En política económica muchas veces no se elige entre lo bueno y lo mano sino entre lo malo y lo menos malo. Algo de eso tienen algunas decisiones del Banco Central que influyen en los precios y la actividad económica. Para verlo hay que repetir algún concepto sobre la inflación y explicar los límites para la tasa de interés por los préstamos.
En cuanto a la inflación, todo país que aceptó que es un fenómeno monetario la redujo considerablemente. En Argentina los intentos para eliminarla son débiles porque todavía hay muchas personas, sobre todo dirigentes, atadas al mito estructuralista o que rechazan sostener cuentas públicas ordenadas. Para exponer un error típico, se culpa a la concentración de mercado; pero ella no causa inflación sino precios mayores que en competencia, concepto diferente que precios crecientes. Bien puede haber estabilidad de precios con monopolios si no hay emisión espuria de moneda. Además, las empresas no son el enemigo, como aduce el populismo. En casi todos los países están las mismas firmas ¿y sólo en Argentina conspiran para el alza sostenida de precios?
Pero la necesaria disciplina monetaria puede complicar, cuando hay crisis, a la tasa de interés, que incide en el crédito y en los depósitos (que nutren los préstamos) en sentidos inversos.
Al respecto, una de las herramientas del BRCA es el encaje bancario, el porcentaje de los depósitos que los bancos deben guardar como reservas obligatorias, cuyo valor influye en la capacidad prestable. El Central lo utiliza para controlar la cantidad de dinero pues si sube los bancos prestan menos y la cantidad de dinero decrece y si baja los bancos prestan más y esa cantidad aumenta. Y a mayor oferta de dinero menor tasa de interés, lo que ayudaría a tomar préstamos, pero no es tan fácil porque hay un piso para tal tasa dado por los intereses que deben pagarse a los ahorristas.
Supóngase que un banco quiere pagar a sus clientes una tasa anual como la de inflación, un 30 por ciento. Si el BCRA establece un encaje de 50 por ciento el banco sólo puede prestar la mitad de lo depositado. Por lo tanto, si alguien coloca cien pesos y tras un año debe cobrar 130, a los 30 pesos adicionales el banco debe conseguirlos de prestar los 50 autorizados. ¿Cómo? Aplicando al crédito una tasa de 60 por ciento anual. Pero si el Central sube el encaje a 75 por ciento sólo se pueden prestar 25 pesos. O sea, la tasa piso será de 120 por ciento para poder remunerar los depósitos. Piso porque de las cuotas también se obtiene lo necesario para otros costos de la empresa como sueldos, servicios, alquileres e impuestos, más la ganancia. En Argentina, con cifras similares, no todas las tasas son semejantes porque los bancos suman otras fuentes de ingresos y muchas colocaciones no cubren la inflación, pero la relación es esa.
Movimientos parecidos ocurrieron el año pasado. Durante el proceso electoral aumentó la desconfianza sobre la continuidad del esquema económico y una de sus expresiones fue la demanda por dólares. Entonces el BCRA subió los encajes al 95 por ciento para “secar” el mercado monetario y con ello el cambiario. No se buscó frenar la emisión secundaria de dinero para combatir la inflación sino detener la compra de dólares, cuya cotización no es causa de inflación (aunque en el corto plazo influye en algunos precios) pero tiene efectos más allá de su influencia directa, como la retroalimentación de la desconfianza y la lógica parada de inversiones o contrataciones. Pero la mayor tasa de interés consecuente complicó la toma de crédito y los pagos de deuda. Por algo los préstamos totales al sector privado caen en valores reales desde junio de 2025, según surge de datos del BCRA.
Cabe señalar que en octubre de 2024 las tasas de interés por préstamos a Pymes comenzaron a superar la de inflación, más por baja de ésta que por suba de aquellas, con un tramo de cierta igualdad hasta mayo de 2025, aunque desde julio a octubre de ese año, coincidiendo con la suba de encajes, sí hubo alza nominal. A su vez, para préstamos a personas físicas desde abril de 2024 algunas tasas de interés comenzaron a superar la de inflación y todas desde noviembre de 2024, con “alza electoral” en 2025, aunque las de créditos hipotecarios y descuento de documentos aparecen desde febrero último por debajo, más por suba del IPC que por baja nominal.
Ahora bien, el Central revirtió aquella política en noviembre de 2025 al fijar encajes en 75 por ciento y los bajó este mes a 65. Suena positivo para facilitar el crédito y aliviar deudores, aunque hay sombras.
El crédito se abastece de depósitos pero no está clara la tendencia de las tasas reales de interés a pagar a los ahorristas. Fueron negativas mucho tiempo, hacia septiembre de 2024 le empataron a la inflación y pasaron a claramente positivas entre abril y noviembre de 2025. Actualmente son negativas. Otra duda son los efectos generales sobre la economía. Aun cuando el crédito creciera y terminara en mayor producción porque fuera directamente a las Pymes o por recomposición de ingresos para algunos sectores, probablemente la nueva emisión llegue primero a los precios. La inversión nunca rinde instantáneamente y el nuevo dinero se estará gastando antes de que haya mayor producción de bienes, aunque las importaciones brindarán una vía de escape. No significa, viejo error ochentista, que “un poco de inflación no viene mal”, concepto errado sobre cómo se produce y funciona. Sí que ante una reestructuración del orden económico hay efectos no deseados a los que arriesgarse.
Al menos puede esperarse que en esta mitad del año el dólar esté tranquilo y no complique los ajustes necesarios. Parece un buen marco para bajar encajes y procurar tasas bancarias más amigables con la actividad económica.






















