores, enfermedades y pobrezas de nuestro tiempo”. Relató que este hombre “está al borde del camino”. “Es un invisibilizado, un excluido”, definió.
Luego, dejó una advertencia sobre el contexto que vive el país. “Esta democracia tan trabajosa que seguimos agradeciendo y custodiando no terminará de ser plena mientras falten tantos hermanos que siguen al costado del camino, del progreso y de las posibilidades de crecer, o que son presas de las adicciones, o que quedan estigmatizados desde temprana edad”, remarcó.
Volviendo al Evangelio, recordó que el mendigo ciego, al enterarse de que estaba ante Jesús, empieza a gritar pidiendo compasión. “También hoy en nuestra Patria hay ‘gritos’ que a algunos les molestan: el grito de los jubilados, de los universitarios, de las personas con discapacidad, de los enfermos, de los que no tienen trabajo y de aquellos que no ven un futuro porque la vida los acorraló al costado del camino”, añadió el obispo auxiliar.
Palabras y valores
Monseñor Ferrari incluyó seis “palabras y valores” que consideró “claves para seguir construyendo la Patria que soñamos”.
Primero mencionó “ceder”. “Es un acto necesario para construir. No querer imponer, sino dar espacio a otros y a otras miradas y opiniones”, indicó.
Luego llamó a “dialogar y escuchar”. “Las tensiones importan cuando el objetivo final es lograr un proyecto superador”, dijo.
“Encuentro”, a su vez, significa buscar los lugares comunes, las preocupaciones compartidas, la vida en comunidad y el reconocimiento de la dignidad infinita de cada persona”. “Esto se refleja con nitidez en la mesa de diálogo social, para proponer proyectos que inciden en las políticas públicas y el bien común, donde somos un ejemplo, incluso para otras provincias. También en el diálogo ecuménico e interreligioso, que en Tucumán es un verdadero testimonio de tolerancia y respeto mutuo”, añadió.
En cuarto y quinto lugar consignó “solidaridad” (como un “valor profundamente tucumano y argentino) e “inclusión”(“necesaria para que la democracia sea justa y participativa”).
La sexta y última palabra fue “Patria”. “Es la tierra que nos cobija y nos da identidad; la que tuvo padres fundadores, la que hoy habitamos y la que heredarán nuestros hijos. Una Patria que tiene una Constitución, una bandera, un escudo, un himno, ideales y, sobre todo, ciudadanos”, dijo. Y cerró: “¡Cuidemos nuestros valores, cuidemos nuestra Patria!”.





















