Columna previsional: calcular la jubilación y controlar la liquidación

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Una de las mayores inquietudes de quienes están próximos a jubilarse es cómo se calcula el haber previsional y qué variables influyen en el monto que se percibirá. Es sabido que el sistema previsional no devuelve un ingreso idéntico al que se tenía en actividad; el desafío profesional consiste en evitar un impacto económico negativo excesivo y lograr el mejor haber posible.

Cuando un trabajador accede a la jubilación, el haber inicial no surge de manera automática ni arbitraria. Se trata del resultado de una liquidación previsional, que debe ser analizada, calculada y luego controlada. Por eso, quienes ejercemos el derecho previsional debemos practicar una liquidación previa antes de presentar el expediente. Ese cálculo nos permite estimar el haber jubilatorio probable, verificar si la liquidación que luego practica el organismo es correcta y detectar eventuales errores u omisiones que puedan perjudicar al beneficiario.

Para calcular correctamente una jubilación es indispensable reconstruir la historia laboral completa del trabajador. Esto implica analizar en detalle todos los años de aportes acreditados, los períodos trabajados en empresas inexistentes o cerradas, los aportes faltantes o mal registrados, los cambios de régimen (relación de dependencia, autónomos, monotributo) y la eventual aplicación de regímenes especiales. Cada año de aporte cuenta en la liquidación del beneficio del régimen general y, cuantos más años se acrediten, mayor será el haber jubilatorio final.

Un aspecto central del cálculo es la actualización de las últimas 120 remuneraciones brutas sujetas a aportes: son las que se utilizan para determinar la remuneración promedio del trabajador, base fundamental para la liquidación del haber. Si este punto no se trabaja de manera técnica y cuidadosa, el resultado puede ser un haber considerablemente menor al que corresponde.

Una vez otorgado el beneficio, el trabajo profesional no termina. Es imprescindible controlar la liquidación que efectivamente se paga, comparándola con la liquidación teórica previamente realizada. Solo de ese modo se puede asegurar que el trabajador perciba lo que legalmente le corresponde y, de no ser así, iniciar los reclamos pertinentes.

Cuando este análisis se realiza antes de llegar a la edad jubilatoria, las posibilidades de mejora son aún mayores. La anticipación permite regularizar aportes faltantes, corregir desvíos, optimizar la historia laboral y planificar un complemento por fuera del sistema, como un seguro o plan de retiro a mediano y largo plazo. De este modo, es posible aspirar a una etapa pasiva donde el ingreso jubilatorio se acerque, iguale o incluso supere el ingreso que se tenía en actividad.

La jubilación no se improvisa. Se calcula, planifica y controla. El mejor resultado no se logra cuando se presenta el expediente, sino antes, al decidir anticiparse y ordenar la vida laboral con una mirada previsional integral. Planificar hoy es proteger el futuro.

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