"Por suerte los productores tomaron conciencia del problema y de sus consecuencias si apareciera la enfermedad en la región, por lo que por el momento los monitoreos se realizan en forma permanente y con relativa tranquilidad", señaló a LA GACETA Rural José Luque, supervisor de monitoreo de Diaphorina citri, del Senasa.
Según detalló, el sistema de monitoreo consta de 252 cuadrículas distribuidas en toda la provincia, después de haber descartado las que no poseen fincas cítricas.
Las cuadrículas son de 1.000 hectáreas cada una y se monitorea dentro de esa zona fincas de superficies igual o mayor a las 50 hectáreas.
Entre ellas están los campos inscriptos o no dentro del programa de certificación para exportación, que son chequeados en todo su perímetro, planta de por medio, observando tres brotes nuevos de cada lado de la planta.
"Los monitoreadores salen de a dos equipados con todos los elementos de trabajo, como los GPS, aspiradores de insectos o tubos succionadores, planillas y trampas", explicó Luque.
Los aspiradores sirven para capturar a la Diaphorina en caso de que se detecte la presencia visual en la inspección realizada por el técnico monitoreador al observar los brotes nuevos de la planta citrícola. "Por suerte, hasta el momento no se detectó nada en la provincia", acotó el técnico. "Ya se monitorearon 155 cuadrículas, es decir un 55% del total, que se traducen en 9.700 hectáreas sin detectar al insecto vector", subrayó.
Además del monitoreo se realiza un sistema de captura de los vectores con trampas pegamentosas distribuidas en las rutas de acceso RN 9, RP 305, RP 304 y a lo largo de la RN 38, columna vertebral de la zona citrícola tucumana, con más de 50 puntos de muestreos.
"Estas muestras son enviadas a la Eeaoc para los chequeos. Igual trámite se aplica para las capturas en las provincias del Norte, pero utilizando cadena de frío para que lleguen en buenas condiciones", concluyó Luque.
Según detalló, el sistema de monitoreo consta de 252 cuadrículas distribuidas en toda la provincia, después de haber descartado las que no poseen fincas cítricas.
Las cuadrículas son de 1.000 hectáreas cada una y se monitorea dentro de esa zona fincas de superficies igual o mayor a las 50 hectáreas.
Entre ellas están los campos inscriptos o no dentro del programa de certificación para exportación, que son chequeados en todo su perímetro, planta de por medio, observando tres brotes nuevos de cada lado de la planta.
"Los monitoreadores salen de a dos equipados con todos los elementos de trabajo, como los GPS, aspiradores de insectos o tubos succionadores, planillas y trampas", explicó Luque.
Los aspiradores sirven para capturar a la Diaphorina en caso de que se detecte la presencia visual en la inspección realizada por el técnico monitoreador al observar los brotes nuevos de la planta citrícola. "Por suerte, hasta el momento no se detectó nada en la provincia", acotó el técnico. "Ya se monitorearon 155 cuadrículas, es decir un 55% del total, que se traducen en 9.700 hectáreas sin detectar al insecto vector", subrayó.
Además del monitoreo se realiza un sistema de captura de los vectores con trampas pegamentosas distribuidas en las rutas de acceso RN 9, RP 305, RP 304 y a lo largo de la RN 38, columna vertebral de la zona citrícola tucumana, con más de 50 puntos de muestreos.
"Estas muestras son enviadas a la Eeaoc para los chequeos. Igual trámite se aplica para las capturas en las provincias del Norte, pero utilizando cadena de frío para que lleguen en buenas condiciones", concluyó Luque.