San Martín se volvió de San Juan con un punto valioso, pero sobre todo con varias señales que ayudan a entender en qué momento está el equipo de Andrés Yllana. El empate agónico en el Hilario Sánchez evitó la derrota, sostuvo el invicto y dejó una inyección anímica importante, aunque lo más interesante del día después pasa por otro lado: por la lectura de un partido que mostró carácter, capacidad de adaptación y espíritu de pelea, pero también dificultades futbolísticas que el “Santo” deberá corregir si pretende afirmarse como un equipo realmente sólido.
La visión del entrenador ayuda a ordenar ese análisis. “La tranquilidad de tener un equipo con personalidad, que busca hasta lo último, que se adapta a jugar en una situación difícil”. Así lo explicó Yllana. En esa frase hay una síntesis bastante precisa de lo que dejó la noche sanjuanina. San Martín no se cayó emocionalmente tras el gol temprano de Federico Murillo, no se salió del partido y sostuvo la búsqueda incluso cuando el contexto se volvió cada vez más incómodo. En una categoría tan cerrada y áspera como esta, esa fortaleza también cuenta.
Ahora bien, que el técnico haya puesto el foco en la personalidad de sus jugadores también deja entrever otra cuestión: el equipo necesitó apoyarse más en la actitud que en el juego.
“La cancha estaba muy difícil de jugar. El árbitro para los dos lados dejaba jugar mucho, dejaba friccionar”. Así lo sostuvo Yllana. Y es cierto. El partido fue trabado, cortado y muy físico. La pelota no circuló con limpieza, los pases largos se hicieron imprecisos y el trámite terminó favoreciendo más la fricción que las asociaciones. Pero aun contemplando ese contexto, San Martín no logró parecerse al equipo que había mostrado cosas interesantes frente a Nueva Chicago.
Ahí aparece una de las conclusiones centrales del análisis. El “Santo” supo competir, pero le costó jugar. Durante varios pasajes quedó largo, no logró conectar con naturalidad en la mitad de la cancha y no consiguió que sus hombres más influyentes pesaran con continuidad. Kevin López estuvo más contenido, Nicolás Castro alternó buenas y malas, y Lautaro Ovando apareció más por insistencia que por claridad. Facundo Pons, además, volvió a quedar en deuda en los metros finales. En definitiva, San Martín jugó más el partido que proponía su rival que el que pretendía imponer.
“Intentamos ser un poco más intensos con la secuencia de los pases, de acercarse más y jugar con pases un poco más cortos para poder mover la pelota”. Así lo explicó el DT. Esa búsqueda fue, en realidad, una respuesta lógica a lo que mostraba el encuentro. Cuando San Martín consiguió juntar pases cortos, acercar líneas y sostener un poco más la pelota, dio la sensación de poder adueñarse del desarrollo. El problema fue que lo hizo sólo por momentos. No tuvo regularidad para transformar esa intención en una producción realmente clara.
El desafío que se le presenta a San Martín
“No todos los partidos salen igual”, remarcó Yllana y ahí hay una verdad evidente. El equipo venía de un encuentro más abierto, en una cancha que favorecía el juego fluido, y esta vez se encontró con un escenario hostil, de menos espacios y mucha más fricción. Pero justamente en esa diferencia entre un contexto y otro aparece el desafío que se le abre a San Martín: encontrar respuestas aun cuando no pueda jugar como más le gusta. Ser competitivo ya lo está siendo; el paso siguiente será sostener una identidad incluso en terrenos desfavorables.
En ese punto, la voz de Jorge Juárez también ayuda a entender lo ocurrido. “Los puntos siempre suman; de acá al final estos puntos nos van a servir”. Así lo dijo el autor del gol del empate en la zona mixta del estadio sanjuanino. La frase tiene lógica y hasta sentido práctico. En una divisional tan extensa, rescatar algo en una noche adversa siempre termina siendo útil. Pero Juárez fue más allá y dejó otra pista interesante sobre la mentalidad del grupo. “Nosotros siempre lo fuimos a buscar, sabíamos que teníamos que llevarnos algo”, remarcó el ex San Miguel. Esa convicción de ir hasta el final fue, seguramente, la razón principal por la que San Martín terminó encontrando premio en el último suspiro.
Lo que se viene
Pensando en lo que viene, San Martín sabe que el viaje a Puerto Madryn exigirá bastante más que amor propio. Necesitará entrar más concentrado, evitar volver a correr de atrás tan temprano y encontrar mayor claridad en la elaboración. Tendrá que conseguir que sus futbolistas más determinantes participen más y mejor, incluso cuando el partido sea incómodo. Porque en San Juan rescató un punto que vale por el contexto, pero también quedó claro que no siempre alcanzará con el empuje.
El empate dejó una certeza positiva y una advertencia oportuna. San Martín tiene alma, personalidad y una estructura anímica que lo sostiene. Pero todavía está buscando una versión más estable desde el juego. De esta manera, si quiere que lo de San Juan sea realmente un punto de partida y no sólo un alivio circunstancial, deberá convertir esa reacción final en aprendizaje. Porque en esta categoría resistir sirve, pero mejorar es lo que verdaderamente hace crecer.