En un predio de más de 120.000 metros cuadrados, Apronor ofrece su novena edición con más de 100 empresas expositoras representando más de 500 marcas y bancos incluidos en sus stands. Para Hugo Meloni, presidente de la institución, esta edición no es menor. “Seguimos siendo afortunados”, afirmó durante el acto inaugural, aunque inmediatamente dejó en claro que el crecimiento de la muestra contrasta con el deterioro acumulado del productor que la protagoniza. La expo se realizará hasta mañana en el kilómetro 9,5 de la ruta 317 en La Ramada de Abajo (Burruyacu).
La novena exposición dejó, además, un diagnóstico claro: el campo tucumano atraviesa una encrucijada entre el daño acumulado de tres años adversos, las amenazas latentes actuales y una expectativa de recuperación que todavía no termina de afirmarse.
Y en este sentido, el cultivo de maíz concentró las mayores preocupaciones entre los referentes agropecuarios y autoridades presentes. Héctor Viñuales, presidente de la FET, fue contundente al decir que las lluvias extraordinarias de esta campaña, lejos de representar solo una dicha, generaron pérdidas directas en lotes sembrados e impidieron el desarrollo del “maizuelo”. A eso se suma la presencia renovada de la chicharrita, el insecto que devastó cultivos en campañas anteriores.
Las amenazas que acechan a la nueva temporada azucareraNicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, matizó el panorama: si bien la presión del insecto bajó respecto de los peores momentos, productores de la zona advierten que la plaga está reapareciendo. “Es algo que no se debe descuidar”, advirtió Pino, recordando que el flagelo tiene años de historia en la región y que su nivel de intensidad varía, pero no desaparece.
El secretario de Producción provincial, Eduardo Castro, que acompañó al vicegobernador a cargo del PE Miguel Acevedo, aportó la dimensión territorial de cultivo siendo el maíz ocupa entre 80.000 y 90.000 hectáreas en el sur y el este tucumano, precisamente las zonas donde las precipitaciones fueron más intensas. Allí el daño fue localizado pero significativo. En contraste, las áreas que recibieron agua en cantidad adecuada muestran cultivos visualmente óptimos, lo que anticipa rindes que podrían ser muy buenos donde la logística permita el ingreso de maquinaria en tiempo y forma.
El impacto del campo
“Si el campo no funciona, baja el nivel de actividad de la industria y termina impactando en el comercio”, remarcó Viñuales. Esta lógica de transmisión es especialmente sensible en Tucumán, donde la agroindustria (caña de azúcar, limón, granos, ganadería) estructura buena parte del empleo formal e informal del interior provincial. Castro señaló que la superficie cañera ronda las 310.000 hectáreas, mientras que el limón alcanza unas 38.000 hectáreas, con una leve retracción respecto de años anteriores. A eso se suma una soja que ocupa entre 140.000 y 150.000 hectáreas, que este año, según el funcionario, muestra condiciones favorables. La ganadería, por su parte, fue destacada como un sector en ascenso sostenido. Castro subrayó que el auge ganadero tiene perspectivas de mantenerse varios años, lo que abre una ventana de diversificación productiva para la provincia.
El cuadro general, sin embargo, sigue siendo el de una economía rural que acumula tres campañas muy difíciles. Los pequeños productores son los más expuestos. Viñuales dijo que, para ese segmento, la producción no es un negocio sino “la comida de su mesa”. Ante ese escenario, la FET trabaja en medidas de alivio que combinen quita de sellados con tratamientos especiales sobre impuestos provinciales y municipales.
Demoras para el inicio de la campaña agrícola en TucumánMás allá de las urgencias climáticas y sanitarias, el encuentro fue también un espacio para plantear las demandas estructurales del sector. Pino explicó que los derechos de exportación siguen siendo, desde su punto de vista, el principal freno al potencial productivo argentino. “Es un flagelo que todavía seguimos viviendo”, afirmó, aunque reconoció que el rumbo del gobierno nacional apunta a una reducción gradual de las retenciones, condicionada al equilibrio fiscal.
El dirigente sostiene que a menor presión fiscal, mayor producción; y a mayor producción, mayor recaudación genuina que va a impuesto a las ganancias. Ese tributo, señala Pino, sería el “más justo” porque grava el resultado real de la actividad y no el acto de exportar independientemente de la rentabilidad.