Hacia fines de junio pasado, la zafra azucarera tenía un ritmo interesante de molienda con buenos valores de calidad fabril. Entre el 2 y 3 de julio se registraron heladas de fuerte intensidad, que afectaron casi toda área cultivada con caña en Tucumán. Esta contingencia tiene una consecuencia directa sobre la calidad de la materia prima y la disponibilidad de caña semilla.

Entre el 13 y 15 de julio, el Grupo Caña de Azúcar del INTA EEA Famaillá, integrado por Roberto Sopena, Juan Vallejo y Arturo Felipe, con la colaboración del Grupo de Sistemas de Información Territorial, a cargo de Pablo Benedetti, realizaron un recorrido por toda la zona cañera para registrar y caracterizar el nivel de daño producido por las bajas temperaturas. El estudio cubrió el 90% de las 245.000 ha con caña que tiene Tucumán, incluyendo a las tres principales variedades cultivadas en la provincia: LCP 85-384, Tuc 77-42 y RA 87-3. Se analizó la intensidad de daños en el follaje. En el brote guía se determino visualmente si se produjo daño y muerte de tejidos y se evalúo la incidencia del frío en el número de entrenudos que afectó el fenómeno. También se verificó el estado de las yemas laterales para comprobar la aptitud de los lotes como caña semilla.

De esta manera, se determinaron los efectos o daños sobre follaje y la materia prima para fábrica (cuadro 1); en tanto, la aptitud y disponibilidad de caña semilla se agrupo en 3 clases (cuadro 2).

En estas heladas se observa una mayor severidad de daños a los causados por el mismo fenómeno en 2010. El 80% del área relevada tiene daños moderados a severos, que afectarían la calidad de la materia prima; mientras, en el 70% del área recorrida la aptitud de la caña semilla es mala. Al igual que el año anterior, se pudieron discriminar zonas o áreas que representan niveles de daños para molienda bien diferenciados, que permiten establecer distintas prioridades de cosecha y plantear una estrategia de manejo diferencial.

Ante esta situación, se recomendó: a) Intensificar las operaciones de cosecha, especialmente en los sectores con los daños de nivel 4, procurando terminar la zafra hacia fines de agosto. Verificar el despuntado, debiendo eliminar entre 3 y 4 entrenudos desarrollados en la mayoría de los casos (en variedades como TucCP 77-42 deben eliminarse hasta 6 entrenudos).

b) El área afectada a nivel 3 presenta un deterioro importante y se aconseja un despuntado que elimine 1 o 2 entrenudos molibles según verificación previa, con una cosecha hasta el 15 de septiembre.

c) En las localidades incluidas en el nivel 2 se debería cosechar hasta el 30 de septiembre como máximo. Aquí también se deben agregar sectores que, si bien no presentan daños severos, ocupan parte del pedemonte o zonas con problemas de anegamiento si ocurren lluvias en octubre, lo que complicaría el cierre de zafra.

d) El sector que comprende a las localidades del nivel 1 de daños podría dejarse como resguardo para la ultima fase de cosecha y cosecharse a partir de la segunda quincena de septiembre, ya que en muchos casos se corresponde con suelos firmes, de buen drenaje, que pueden ser manejados sin inconvenientes hacia fines de octubre y primera quincena de noviembre. Deben priorizar sectores que potencialmente registren lluvias al principio del nuevo ciclo hidrológico y que, por sus condiciones de suelo, dificulten la recolección de la caña y demoren el inicio del cultivo posterior. La cosecha no debe superar el 15 de octubre.

e) Examinar con detalle la calidad de la semilla para la plantación, observando el nivel de turgencia y la ausencia de daños evidentes en las yemas. En caso de disponer de semilla con yemas viables de entre un 60-70%, se recomienda aumentar la densidad de plantación y realizar un cruce más cuidadoso en el fondo del surco.

f) La priorización de cosecha no siempre se refleja en la realidad, ya que una vez producida la helada no se puede atender a los sectores más afectados en su totalidad y en el orden de prioridad que se citó. A ello hay que agregar el riesgo de quema accidental del cañaveral, lo que complica la coordinación y obliga a un reordenamiento de la ruta de cosecha.