En Tucumán, como en diferentes regiones del mundo productoras de caña de azúcar, el uso del fuego en la cosecha del cultivo es una práctica arraigada desde hace muchos años, pero cuando es usada en forma defectuosa los efectos sobre la población, sin distinción de clases, son perjudiciales.

En la provincia este año la zafra esta casi terminada: quedan solamente tres ingenios en actividad. Respecto de la quema, puede decirse que durante 2010 la incidencia del fuego fue menor a la campaña anterior, cuando el fuego fue una práctica usada racional e irracionalmente, ayudada por los efectos de las condiciones climáticas que ayudaron a que los fuegos se propaguen y no puedan ser controlados.

Durante 2010 indudablemente la zafra se manejó adecuadamente y la incidencia del fuego fue menor, porque el productor y el habitante común que viven cerca de las plantaciones van entendiendo que el fuego es malo para todos.

Igualmente debe destacarse que las condiciones climáticas de este año distan mucho de las sucedidas en 2009.

Así lo revelan los estudios que viene realizando (desde 2004) el Laboratorio de SIT del INTA Famaillá con un Seguimiento y Monitoreo de Fuegos diario en Tucumán, principalmente enfocado a quemas detectadas sobre áreas de cultivos. A través de este seguimiento se detectaron nueve "áreas calientes" (con una superficie de 10.000 hectáreas cada una), donde se llegaron a registrar hasta 52 focos de calor durante el año por cada una.

Fuegos detectados
Esas "áreas calientes" están ubicadas en los departamentos Cruz Alta, Leales, Famaillá, Monteros y Simoca. El total de la superficie que se quemó en 2009 en esas zonas fue de 26.453 ha, de las cuales el 92% correspondió a superficie ocupada con caña de azúcar. Tres de estas áreas calientes se ubican en Cruz Alta, un sector cercana a importantes poblaciones urbanas y, por lo tanto, potencialmente conflictiva.

El total de fuegos detectados en 2009 fue de 1.801 (lo que representó un incremento del 95% respecto del promedio anual 2004-2008), de los cuales sólo el 45% se registraron sobre caña de azúcar.

La práctica de la quema como método auxiliar de la cosecha de caña de azúcar y de renovación de cultivos se encuentra en un proceso de disminución, aunque todavía se utiliza en la Argentina y en otros países productores.

La combustión del material vegetal contamina la atmósfera; favorece las pérdidas de carbono y nitrógeno del suelo; causa problemas en la salud de la población y provoca importantes daños en la infraestructura rural y eléctrica, entre otros.

Esta problemática tiene varios orígenes. La quema de residuos está generalizada en la sociedad tucumana ("limpieza" de banquinas, quema de residuos domiciliarios, para apertura de montes, etc.). Otras veces es por descuido (por colillas de cigarrillos, fuegos mal apagados, etc.), o es un método de daño intencional a las propiedades (personas ajenas a las explotaciones cañeras). A ello se suman las quemas de caña en pié o residuos de cosecha, como práctica de producción por parte de algunos productores.

Si bien existe conciencia en la población urbana y rural sobre las consecuencias de la contaminación ambiental, creció la presión social sobre el sector y las autoridades gubernamentales en pos de las soluciones. Una profusa legislación y reglamentación provincial y nacional hace frente a esta situación, pero la realidad indica que los objetivos de estas normas aún están lejos de cumplirse.

Erradicación
Cabe destacar el programa de erradicación progresiva de la quema de caña por departamento que comenzó con Cruz Alta, que viene desarrollando el INTA y el plan de difusión implementado junto con actividades educativas que fueron mencionadas la edición de la semana pasada.

En Cruz Alta se quiere eliminar el 100% de la quema antes de 2024 en el territorio departamental, contemplando un régimen para los productores minifundistas menores de 50 ha que preserve la sustentabilidad socioeconómica de su actividad.

El objetivo primero es avanzar hacia un ordenamiento; a una reducción en el uso y aplicación del fuego en los cultivos de caña de azúcar, después, y finalmente cumplir con la erradicación. Por ello, el plan define "Directrices generales para realizar una quema controlada de cañaverales provenientes de cosecha manual y/o semi mecanizada" tendientes a organizar, definir y pautar acciones según se trate de incendios o aplicación de fuego controlado, dentro de un programa de reducción y de las excepciones que marca la ley.

Indudablemente que con estas acciones se están dando los pasos hacia la cosecha "en verde", con la intención de que la quema de la caña de azúcar desaparezca y se instale el uso racional del rastrojo como fuente de energía.