Si bien después de una tormenta intensa los reflectores, o mejor dicho los focos subacuáticos, apuntan hacia el sur de la provincia, donde ciudades y decenas de pueblos y caseríos quedan literalmente sumergidos e incomunicados, la situación más grave, y de compleja y costosa solución, se presenta en el Área Metropolitana de Tucumán (AMET).

¿Los motivos? La brutal expansión urbana y los bruscos cambios del manejo del suelo agrícola, sumado a la falta de infraestructura pluvial en un contexto densamente poblado, con 1,2 millones de habitantes (4.500 habitantes por km²), con una capital que aglutina a 6.500 habitantes por km² y a 6.800 en su área central (dentro de las cuatro avenidas).

Se trata, literalmente, de una bomba de tiempo con una cuenta regresiva que corre velozmente.

En su estudio publicado en abril de 2025 “Inundaciones en el Área Metropolitana de Tucumán, con algunas respuestas “realistas a interrogantes apremiantes”, el ingeniero Franklin Adler, reconocido experto en Ingeniería Hidráulica, responde algunas de las causas y posibles consecuencias de un desastre anunciado.

“La expansión urbana y la transformación de suelos agrícolas posteriores a 1976 significaron enormes incrementos de la escorrentía. Sumados a problemas de defectos de ingeniería, de construcción, de escaso mantenimiento y la avanzada destrucción, hoy presentan un notorio deterioro e insuficiencia para el escenario actual. La incapacidad para conducir caudales de los canales Norte y Sur constituye el factor más significativo para afrontar los extremos climáticos que determinan las inundaciones dentro del AMET. ¿Por qué? Porque ambos son cuerpos receptores de agua que conducen los caudales pluviales superficiales al gran colector final que es el río Salí. Su potencial colapso, producto de lluvias extraordinarias (o muy importantes), significaría irrupciones de grandes masas de agua sobre el área más densamente poblada con previsibles grandes daños a la población”.

Sectores vulnerables

El AMET está conformado por siete municipios y 19 comunas.

Al respecto Adler explica: “La pendiente del territorio determina la interrelación hidráulica entre esas localidades. El río Salí, que fluye de norte a sur, separa a varias de esas jurisdicciones. El agua pluvial caída al oeste del río, provenientes de Tafí Viejo, Las Talitas y Yerba Buena, escurre en líneas generales en dirección noroeste-sudeste hacia la Capital, la que está circunscrita por dos canales protectores de gran magnitud: el Canal Norte (de 1935) y el Canal Sur (de 1976) y otro menor, el San José.

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Ambos canales mayores fueron concebidos en su origen como cinturón perimetral protector de la Capital, recibiendo aguas pluviales de cuencas que eran más permeables que las actuales.

Dentro del área de la Capital existen algunos colectores de desagüe importantes que desaguan menos del 20% del municipio. Entregan sus aguas al río Salí y los canales de cintura (Norte y Sur). Tienen fuertes defectos de concepción y ejecución, por los que su eficacia es muy baja y de allí las frecuentes inundaciones en diversas partes de la ciudad con lluvias que bien pueden ser consideradas ordinarias", advierte.

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Las zonas más afectadas de la Capital, que por la pendiente terminan recibiendo la mayor parte del agua son el suroeste y el sureste de la ciudad, incluidos barrios y asentamientos ubicados a la vera del río como Barrancas, Costanera, Autopista Sur, Asentamiento Ara San Juan y Las Piedritas, además de barrios que ocupan la ‘punta sureste’ de la Capital como Ampliación Alejandro Heredia, Crucero Belgrano, Los Chañaritos, San Ramón Nonato, Ampliación Federal. También son muy vulnerables los sectores ubicados desde la avenida Roca hacia el sur, donde podemos tomar como un eje imaginario del desagüe a la avenida Jujuy.

Tres municipios

Explica el especialista que “en Yerba Buena se construyeron en la última década dos colectores de desagüe importantes (Bulevar 9 de Julio y Solano Vera-San Luis). El primero de ellos es posible de crítica por haber sido construido en un orden indebido dentro de un Plan director de Desagües Pluviales para ese municipio. Como consecuencia recibe una cuenca muy superior a la adoptada para su diseño y su eficacia resulta baja. El canal Yerba Buena adolece de serios defectos de concepción y construcción y sufre serios problemas de destrucción e insuficiencia. Tafí Viejo y Las Talitas cuentan con algunas obras de desagüe que concurren al menguado Canal Norte. Faltan ejecutar algunas obras previstas de gran envergadura, especialmente en la parte norte y este del municipio.

Cuando a las inundaciones no les importan las leyes, los estudios ni los anuncios

Las obras de desagüe pluvial del Área Metropolitana necesarias para completar todo el sistema son numerosas y de muy elevadas inversiones. El crecimiento urbano sin planificación ni ordenamiento llevó a la acumulación de enormes carencias de infraestructura de manejo de aguas pluviales. Exceden ampliamente la capacidad económica tanto de los municipios y comunas como de la Provincia. Históricamente se ejecutaron con aportes de la Nación, cosa que prácticamente se puede considerar ilusoria en el marco de la política económica del gobierno actual”.

Posibles soluciones

“La factibilidad de ejecución con recursos provinciales o créditos estará supeditada al saneo de su economía, proceso que, de manera optimista, seguramente tomará muchos años. Por lo tanto, conseguir que el Área Metropolitana esté en condiciones de soportar situaciones extremas de inundaciones será un proceso de largo plazo”, considera Adler.

Y recomienda: “Mencionamos sintéticamente las acciones más significativas:

a) Ejecución de dos obras hidráulicas prioritarias: Reformulación, reconstrucción y reparación de los canales Norte y Sur, para evitar su colapso al no poder contener los caudales que confluyen hacia la Capital en eventos pluviales de magnitud que pueden tener efectos catastróficos sobre el área más poblada.

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b) Como complemento se debe construir el desvío del canal Yerba Buena hacia el arroyo El Manantial, como recurso de alivio del canal Sur.

c) Detectar áreas urbanas inconvenientes para la implantación de edificios habitables, estableciendo restricciones legales al dominio (zonas bajas, zonas sin salidas de aguas, riberas de ríos, etcétera).

d) Relocalizar a la población vulnerable allí asentada. Para áreas con población menos vulnerable establecer advertencias y deslinde de responsabilidades, ofreciendo facilidades para relocalizaciones.

e) Establecer normas de construcción públicas y privadas que puedan preservarse de inundaciones (niveles mínimos, adecuación de los terrenos, inhibición de planta baja, etcétera).

f) Establecer zonas de acumulación temporaria de aguas que obren como acumuladoras o lagunas de detención que retrasen la confluencia hacia los colectores de desagüe.

g) Organización de los sistemas de Defensa Civil para asegurar la evacuación en emergencias.

h) Organización del Sistema Sanitario para atención de la población.

i) Creación de fideicomiso para inundaciones y catástrofes. Deberá evitarse su desvío hacia otros fines ajenos”.

Como se aprecia, de las acciones mencionadas las dos primeras involucran importantes obras de ingeniería con grandes inversiones. Las demás son de tipo institucional, planificatorio y organizativo, que requieren más determinación política que inversiones.

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A modo de conclusión, el ingeniero analiza: “Lamentablemente, no existió en el Estado del reciente medio siglo, inclinaciones en esa dirección.

La creación de lo Autoridad Única del Agua surge como una necesidad imperiosa, no sólo para el tema de las inundaciones sino para todas las problemáticas del agua, como el agua potable y el saneamiento, el agua para regadío, para las industrias y para la preservación de la calidad de los recursos hídricos y el medio ambiente”.

Más temprano o más tarde, las consecuencias catastróficas para la zona que concentra al 70% de la población serán inevitables.