En sólo un año, Argentina tuvo un crecimiento sin precedentes en la importación de ropa usada en el cual el volumen pasó de 13 toneladas a aproximadamente 3.521 toneladas anuales.

Según datos de la Cámara industrial argentina de indumentaria (CIAI), esta cifra representa el 11% del total de importaciones de prendas de vestir. La logística comercial de este tipo de prendas reveló que el 90% de estas importaciones proviene de Chile, ingresando principalmente (84%) por la aduana de Jujuy, con destino final al área metropolitana de Buenos Aires.

La mayor parte de estas prendas son descartadas en Estados Unidos, Europa y Corea del Sur. Muchos fardos se clasifican y preparan en la ciudad chilena de Iquique antes de ingresar a Argentina. Los importadores de Jujuy niegan que la mercadería provenga directamente del basural del desierto de Atacama, donde se arroja lo inutilizable, según lo expresado en un informe de DW noticias.

En sólo cuatro meses, más de 200 camiones ingresaron al país transportando estas prendas. Reflejando esta realidad, la feria Big Mall en San Salvador de Jujuy se ha convertido en uno de los epicentros de este comercio, que ahora se extiende a todo el país a través de ferias “americanas” barriales y el comercio informal.

La ropa de segunda mano se ha convertido en una solución económica para muchas personas. Aunque recibe distintos nombres -”second hand”, “vintage”, “preloved clothes” o simplemente “ropa usada”-, todos estos términos remiten a la misma práctica: la economía circular o “moda circular”. Independientemente de la denominación elegida o de la ubicación donde se expongan, la realidad es la misma: se trata de prendas usadas que ofrecen buena calidad a precios accesibles.

Para Lidia Belizán, compradora habitual de ropa de segunda mano, este mercado no es una opción, sino una necesidad. Sus bajos ingresos hacen que rebuscar entre los grandes mesones de ferias americanas sea su único camino para vestirse, seleccionando cuidadosamente prendas que se ajusten a su cuerpo y presupuesto. Ella no es la única: muchas familias numerosas también recurren a estas ferias como alternativa económica para vestir a todos sus miembros.

Ropa importada: el impacto en el país y la desigual competencia

Sin embargo, no todos los actores de este mercado comparten la misma situación. Andrea Corbalán, vendedora de ropa de segunda mano a través de vivos o “lives” en Facebook, comercializa prendas provenientes de Tucumán. Comenta que sus clientes confían en la calidad de sus artículos, y los precios se fijan individualmente por prenda. Pero la realidad del mercado actual es desalentadora: ante el predominio de ventas mayoristas e importaciones masivas, sus ventas unitarias han disminuido. “Ahora muchas personas prefieren ir a un mayorista y comprar un combo de tres o cuatro prendas juntas”, asegura. Para ella, la moda circular representa su única fuente de ingresos.

Con 35 años de trayectoria en el rubro, Ariel Moreno ofrece una perspectiva más consolidada. Su tienda de feria americana, ubicada en calle Crisóstomo Álvarez 260, comercializa ropa tanto local como importada. El recorrido de estas prendas es largo: parten de Estados Unidos hacia Chile, luego a Buenos Aires y finalmente llegan a Tucumán en bolsones, comercializados por kilo por su proveedor. Para Moreno, los clientes buscan principalmente prendas en buen estado y, aunque estima que los compradores de ropa usada representan apenas entre el 1% y el 5% del mercado total, el motivo es prácticamente universal: la economía. Esta moda circular comienza en contenedores, relata José Valdez, feriante en Yerba Buena, quien coincide con su colega Claudia Herrera en que las ventas de ropa usada han disminuido considerablemente. En un fin de semana que debería registrar abundante circulación de compradores, hoy enfrentan la desolación.

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Sin embargo, José, quien trabaja hace 15 años en este rubro como único sustento, se mantiene optimista: “Hemos pasado por tiempos así, luego mejora”. Él trae la mercadería desde Jujuy y explica que los bolsones de ropa provienen de Estados Unidos y Europa, pasan por Chile y luego se distribuyen al resto de los países limítrofes en bolsas de 30 a 43 kilogramos. Comenta que vende por unidad y que las personas no suelen buscar por marca. Sin embargo, “he tenido compradores jóvenes que vienen a revolver la ropa buscando prendas de marcas como Zara, H&M, Adidas y otras reconocidas. Me las compran y luego las revenden”, cuenta.

Moda consciente

Comprometidas con la moda circular y el consumo consciente, estas dos emprendedoras comparten sus propuestas: Rocío Arredondo, diseñadora de moda y fundadora de la marca de moda circular “Luz del Alma”, reflexiona a través de sus reeles de su red social “¿Qué mensaje le estoy dejando al mundo con mi forma de vestir hoy?”. Para ella, la moda es una herramienta poderosa que podemos usar a nuestro favor para impulsarnos a ser mejores versiones de nosotros mismos. Capacitada en moda sostenible, Arredondo señala que la industria textil es una de las más contaminantes del planeta, por lo que resulta fundamental ser conscientes a la hora de consumir. También propone preguntarse ¿Qué nos ponemos? ¿De dónde proviene nuestra ropa? ¿Quién lo hizo? Mientras repite un mensaje constantemente “Vendé la ropa que no usas”.

En debate: ¿Por qué es cara la ropa en la Argentina?

Milagros Esper, dueña de Beauty Tuc, compartió en una charla en Prensa TV cómo comenzó su emprendimiento en plena pandemia. Según ella, cada remera vendida genera una fuente de trabajo y contribuye al cuidado del medio ambiente, ya que el consumo responsable reduce el impacto ambiental. Afirma que “Gana todo el mundo: gana el medio ambiente, gana quien vende la ropa y gana quien no tiene la posibilidad de comprar en el shopping”, y concluye “Nosotros, gracias a las marcas del shopping, existimos”.