Recuerdos fotográficos: la macabra historia del "Gringo" de Ciudadela que robaba cadáveres para hacer jabones
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
La foto es de la antigua Casa de Jesús, ubicada en el solar que hoy ocupa la capilla del colegio de las Hermanas Esclavas (La Madrid al 1.100). Fue tomada años después de esta historia, que transcurrió durante 1853. Cuentan que detrás de la Casa de Jesús, en un terreno baldío que ningún alma se atrevía a cruzar -y mucho menos de noche- se estableció un italiano al que apodaban “El Gringo”.
No hablaba con nadie y nada se sabía del “Gringo”. Dormía de día y salía de su casa al atardecer. La cuestión es que un día se instaló el terror en el vecindario, provocado por el macabro chirrido de ruedas que desafiaban el pedregal de las calles. Quienes se animaban a espiar por las rendijas veían un encapuchado que empujaba una carretilla. Solía llevar un ataúd o un bulto tapado con paños negros. La escena se repetía a diario.
Hasta que un día la policía logró divisarlo en unos pajonales, sobre la actual calle San Lorenzo. Como el encapuchado no se detuvo a la voz de alto, fue sometido a garrotazos y al descubrirle la cabeza se encontraron con “El Gringo” de la Ciudadela.
No hablaba castellano, pero se dieron maña para interrogarlo y llegar a una conclusión atroz: “El Gringo” robaba muertos del cementerio (ubicado en la actual esquina de Mendoza y Salta) para extraerles la grasa y fabricar jabones. Lo hacía de manera rudimentaria, allí, detrás de la Casa de Jesús.


















