Los termos no oficiales representan un peligro latente para la integridad física, debido al uso de materiales prohibidos para el contacto con alimentos y bebidas durante su fabricación.
En Argentina se comercializan aproximadamente 4 millones de termos anualmente, un volumen de mercado que favorece la circulación de productos falsificados. Los termos no oficiales representan un peligro latente para la integridad física, debido al uso de materiales prohibidos para el contacto con alimentos y bebidas durante su fabricación.
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La utilización de estos recipientes apócrifos conlleva riesgos que abarcan desde náuseas y dolores abdominales hasta malestares estomacales severos. Incluso existe la posibilidad de sufrir cuadros de intoxicación graves por la exposición directa a metales pesados como el plomo, presentes habitualmente en las soldaduras de estos productos no autorizados.
Seis claves para tener en cuenta al comprar un termo según Anmat
Materiales de fabricación: El artículo debe contar con componentes aptos para el contacto con sustancias alimenticias, priorizando siempre el acero inoxidable de la serie 300.
Marco regulatorio: Resulta indispensable la adecuación a las normas del Código Alimentario Argentino, específicamente en lo referido a recipientes y utensilios de uso humano.
Trazabilidad del producto: Tanto el envase como el objeto requieren datos precisos sobre el fabricante o la empresa importadora para garantizar el conocimiento de su procedencia.
Etiquetado oficial: La información técnica y las precauciones de uso requieren legibilidad total y deben figurar obligatoriamente en idioma español.
Evaluación de costos: Un precio excesivamente bajo en comparación con la media del sector constituye un motivo de sospecha respecto a la legitimidad del termo.
Inspección visual y sensorial: La detección de aromas inusuales, acabados deficientes, piezas deformadas o texturas dudosas representan señales claras para desistir de la adquisición.